Buenos Aires — Los ingresos de las familias argentinas se vieron severamente castigados entre los últimos meses de 2023 y la primera parte de 2024, pero luego tuvieron una parte de estabilización con recuperación parcial. Al mirar la película completa, a febrero de 2026, se observa que hubo una recuperación, pero no total, respecto del fogonazo inflacionario del último bimestre 2023, pero con una enorme heterogeneidad entre los diferentes rubros.
“Los ingresos retornaran a niveles inferiores a los de octubre de 2023, previos al shock inflacionario", destaca un informe de Fundación Mediterránea. Y añade: “En febrero de 2026, la masa de ingresos total se ubicó un 4% por debajo de aquel mes, aunque con marcadas disparidades entre componentes".
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Al descomponer se pude observar que:
- Los ingresos de los trabajadores informales y las transferencias orientadas a la niñez lograron mejorar respecto de aquel período (+12% y +24%, respectivamente)
- Los jubilados apenas consiguieron sostener su poder adquisitivo.
- Los asalariados, en cambio, permanecen un 10% por debajo de aquellos niveles.
- En el otro extremo, los asalariados públicos y los beneficiarios del programa Volver al Trabajo no lograron siquiera acercarse a los registros de 2023. Los empleados del Estado están un 24% por debajo de aquel punto de partida.
El recorrido
El deterioro de los ingresos en Argentina se concentró con fuerza entre octubre de 2023 y marzo de 2024, en un contexto de aceleración inflacionaria y reconfiguración de políticas públicas. En ese período, los salarios del sector privado registrado acumularon una pérdida real cercana al 15%, mientras que en el ámbito estatal el retroceso fue más profundo: en la administración nacional, las remuneraciones cayeron más de 25% en términos reales.
La situación también impactó sobre los haberes previsionales. El ingreso mínimo, incluso considerando el bono de $70.000 —que permaneció congelado en términos nominales desde marzo de 2024—, registró una baja del 23% entre el último trimestre de 2023 y el primero de 2024.
A diferencia de los salarios y jubilaciones, las transferencias sociales mostraron trayectorias heterogéneas. La Asignación Universal por Hijo (AUH) fue la prestación con mejor desempeño, con una suba real del 43%. La Tarjeta Alimentar, en tanto, registró una mejora más moderada, del 21%. En el extremo opuesto, el programa Potenciar Trabajo evidenció un fuerte deterioro: su ingreso real cayó 45%, en un escenario marcado por el congelamiento de montos y cambios en su esquema.
Ese recorte no fue compensado por el sector privado formal, que permaneció prácticamente sin cambios, con alrededor de 6,2 millones de trabajadores registrados.
A partir del segundo semestre de 2024 comenzó a observarse una mejora parcial en los ingresos, impulsada por la desaceleración de la inflación. Entre junio de 2024 y junio de 2025, la masa de ingresos creció 14% en términos reales, excluyendo los ingresos informales.
Sin embargo, la recuperación resultó incompleta. En junio de 2025, el nivel agregado todavía se ubicaba 2% por debajo del previo al shock.
Además, destaca Fundación Mediterránea, “en los últimos meses, la aceleración inflacionaria volvió a erosionar los ingresos, revirtiendo buena parte de la recomposición lograda durante la primera mitad de 2025″.
En el período que va de febrero 2025 a febrero 2026, la inflación acumuló un 33% y la mayor parte de los ingresos no logró sostenerse al mismo ritmo. Solo los haberes y la Asignación Universal por Hijo consiguieron superar la dinámica inflacionaria en el período, mientras que el resto de los ingresos formales se ubicó, en promedio, un 9% por debajo, con variaciones entre componentes.