Por qué la guerra con Taiwán sería una enorme apuesta para Xi de China

A muchos ciudadanos chinos les preocupa que un conflicto militar borre la prosperidad y provoque un aumento de la pobreza.

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Bloomberg — Por todo lo que se habla del deseo del presidente chino Xi Jinping de invadir Taiwán, a menudo se pasa por alto un contrapunto: Los riesgos internos que implica iniciar una guerra potencialmente devastadora.

China disfruta ahora de los beneficios de más de cuatro décadas de paz, que han hecho que la economía pase de ser un remanso agrícola a uno de los principales motores de crecimiento del mundo. A muchos ciudadanos, como Joanna, residente en Pekín, que pidió ser identificada por su nombre en inglés por temor a hablar de Taiwán, les preocupa que un conflicto militar borre esa prosperidad y provoque un aumento de la pobreza.

“Una guerra será sin duda un gran problema y Estados Unidos podría intervenir y las cosas podrían intensificarse”, dijo la mujer de 40 años, advirtiendo que “hundiría a la gente en la miseria y el sufrimiento”. “El nivel de incertidumbre es alto”, añadió.

Aunque China se ha vuelto más asertiva bajo el mandato de Xi, adoptando medidas drásticas para silenciar a los disidentes en lugares como Hong Kong y Xinjiang, esas acciones han servido principalmente para sofocar posibles desafíos al gobierno del Partido Comunista y reforzar la estabilidad que sus líderes ansían. Una invasión de Taiwán, aunque resulte atractiva para los nacionalistas chinos, que cada vez se hacen oír más, representa una apuesta mucho mayor.

Aunque la creciente ventaja militar de China aumenta las probabilidades de una rápida victoria, la alternativa es una guerra donde podrían morir decenas de miles de personas, que tumbe la economía mundial y que pueda abrir el territorio continental a un ataque de Estados Unidos y sus aliados.

Todo esto podría suponer una sacudida desestabilizadora para el Partido Comunista en el poder, justo cuando Xi se prepara para asegurarse un tercer mandato que no tiene precedentes el año que viene. Su reciente impulso para minimizar la desigualdad de la riqueza, frenar el poder de las grandes empresas tecnológicas y calmar las tensiones entre Estados Unidos y China apuntan a un deseo de eliminar riesgos, no de asumirlos. Además, su rígida política de tolerar cero muertes por Covid-19 plantea la cuestión de si la opinión pública está preparada para sufrir bajas masivas en una guerra.

“La probabilidad de un conflicto militar inminente en el Estrecho de Taiwán sigue siendo baja”, dijo Wen-Ti Sung, profesor del programa de estudios sobre Taiwán de la Universidad Nacional de Australia. “La primacía de la estabilidad interna triunfará”.

Aunque una guerra no beneficia a nadie, todas las partes tienen un incentivo para exagerar la amenaza. Aviones de combate del Ejército Popular de Liberación sobrevuelan casi a diario la isla-democracia, y el ejército chino realizó el mes pasado ejercicios en el Estrecho de Taiwán en respuesta a “las palabras y hechos erróneos de los países relevantes”. El gobierno de Taiwán advierte regularmente de las agresiones de China, lo que contribuye a aumentar el apoyo internacional y el respaldo a la presidenta Tsai Ing-wen, que ha adoptado una línea dura con Pekín.

Estados Unidos y sus aliados, por su parte, han restado importancia a la posibilidad de una guerra catastrófica en su afán por disuadir cualquier agresión y por reforzar las defensas en la región del Indo-Pacífico. La semana pasada, el secretario de Estado Antony Blinken dijo que una invasión sería una “decisión potencialmente desastrosa”, mientras que el exprimer ministro japonés Shinzo Abe advirtió por separado que sería un “suicidio económico”.

Incluso el CEO de JPMorgan Chase & Co., Jamie Dimon, destacó la reacción interna a la que podría enfrentarse Xi con una invasión, diciendo durante un panel de discusión el mes pasado que una intervención china en Taiwán “podría ser su Vietnam.”

“Las bolsas de cadáveres en cualquier país tienen un efecto adverso en un momento dado, especialmente cuando el objetivo puede ser irrelevante”, dijo Dimon. “Y por eso creo que la gente tendrá mucho cuidado con lo que va a hacer, y creo que sería muy doloroso para los chinos hacerlo”.

Dentro de China, los medios de comunicación estatales y los funcionarios del partido suelen insistir en la idea de que Taiwán se rendirá rápidamente y evitan cualquier debate sobre el posible impacto en el continente. A finales de octubre, un subdirector de la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado dijo en un foro que los ingresos fiscales de Taiwán se utilizarían para mejorar el bienestar de la población tras la unificación. Un día después, un informe que decía que los residentes de Taiwán estaban acaparando kits de supervivencia se hizo viral en las redes sociales.

Sin embargo, el mes pasado Pekín se apresuró a reducir las especulaciones sobre la inminencia de una guerra en el interior de China, mostrando el delicado equilibrio al que se enfrentan los líderes para intimidar a Taiwán y evitar el pánico en el continente. A principios de noviembre, una cuenta en las redes sociales afiliada al periódico oficial People’s Liberation Army Daily (Diario del Ejército de Liberación Popular en español) denunció los rumores de movilización de tropas como una “fabricación maliciosa”.

“No sólo causará un impacto negativo en el Estado, el ejército y la sociedad, sino que podría acarrear graves consecuencias”, dijo la cuenta, Junzhengping.

Los observadores occidentales no se ponen de acuerdo sobre la urgencia de la amenaza de Taiwán. Algunos ven un conflicto en los próximos años, especialmente a medida que China refuerza sus capacidades militares. El arsenal de misiles de largo alcance de China, incluyendo el “asesino de portaaviones” DF-21D y las presuntas armas hipersónicas, podría derribar la mayoría de las bases, pistas de aterrizaje e instalaciones militares de Estados Unidos y sus aliados en las “primeras horas” de cualquier conflicto, según un grupo de investigación australiano.

“La mayoría de los analistas que conozco creen que Taiwán podría ser invadido el próximo año, aunque con un gran costo para China y con el riesgo real de una prolongada guerra de grandes potencias que podría escalar hasta el nivel nuclear”, dijo Ian Easton, un director senior del Project 2049 Institute y autor de The Chinese Invasion Threat: Taiwan’s Defense and American Strategy in Asia (La Amenaza de Una Invasión China: La defensa de Taiwán y la estrategia estadounidense en Asia en español). Añadió que los gobiernos de Estados Unidos y Taiwán “siguen siendo demasiado complacientes y parecen no estar dispuestos a afrontar el problema en toda su complejidad”.

Otros, como Shelley Rigger, profesora de ciencias políticas del Davidson College que ha escrito varios libros sobre Taiwán, no veían un conflicto inminente porque los peligros para todos eran “extremadamente altos”. Un conflicto en Taiwán, dijo, sería “mucho más complicado” que si China ejerciera un mayor control sobre Hong Kong o incluso la anexión de Crimea de Rusia.

Es crucial que Estados Unidos y Taiwán sean firmes y predecibles en el trato con Pekín, según Ryan Hass, que formó parte del Consejo de Seguridad Nacional en la administración Obama. Biden, que se ha expresado mal sobre la posición de Washington respecto a Taiwán al menos cuatro veces recientemente, debería registrar las preocupaciones en privado y aclarar su mensaje sobre los nuevos acontecimientos, dijo Hass.

“El riesgo a corto plazo es probablemente mucho menor de lo que sugiere una lectura casual de los comentarios estadounidenses sobre el tema”, añadió.

En China, esa opinión prevalece incluso entre los ciudadanos que creen que la China continental podría ganar fácilmente una guerra. Hu Xijin, editor jefe del periódico del Partido Comunista, Global Times, afirmó el mes pasado que la “reunificación pacífica” sería probablemente el resultado de aplicar la suficiente presión para hacer creer al partido de Tsai que no tiene otra opción que rendirse.

Cai, una ciudadana de Shanghái en sus treintas que pidió ser identificada sólo por su apellido, comparte esa opinión. Dice que China seguirá presionando la economía de Taiwán, y que los líderes de la isla acabarán por darse cuenta de que no pueden depender de Estados Unidos.

“No me preocupan las relaciones entre China y Taiwán”, dijo Cai. “¿Y por el conflicto real? No creo que pueda llegar a ese punto”.

Con la asistencia de Jing Li, Charlie Zhu, Allen K Wan, y Adrian Leung

Este artículo fue traducido por Andrea González

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