Bloomberg — Los reguladores de la banca de Estados Unidos proponen incrementar la denominación mínima de los bonos a largo plazo que emitan las instituciones crediticias de acuerdo con los nuevos requerimientos de deuda, lo que supondrá un obstáculo para los pequeños inversionistas y un incremento de los costes para la banca regional, señaló un grupo comercial que agrupa a los gestores de inversiones.
En agosto, la FDIC (por sus siglas en inglés, Corporación Federal de Seguro de Depósito) y la Fed presentaron propuestas para incrementar la supervisión de las entidades de crédito medianas, respondiendo a la agitación bancaria que sacudió al sector a comienzos del 2023. En el marco de las medidas propuestas, se exigiría a la banca con activos de hasta US$100.000 millones que emita una deuda a largo plazo suficiente capaz de absorber las pérdidas de capital en épocas de fuertes tensiones, en comparación con límite actual de US$250.000 millones.
Las autoridades reguladoras han manifestado su deseo de que esta nueva deuda a largo plazo quede en manos de inversores institucionales de alto nivel, que podrían afrontar con mejores posibilidades las pérdidas generadas por una quiebra bancaria, y no en manos de inversores particulares. Una manera de restringir esta participación de particulares es aumentar a US$400.000 los requerimientos mínimos para la denominación de las obligaciones de esa deuda, en lugar de los US$2.000 exigidos actualmente por el sector. Sin embargo, el umbral más elevado generaría también problemas a los inversionistas que administran fondos de inversión de menor cuantía y los denominados ETF, según la Mesa Redonda de Crédito (Creidt roundtable).
Los inversionistas de menor tamaño, con menos recursos gestionados, se verían forzados a sobreponderar un único emisor al adquirir nuevos bonos, explica el grupo en una nota dirigida a la FDIC con fecha del 8 de noviembre. Esto tendría “repercusiones significativas” para los inversionistas que desean diversificar sus pequeñas carteras, incrementaría el error de seguimiento de sus clientes en relación con sus parámetros de referencia y llevaría incluso a ciertos inversionistas a inclinar su inversión hacia las entidades bancarias más grandes.
“Creemos que esto está en desacuerdo con la intención general de los reguladores de limitar el término ‘demasiado grande para quebrar’ y el deseo de tener un panorama bancario regional económicamente viable para satisfacer las necesidades de las pequeñas y medianas empresas estadounidenses”, escribió el grupo en el carta.
Distorsiones observadas
Las denominaciones más altas también podrían hacer que el mercado sea menos líquido y concentrar los bonos en un pequeño número de inversores y fondos mutuos, dijo el grupo. Las denominaciones mínimas más grandes también harían imposible agregar o reducir la exposición a una posición de manera prorrateada, agregaron.
“La regla de denominaciones mínimas propuesta distorsionará materialmente el universo de inversión”, dijo en una entrevista David Knutson, presidente de la Mesa Redonda de Crédito. “También afectará seriamente el costo de financiamiento, la disponibilidad de crédito y la rentabilidad del sistema bancario estadounidense en general y en relación con otros sistemas bancarios”.
Las empresas financieras son los mayores emisores de bonos corporativos estadounidenses con grado de inversión. La cohorte ha pedido prestado más de US$480.000 millones en nuevos bonos este año hasta el 7 de noviembre, según un análisis de Bloomberg News. Eso representa aproximadamente el 44% del volumen total de alta calidad este año.
La Mesa Redonda de Crédito también señaló que ciertas emisiones de valores preferentes de los bancos (clasificadas por debajo de la deuda senior no garantizada a largo plazo) pueden ser compradas por instituciones en incrementos de US$1.000, mientras que los compradores minoristas pueden adquirirlas en denominaciones de US$25. El grupo está luchando por entender por qué los bonos sénior no garantizados “se considerarían inapropiados” para los inversores minoristas, mientras que se permiten acciones ordinarias y preferentes en denominaciones más pequeñas.
“También observamos que los bancos no estadounidenses emiten deuda senior no garantizada en dólares con denominaciones mucho más bajas que las que se proponen para los bancos estadounidenses”, escribió el grupo.
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