Energía y ‘friendshoring’: el dilema de los 3 GW que Centroamérica no puede ignorar

En un foro con ministros de Centroamérica, el presidente de ThinkHUGE, Juan José Daboub, afirmó que la inversión de largo plazo depende cada vez más de la confiabilidad de sus sistemas energéticos.

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Bloomberg Línea — La promesa de la relocalización de cadenas de suministro hacia aliados de Estados Unidos, conocida como friendshoring, depende cada vez más de la capacidad y confiabilidad de los sistemas energéticos en Centroamérica.

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Mientras la demanda industrial por manufactura avanzada y centros de datos crece exponencialmente, la región del Triángulo Norte, conformada por El Salvador, Guatemala y Honduras, opera bajo una coordinación transfronteriza desigual que impide responder con la velocidad que requieren los inversores.

“Las empresas interesadas en mover sus plantas a la región nos indican que requieren al menos 3 gigawatts (3.000 MW) de energía adicional a la capacidad instalada existente en la región para los próximos tres años”, dijo Juan José Daboub, presidente de HUGE Business and Investment Council, iniciativa que promueve proyectos de inversión entre EE.UU. y los tres países centroamericanos.

La capacidad instalada de generación en el Triángulo Norte asciende a 9.077 MW, distribuidos entre Guatemala (3.535 MW), Honduras (2.972 MW) y El Salvador (2.570 MW), según datos del Ente Operador Regional. Esta cifra representa la mitad de la potencia total de Centroamérica, que alcanza los 18.101 MW.

Durante un foro de integración energética organizado por ThinkHUGE en Tegucigalpa esta semana, líderes del sector público y privado coincidieron en que el principal reto ya no es la planificación, sino la ejecución.

Aunque existen hojas de ruta nacionales y esfuerzos de integración regional, la falta de coordinación efectiva, voluntad política y marcos regulatorios alineados sigue frenando proyectos clave en generación y transmisión.

El diagnóstico del sector es que los países siguen operando sus mercados eléctricos como ‘sistemas aislados’ o ‘microrredes’, viendo la integración regional como un accesorio y no como una extensión natural de sus sistemas internos. Esta visión fragmentada impide el desarrollo de contratos firmes de largo plazo y limita la profundidad del Mercado Eléctrico Regional (MER).

“Todos queremos tener nuestra planta, todos queremos tener nuestro mercado y a pesar de ser una región superpequeña, estamos viéndonos de manera aislada”, dijo Héctor Corrales, comisionado presidente de la Comisión Reguladora de Energía Eléctrica (CREE), órgano desconcentrado adscrito al Ejecutivo hondureño.

Honduras, particularmente, ha visto estancada su capacidad de generación en la última década, con un crecimiento marginal de apenas 500 MW, mientras acumula una demanda reprimida de 585 MW que el sistema actual no puede atender.

“No sabemos cuánta de esa inversión se fue o cuánta de esa inversión tuvo que agregar un costo para echar a andar su empresa”, dijo Corrales, al agregar que si la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (Enee), el monopolio estatal hondureño, no puede hacerle frente a esas inversiones, “la única manera de llenar ese vacío de inversiones es invitando al sector privado que participe, pero hacerlo bajo tres lemas que quiere el presidente Nasry Asfura, y es orden, transparencia y reglas claras”.

El costo de la inacción

Esta falta de coordinación también se ve en la pérdida de financiamiento internacional listo para ejecutarse, alertó Daniel Álvarez, presidente de la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL) de El Salvador.

El funcionario dijo que la inacción política está dejando dinero sobre la mesa en un momento crítico para la infraestructura regional.

“El Banco Europeo ofreció un financiamiento para ampliar la red del SIEPAC (Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central) y por no haber voluntad política estamos desperdiciando un recurso. El problema no es el dinero, es que no nos ponemos de acuerdo para ampliar”, dijo Álvarez.

Según el funcionario, los países necesitan aprovechar las oportunidades con Colombia y México a los lados. “¿Qué vamos a hacer con esos dos monstruos energéticos? O nos van nos van a absorber o vamos a volvernos más competitivos", dijo.

El obstáculo también es físico. La infraestructura de transmisión aparece como el eslabón débil de la cadena. Carla Lorena Hernández, gerente de Desarrollo de Negocios en Honduras de la Empresa Propietaria de la Red (EPR), criticó que la región se ha caracterizado por una parálisis entre la teoría y la obra.

“Si por cada plan que se ha hecho hubiéramos construido 1 km de línea de transmisión, yo creo que ya tendríamos bastante más avanzado y superado el problema. No vamos a avanzar hacia intercambios de contratos de largo plazo, contratos firmes, si la transmisión regional y nacional no avanzan de manera coordinada”, dijo Hernández.

La mirada de los países también está en el marco normativo. Al respecto, Hernández se refirió a la denuncia que el gobierno anterior de Guatemala presentó en 2021 contra el Tratado Marco del MER, y destacó la gestión actual para revertirla. “Vemos muy positivo el esfuerzo que están haciendo las autoridades de reconsiderar esta decisión”.

Por su parte, el ministro de Energía de Guatemala, Víctor Ventura, confirmó que su país presentó una propuesta consensuada para resolver el impasse.

“Guatemala siempre ha sido un país integracionista, creemos que la integración y la cooperación ofrece grandes beneficios. Vemos la necesidad de ver energía y también ver un paraguas más grande que es la integración centroamericana”, dijo el funcionario, quien añadió que el SIEPAC sigue siendo un ejemplo a nivel mundial y que es necesario fortalecer las instituciones regionales para no perder lo avanzado.