Los revendedores de entradas en Venezuela, una mafia que volvió a dispararse con la recuperación

La liga de béisbol profesional en el país logró recuperar a su fanaticada en los estadios principales, agotando los accesos y dando paso a la especulación ilegal

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Caracas — El equipo de béisbol profesional de la capital venezolana, Leones del Caracas, se consagró campeón en una final de seis juegos, con el Estadio Universitario repleto en cada encuentro y revendedores de entradas a sus anchas, que triplicaban los precios en un recorrido cubierto de funcionarios policiales.

La Liga Venezolana de Béisbol Profesional (Lvbp) había vivido tiempos oscuros desde antes de la pandemia. La fanaticada había mostrado poca simpatía por acudir a los parques, en medio de campeonatos con jugadores de menor nivel, equipos sancionados y la caída de patrocinantes.

“Logramos superar todo eso. Sanciones, licencia OFAC. Volvieron los fanáticos y eso da mayor valor a la temporada”, dijo Giussepe Palmisano, presidente de la Lvbp al ser entrevistado en radio tras la victoria del equipo caraquista el lunes en la noche.

Los esfuerzos de la liga venezolana en la búsqueda de nuevo patrocinio, así como el regreso de peloteros estrellas, que hacen vida en las Grandes Ligas (MLB, por sus siglas en inglés), además del levantamiento de las sanciones para los últimos dos equipos que contaban con restricciones por su vinculación con instituciones gubernamentales chavistas, permitiendo así la contratación de estadounidenses y venezolanos, hizo más vistosa la temporada.

De ello están conscientes quienes se dedican a la reventa de entradas, que había mermado en los años anteriores, y que en esta oportunidad, para el campeonato 2022-2023, tras una clara aunque leve recuperación, volvió a dispararse y marcar el debate sobre los involucrados.

Tickets para presenciar la final entre Leones y Tiburones de La Guaira, luego de más de 30 años sin ocurrir un evento similar, oscilaban entre US$3 en gradas y hasta US$35 en los asientos preferenciales VIP. Los revendedores, en los alrededores del Estadio administrado por la Universidad Central de Venezuela, triplicaban su costo.

Para sillas laterales, con un precio regular de US$5 y agotadas en su totalidad en los portales de venta online, los revendedores las ofertaban en US$25, mientras que para el palco o sillas anaranjadas, con un valor regular de US$10, los vendedores ilegales las ofertaban entre US$60 y US$70.

“Hay que pagarle una bomba a este, y otra a otro. La temporada estuvo caída por la pandemia, la fanaticada disminuyó, pero ya desde el año pasado se volvió a disparar y esto volvió a su normalidad, porque esto ha sido así de toda la vida”, comentó un revendedor, que dice estar dedicado al negocio desde hace varios años, siempre en el mismo lugar de la plaza y con clientes fijos.

El valor adicional de la entrada lo atribuye al pago que debe hacer a funcionarios policiales o en las propias taquillas a otros involucrados en la reventa, que ocasiona el sold out para quienes desean adquirir el ticket de ingreso por las vías tradicionales, de acuerdo a la persona.

La plataforma de Yummy, la primera app de delivery en Venezuela, había activado el servicio de venta online, con horarios predefinidos y días específicos para un mayor control durante toda la temporada. Para el sexto juego, el último del campeonato, la venta digital empezó a las 9 de la mañana, y los fanáticos cuestionaron que cinco minutos después, ya se encontraban agotadas.

En el caso de la Serie del Caribe, con sede en Venezuela, tanto el juego de inauguración en el nuevo Estadio Monumental de Caracas Simón Bolívar, ubicado en La Rinconada, al oeste de la ciudad, como el segundo partido, los boletos también fueron vendidos en su totalidad, agotando el aforo de más de 20.000.

La mafia de las reventas, como se le ha llamado desde siempre a la actividad ilegal en los alrededores de los eventos deportivos en el país, ha tratado de contenerse con medidas como tarjetas digitales y personalizadas para los abonados, y otras propuestas legales que han sido desechadas.

La implementación de un sistema automatizado con entradas intransferibles, aunque podría tratarse de una nueva opción, su costo sigue siendo inalcanzable para una liga que comienza a repuntar.