‘Sabores de libertad’, la serie que reivindica a las personas privadas de libertad a través de la cocina

Seis chefs reconocidos entran a una prisión de México y junto con personas privadas de libertad cocinan segundas oportunidades. “Queremos rehumanizar a los deshumanizados”, dice su productor.

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Bloomberg Línea — Cuando el reconocido chef mexicano Aquiles Chávez está por entrar a una prisión, confiesa que el lugar le provoca miedo. Dentro, conoce a Edith, una mujer acusada de fraude que está por cumplir una condena de nueve años. Pronto descubren que tienen más en común de lo que imaginan mientras preparan un mole verde, un platillo cargado de emociones para ambos. En la serie “Sabores de libertad”, más que recetas, se cocinan segundas oportunidades.

La emisión sigue a seis chefs reconocidos que llegan al Reclusorio Femenil de Santa Martha, en Ciudad de México, para cocinar distintos platillos junto a seis personas privadas de la libertad (PPL). Entre sabores, utensilios improvisados y recuerdos, en cada capítulo se revela parte de sus historias, al tiempo que se busca romper con los estigmas que rodean a las PPL y su reinserción social.

“La finalidad es rehumanizar a los deshumanizados”, dijo a Bloomberg Línea Enrique Ramírez, uno de los productores. “Siempre pensamos en quién es la persona y qué puede hacer cuando salga”, agregó sobre la emisión, producida por GeBe, el Consejo Empresarial para la Reinserción Social (CERES) y la Fundación MGAS A.C.

Disponible en Prime Video, el formato dedica cada uno de sus seis episodios a un chef y una PPL. Además de Chávez, participan Mariano Sandoval, Linda Cherem, Josefina Santacruz, Poncho Cadena y César de la Parra.

Las personas privadas de la libertad que participaron no cometieron delitos violentos y fueron elegidas en un precasting en cuya selección participaron instancias gubernamentales. Se buscó que tuvieran una afición por la cocina, explicó Mariana Garrido una de las productoras. “No queríamos hacer apología a ningún delito ni caer en revictimización”.

La gestión fue “muy burocrática” y requirió que los PPL masculinos fueran trasladados al recinto femenil donde se instaló la cocina y también se creó un huerto. Ambos exigieron un proceso riguroso para cumplir con todos los lineamientos y poder ingresar desde una coladera de plástico hasta la licuadora, contó Rubén Bross, diseñador de producción.

El equipo cumplió también con la prohibición de algunos alimentos como la piña, mientras que los chefs enfrentaron la poca disponibilidad de utensilios. “Hay todo un sistema gastronómico dentro del penal”, compartió Cherem, quien cocinó con Azu, una PPL que usaba las tapas de las latas para rebanar manzanas y cocinó un arroz con leche con resistencias magnéticas. “Se volvió muy recursivo”, dijo la chef.

Garrido precisó que aunque se realizó un convenio de colaboración con instancias “no hubo recursos públicos” y que el proyecto también fue financiado con donaciones. “Fue filantrópico. Muchos de ellos donaron su tiempo y trabajo, empezando por los chefs y aquellos a los que se les pagó, nos cobraron porcentajes muy pequeños”.

Reivindicar la reinserción social

“Sabores de la libertad”, que también estará disponible en España y Estados Unidos, llega en un momento en que al cierre de 2024 en México había 236.773 personas privadas de la libertad en centros penitenciarios y de internamiento, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

La serie busca estimular la reinserción social y diversificar las oportunidades para las personas que recuperan su libertad. “La industria gastronómica es la que más contrata, de manera formal e informal, a personas que han salido de prisión”, explicó Garrido.

“En los seis casos, los chefs se llevaron esta emoción y automáticamente empezaron un proceso de reinserción social” con los participantes, dijo el director Simón Bross.

Tras el rodaje Cherem incluso planea incorporar a su menú el arroz con leche y los tacos de manzana que cocinó en la emisión. “Nos estamos organizando para que eso sea negocio para ella”.

Además de que la cocina y el huerto creados para la serie permanecerán para dar clases y talleres a las PPL, la producción ya contempla una segunda temporada. “Hay más historias”, dijo Bross.