¿América Latina terminará en 2022 con el cierre de escuelas más largo del mundo?

Cuáles son los efectos y consecuencias a corto, mediano y largo plazo del “cierre de escuelas por Covid-19 más prolongado, generalizado e ininterrumpido” a nivel global

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Bloomberg Línea — Los países de América Latina están entre los que más semanas han cerrado sus escuelas, ya sea parcial o totalmente, debido al Covid-19 según las estadísticas que recopila la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Si se analiza hasta el 15 de noviembre de 2021, antes de que comenzaran las vacaciones de fin de año para los niños en algunas de las naciones de la región, se pueden contabilizar millones de afectados por la decisión de mantener cerradas las aulas de clases para controlar la propagación del virus.

La expectativa para 2022 es que vuelvan presencialmente a las escuelas. El año pasado se calculó que el costo de la educación a distancia es tal que, según un estudio de la alianza entre la Unesco, el Banco Mundial y Unicef, esta generación de estudiantes a nivel global corre el riesgo de perder cerca de US$17 billones del total de los ingresos que percibirán durante toda su vida, lo que equivale a 14% del PIB mundial. La situación es aún más grave que la que se calculaba en 2020, cuando las cuarentenas pasaron a ser parte del día a día y se midió que el costo llegaría a US$10 billones. Un estudiante medio perdería US$25.000 en ingresos a lo largo de su vida.

Sin embargo, la gravedad de mantener los cierres también se ve en la enseñanza de los niños, según el informe de las tres organizaciones multilaterales. Países como Brasil, Pakistán, India, Sudáfrica y México muestran pérdidas sustanciales en matemáticas y lectura, que pueden variar según el nivel socioeconómico, el género y el grado. No obstante, en promedio, las pérdidas de aprendizaje son aproximadamente proporcionales a la duración del cierre, dijo el estudio.

Y acá es donde América Latina tampoco pasa la prueba. Según las estadísticas de la Unesco, prácticamente todos los países de la región sobrepasan el promedio mundial en cuanto al tiempo que han mantenido las aulas cerradas. Bolivia, Honduras, Panamá y El Salvador están al tope de la lista de cierres, ya sean totales o parciales, con más de 80 semanas en las que los niños tuvieron que estudiar desde casa desde el comienzo de la pandemia.

“En muchas partes del mundo, las escuelas cerraron y volvieron a abrir varias veces en el transcurso de la pandemia. Pero en América Latina y el Caribe, hoy hay escuelas que llevan cerradas desde marzo de 2020. Los niños de la región experimentaron el cierre más largo del mundo por el Covid-19, el más prolongado, generalizado e ininterrumpido que en cualquier otro lugar”, dice Laurent Duvillier, jefe de comunicaciones para América Latina y el Caribe de Unicef, a través de un correo electrónico.

Según las cuentas de esta organización, en el primer año de la pandemia, entre marzo de 2020 y marzo de 2021, el 79% del tiempo de instrucción en la región se interrumpió debido al cierre total de las escuelas. El porcentaje es incluso más elevado que los que se registraron en el sur de Asia (57%) y en Oriente Medio y África del Norte (51%).

Por ello, Duvillier asegura que la pandemia ha provocado la “peor crisis de aprendizaje de la historia” de la región, con el agravante de que la situación no ha terminado. Agrega que, según los estimados de Unicef, menos de 1 de cada 3 países de América Latina ha reabierto por completo sus escuelas y más de 40% de los estudiantes, es decir 60 millones, una población superior a la de países como Colombia, siguen fuera de las aulas.

“Es un desastre para ellos, para sus familias y para sus países. Nunca antes en América Latina y el Caribe se había privado a tantos niños de la educación al mismo tiempo y durante un periodo largo. La pandemia nos ha demostrado que la enseñanza a distancia debe ampliarse, pero no puede sustituir a la enseñanza presencial, especialmente para los niños más vulnerables”, asegura.

Esto se da en un panorama en el que los conciertos, los partidos de fútbol o los restaurantes ya pueden reabrir en su totalidad, a pesar de que la aparición de nuevas variantes de Covid-19 ha vuelto a poner sobre la mesa la posibilidad de implantar restricciones a la movilidad. “Mantener las escuelas cerradas mientras los centros comerciales, los cines y los casinos siguen abiertos es inaceptable e irresponsable. Unicef insta a todos los gobiernos de la región a acelerar ahora el retorno al aprendizaje presencial para todos los niños y niñas”, dice Duvillier.

Pobreza de aprendizaje

En todo el mundo, desde finales de febrero de 2020 y hasta principios de agosto de 2021, los sistemas educativos estuvieron cerrados por completo durante 121 días lectivos y parcialmente durante 103 días, según el estudio. El informe resalta casos como el de Sao Paulo, donde los alumnos aprendieron solo el 28% de lo que hubieran aprendido en clases presenciales y el riesgo de que abandonaran la educación aumentó más del triple. Además, calcula que en los países de ingresos bajos y medios, la pobreza de aprendizajes se elevaría hasta 70%, desde el 50% antes de la pandemia, por culpa de los cierres prolongados.

La pobreza de aprendizajes es un índice multidimensional que se basa en la idea de que todos los niños deberían estar escolarizados y ser capaces de leer un texto apropiado para su edad a los 10 años, según explica la Unesco.

“Hoy en día, más de 21 meses después, las escuelas permanecen cerradas para millones de niños y es posible que muchos no regresen nunca a los centros educativos. La pérdida de aprendizaje de la que son víctimas muchos niños es moralmente inaceptable”, dijo Jaime Saavedra, director de Educación del Banco Mundial, cuando se lanzó el informe a principios de diciembre del año pasado.

La evidencia local de Sao Paulo también muestra que en la cohorte de 2021 se obtuvo una puntuación más baja que en la cohorte de 2019 en cada grado, con mayores pérdidas en los estudiantes más jóvenes.

En ese país, además, las Secretarías de Educación de diez estados participaron en una evaluación a los alumnos de segundo grado en habilidades básicas y el resultado mostró que 74% de los alumnos de segundo grado son prelectores, es decir que solo pueden leer un máximo de nueve palabras por minuto. La proporción es mayor que en 2019, cuando se encontraba en 52%, dice Unicef.

De acuerdo al Banco Mundial, América Latina y el Caribe podría ser la región con el segundo mayor aumento de pobreza de aprendizaje, lo que equivale a que la proporción de niños que no son capaces de leer de forma competente al finalizar la educación primaria podría aumentar de 51% a 62,5%. Esto es lo mismo a que haya 7,6 millones adicionales de pobres de aprendizaje.

Y las estadísticas negativas no terminan aquí. Según el organismo con sede en Washington, si se supone una duración del cierre de las escuelas de 10 meses y que luego se apliquen medidas de mitigación, la proporción de estudiantes por debajo del nivel mínimo de competencia podría aumentar de 55% a 71%. “Además, se estima que las pérdidas de aprendizaje en la región, también medidas por las puntuaciones medias de PISA, serán sustancialmente mayores para los estudiantes más pobres que para los más ricos. Este impacto ampliaría la ya elevada brecha de rendimiento socioeconómico en un 12%”, dice un análisis del Banco Mundial.

Por ello, el golpe en los estudiantes ha sido tan profundo que no basta con reabrir las aulas, dice Robert Jenkins, jefe mundial de educación de Unicef, a Bloomberg Línea. Según él, habrá que supervisar y abordar las disparidades en el aprendizaje y tendrá que darse un apoyo “adaptado y sostenido” para ayudarles a recuperar lo perdido. Incluso, dice que las escuelas deben ir más allá de los lugares de aprendizaje y proporcionar a los niños los servicios necesarios para prosperar, como la atención sanitaria, el apoyo psicosocial, la nutrición, el agua y el saneamiento, y la protección.

Según los hallazgos de las entidades multilaterales, el acceso a la tecnología, e incluso a la electricidad, fue desigual en los niños de hogares con bajos ingresos, con discapacidades y en las niñas que tuvieron menos oportunidades para acceder al aprendizaje a distancia. En este último aspecto, los más afectados fueron los niños en edad preescolar, que están en etapas fundamentales de aprendizaje y desarrollo.

Las pérdidas fueron mayores para los estudiantes de un nivel socioeconómico inferior en países como Ghana, México y Pakistán, agrega el documento. “La experiencia hasta la fecha ha demostrado que las medidas de mitigación funcionan y que es posible mantener las escuelas abiertas para el aprendizaje presencial. Los riesgos para los niños de estar fuera de la escuela siguen siendo mayores que los riesgos de estar en la escuela”, asegura Jenkins.

Entre las medidas que recomiendan Unicef, el Banco Mundial y la Unesco, además de la reapertura urgente de las escuelas, está implementar en 2022 programas de recuperación con planes de acción que vayan dirigidos a consolidar los planes de estudio, ampliar el tiempo de instrucción y mejorar la eficiencia de aprendizaje.

“A medida que la variante ómicron se afianza, sabemos que los gobiernos están sopesando el cierre de escuelas. Aunque todavía no sabemos el impacto que tendrán las escuelas en la transmisión de las nuevas variantes, sí sabemos que hasta ahora no han sido las principales impulsoras de la transmisión en la comunidad. La experiencia también nos muestra que las medidas de mitigación han funcionado. Instamos a las escuelas a ser los últimos lugares en cerrar y los primeros en abrir en los casos en que se considere necesario cerrar las aulas”, dice Jenkins.

Adicionalmente, los organismos multilaterales sugieren que se refuerce el papel de los padres y las familias en las etapas de aprendizaje, aumentar la proporción de la educación en la asignación de presupuestos gubernamentales y priorizar a los docentes en las campañas de vacunación, además de garantizarles que reciban apoyo y acceso a oportunidades de desarrollo, para evitar, como dice Unicef, una tragedia educativa como ninguna otra, de la que la región tardará años en recuperarse.

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