¿Cómo lograr que las terapias innovadoras lleguen más rápido a los pacientes en América Latina? Esta es una pregunta sin una respuesta simple y que está ejerciendo una fuerte presión sobre gobiernos, responsables de políticas públicas, organizaciones de pacientes y líderes de la industria de la salud en la región, quienes deben abordar este desafío de manera conjunta.
José Marcilla se ha hecho esta pregunta todos los días desde que asumió la presidencia de Novartis para América Latina y Canadá. “Las investigaciones han mostrado una brecha alarmante, según la cual los pacientes en América Latina esperan, en promedio, más de cinco años para acceder a tratamientos ya aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) o la Agencia Europea de Medicamentos (EMA)”, señaló. “Queremos investigar más a fondo las causas de esta situación y ser parte del cambio. Nuestros hallazgos muestran que mejorar el acceso requiere una colaboración sostenida entre todos los actores involucrados. Por eso, estamos enfocando allí nuestros esfuerzos”.
Los datos a los que se refiere Marcilla provienen del informe FIFARMA WAIT Report 2026, que analizó 447 terapias innovadoras aprobadas globalmente entre 2014 y 2025, y documenta una de las fallas estructurales más persistentes en los sistemas de salud de la región. Además de la brecha de 5.7 años para los pacientes en América Latina, solo el 60% de las terapias aprobadas globalmente están registradas en al menos un país latinoamericano, y solo alrededor de una de cada tres llega a un paciente a través de un sistema público de salud.
En la práctica, el lugar donde nace una persona sigue determinando a qué medicamentos puede acceder. Para gran parte de América Latina, esto significa tener acceso solo a una fracción de los tratamientos disponibles en mercados más desarrollados. Para Novartis, estas cifras representan tanto un desafío de salud pública como un obstáculo comercial, dos presiones que apuntan hacia una misma respuesta.
América Latina cuenta con los elementos necesarios para una gran transformación en salud: una población de más de 600 millones de personas, un gasto sanitario en aumento y una base de talento científico que ha crecido silenciosamente durante décadas. La brecha entre ese potencial y la realidad que enfrentan los pacientes es precisamente lo que hace que la pregunta sobre el acceso sea tan urgente.
Un enfoque estratégico centrado en el acceso
“Cada mes de retraso no es solo una estadística. Refleja sufrimiento evitable, progresión de enfermedades, pérdida de esperanza y oportunidades perdidas para los pacientes y sus familias”, afirmó Marcelo Rainer, Head of Value & Access de Novartis para América Latina y Canadá.
El informe FIFARMA WAIT Report 2026 destaca dos cuellos de botella persistentes. La aprobación regulatoria toma, en promedio, 3.5 años en América Latina, significativamente más que la FDA (entre 10 y 12 meses) o la EMA (aproximadamente entre 14 y 15 meses para procedimientos estándar). Una vez aprobados, se suma un retraso adicional promedio de 2.6 años antes de que los pacientes puedan acceder a los tratamientos necesarios, debido a procesos largos y fragmentados de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (HTA, por sus siglas en inglés), retrasos en decisiones de reembolso e inclusiones complejas en formularios de cobertura, que varían ampliamente entre países.
Rainer sostiene que las herramientas para cambiar esta situación ya existen: procesos regulatorios más ágiles, evaluaciones de tecnologías sanitarias simplificadas, financiamiento específico para enfermedades prioritarias y esquemas innovadores de acceso, como los acuerdos de riesgo compartido. “Estos enfoques ya están reduciendo los tiempos de acceso en casos seleccionados; el desafío ahora es ampliarlos de manera más consistente en los países de nuestra región”, señaló.
Acuerdos recientes en países como Brasil y Argentina apuntan a soluciones prometedoras. Los acuerdos de riesgo compartido, que vinculan los pagos a los resultados en los pacientes y se estructuran en cuotas para aliviar la carga fiscal de los gobiernos, están ganando terreno. El objetivo es alinear incentivos entre sistemas de salud y fabricantes, mientras se gestiona la incertidumbre en torno a terapias recientemente aprobadas. Son señales tempranas, pero relevantes.
Expandir estos modelos en toda la región es precisamente donde Novartis está concentrando sus esfuerzos, trabajando junto a gobiernos, autoridades sanitarias, organizaciones de pacientes y sociedad civil, apoyando un diálogo más temprano entre reguladores y financiadores, y ampliando modelos innovadores de acceso. “No estamos esperando a que las condiciones mejoren. Estamos trabajando activamente para ayudar a crearlas”, afirmó Marcilla.
Compromiso de largo plazo con la región
Lo que está en juego va más allá de los tratamientos individuales. Cerrar la brecha de acceso en América Latina transformaría el rol de la región dentro del ecosistema global de innovación en salud, acelerando la investigación clínica, fortaleciendo las instituciones y creando un entorno predecible capaz de atraer inversión científica de largo plazo.
Novartis respalda esta convicción con una escala operativa que abarca más de 40 países, miles de empleados y 150 ensayos clínicos activos en la región. Nada de esto ocurre sin impulso institucional, y ningún actor puede generarlo por sí solo. Pero las compañías dispuestas a ayudar a construir esas condiciones, en lugar de esperar a que aparezcan, podrían definir el próximo capítulo de la atención médica en América Latina.