EE.UU.: los “mejores lugares para vivir” podrían no ser los mejores lugares para vivir

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Bloomberg Opinión — Los nuevos datos del censo de 2020 nos dan una mejor idea de dónde creen los estadounidenses que están los mejores lugares para vivir. Ciudades como Phoenix, Dallas, Houston y Las Vegas siguen siendo populares, manteniendo el fuerte crecimiento demográfico que las ha definido durante el último medio siglo. Otras, como Búfalo y Cincinnati, han invertido los descensos de población que han tenido lugar durante décadas, dando lugar a orgullosas afirmaciones de renacimiento urbano. Otras, como Detroit y San Luis, han seguido perdiendo población en los últimos 70 años.

Sin embargo, lo que también se puede ver en los datos es que el crecimiento de la población puede dejar de ser la mejor forma de medir la salud de las ciudades estadounidenses. Lo que parecen ser los “mejores lugares para vivir” pueden no ser, de hecho, los mejores lugares para vivir.

Históricamente, Estados Unidos ha tenido dos modelos distintos de crecimiento urbano. El primero, vigente desde hace un siglo o más, podría denominarse modelo de demanda. En este caso, una serie de factores, desde empleos hasta estilos de vida asequibles y climas agradables, atraen a la gente a nuevos lugares. Los principales ejemplos son las ciudades del Cinturón del Sol (una área en EE.UU. que recorre del oeste al este, en la parte inferior del país), que han crecido espectacularmente en las últimas décadas.

El segundo es el modelo de activos, que ha cobrado mayor importancia desde la década de 1980. En este caso, las ciudades más antiguas que ya han superado su fase inicial de desarrollo se han basado en sus activos empresariales, institucionales y de servicios para atraer a la gente. Han apostado por sectores económicos en los que ya eran especialmente fuertes, como la tecnología, las finanzas, las universidades y los centros médicos, frenando así su descenso de población.

Curiosamente, los nuevos datos del Censo parecen mostrar el desarrollo de una tercera categoría de ciudades: áreas metropolitanas que están en auge económico sin añadir nuevos residentes. He revisado los datos sobre el crecimiento de la población y del PIB per cápita de las 106 áreas metropolitanas que tenían más de 500.000 habitantes en 2010. En 2019, el crecimiento de la población de esas 106 áreas metropolitanas fue del 8,4% de media, mientras que el crecimiento del PIB per cápita fue del 32,3% de media.

Áreas metropolitanas como Nueva York, Los Ángeles, Chicago, San Francisco, San José, San Diego, Portland, Seattle, Salt Lake City, Miami, Minneapolis/St. Paul, Boston y Denver registraron una producción económica superior a la media. Algunas, como Seattle y Salt Lake City, también vieron crecer fuertemente su población. Nueva York, Los Ángeles y otras ciudades no registraron cambios drásticos en su población.

Lo más sorprendente es que un puñado de áreas del Cinturón del Óxido (Chicago, Detroit, Cleveland y Pittsburgh, entre otros) superaron el aumento medio del PIB per cápita, pero perdieron población.

¿Qué es lo que ocurre? Antes existía una relación bastante directa entre el crecimiento de la población y el crecimiento económico. Las economías en auge creaban más puestos de trabajo, lo que atraía a más personas. De hecho, cuando las ciudades del Cinturón del Óxido estaban en su momento más próspero y poderoso a mediados del siglo XX, dependían bastante de la mano de obra que acudía allí por los abundantes puestos de trabajo. La productividad se basaba en gran medida en el número de personas que podía aumentarla.

Ese vínculo se ha roto desde entonces. El meteórico ascenso de la tecnología en los últimos 50 años ha hecho posible la productividad económica sin un gran número de trabajadores.

En el caso de las ciudades del Cinturón del Óxido, el modelo de demanda, alimentado por la industria manufacturera, que funcionó durante gran parte del siglo XX se vino abajo. Aunque esto también es cierto en muchas otras ciudades, el colapso afectó especialmente a la sección media de EE.UU., donde más de un tercio de todos los puestos de trabajo pertenecían a un sector manufacturero que desapareció.

Durante años, mientras luchaban por salvar todos los puestos de trabajo de las fábricas que podían, estas ciudades solían pasar por alto sus otros activos. Sólo en las dos últimas décadas han emulado de forma efectiva a ciudades como Nueva York y Los Ángeles, invirtiendo en sectores del conocimiento como la tecnología, las finanzas y los “eds and meds” (Instituciones de formación superior “eds” y centros médicos “meds”) para adaptarse al panorama económico actual. Esto ha permitido aumentar la productividad sin necesidad de aumentar la población.

Por el contrario, muchas de las ciudades más populares del país parecen estar creciendo sin un aumento proporcional de la productividad económica. Varias estrellas del Cinturón del Sol (Orlando, Lakeland, Tampa/San Petersburgo, Deltona/Daytona Beach, Jacksonville, Cape Coral y North Port/Sarasota en Florida; Dallas y San Antonio en Texas; Las Vegas y Phoenix) experimentaron un aumento medio del PIB per cápita inferior a la media general de las 106 mayores metrópolis.

Los lugares que tradicionalmente hemos considerado “ganadores” (las grandes ciudades costeras y las metrópolis del Cinturón del Sol) podrían tener problemas pronto. Las primeras se están volviendo rápidamente inasequibles y están expulsando a las familias de clase media. Las segundas podrían sufrir un exceso de trabajadores poco cualificados en un entorno que exige cada vez más mano de obra altamente cualificada.

Sin embargo, varias ciudades del centro del país están empezando a generar verdaderas oportunidades económicas sin dejar de ser asequibles y habitables. Si aún no han empezado a atraer nuevos residentes, pronto lo harán.