¿Cuáles son los bonos argentinos más atractivos para comprar de cara al 2026?

Expertos de mercado compartieron con Bloomberg Línea sus proyecciones tanto para inversores conservadores como para perfiles agresivos.

Por

Buenos Aires — Los bonos argentinos tuvieron una notable compresión de rendimientos entre 2023 y 2024 y cerraron levemente positivos el 2025. De cara a 2026, los precios actuales, mucho más en línea con la renta fija regional respecto de lo que se veía antes del cambio de gobierno, obligan a los inversores a tener una estrategia más selectiva.

En dicho contexto, Bloomberg Línea dialogó con expertos en renta fija para conocer sus preferencias en lo que refiere a bonos argentinos en dólares, tanto para carteras conservadoras como carteras agresivas.

VER MÁS: A cuánto puede caer el riesgo país de Argentina, según Francisco Mattig de ONE618

La mirada de Grupo Mariva

Para carteras conservadoras, Fernando Menéndez, estratega de bonos soberanos de Grupo Mariva, propone una estrategia diversificada que combine Bopreales, deuda provincial y bonos corporativos, con el objetivo de capturar un buen nivel de carry sin asumir picos elevados de volatilidad.

Dentro del universo de Bopreales, el analista destacó al BPD7C, que rinde actualmente en torno al 9,24%. Desde Mariva consideran que estos instrumentos representan una alternativa más conservadora que los bonos soberanos tradicionales, dado que el Banco Central es percibido con mejor calidad crediticia que el Tesoro. A eso se suma que los vencimientos se concentran dentro del actual mandato presidencial y presentan un perfil más bajo y gradual que el de la deuda soberana.

En cuanto a bonos provinciales, Menéndez señaló como oportunidades a las emisiones realizadas este año por Córdoba y Santa Fe —PDCAR 32 y PROVSF 34—, que ofrecen rendimientos similares, cercanos al 8,5%.

En el caso de Córdoba, resaltó su posición fiscal relativamente robusta frente a otras provincias y su elevada flexibilidad del gasto, un factor clave para administrar períodos de mayor carga de servicio de deuda.

Sobre Santa Fe, subrayó que nunca incurrió en default y recordó que, durante las reestructuraciones provinciales de 2020 y 2021, fue una de las dos jurisdicciones —junto con la Ciudad de Buenos Aires— que no reestructuró sus pasivos. Además, destacó que la provincia exhibe el menor ratio de deuda sobre ingresos totales y mantiene una posición de liquidez sólida.

Dentro del segmento corporativo, el estratega de Mariva apuntó a bonos de mayor duración vinculados al sector de oil & gas. Según explicó, los resultados de las elecciones de medio término fueron “muy favorables para el Gobierno” y se tradujeron en una mejora de las condiciones de financiamiento para una industria intensiva en capital. En ese contexto, identificó como atractivos los bonos PAMPAR 34 (de Pampa Energía), YPFDAR 34 (de YPF) y VISTAA 35 (de Vista Energy), con rendimientos del 7,82%, 7,64% y 7,86%, respectivamente.

Para perfiles más agresivos, Menéndez ve valor en la deuda soberana en dólares. En su análisis, el anuncio del Banco Central de que comenzará a comprar divisas en el mercado cambiario a partir de 2026 para recomponer reservas internacionales netas constituye una señal de política económica constructiva y ayuda a reducir las preocupaciones del mercado.

En conjunto con el avance de las reformas estructurales, estas medidas deberían favorecer una mayor compresión del riesgo soberano, según su irada. Bajo un escenario a tres meses en el que la curva argentina converja hacia un perfil de crédito B-, con rendimientos cercanos al 8%, Menéndez identificó a los bonos GD35 y GD41 como los de mayor potencial de suba, con un upside estimado en torno al 12%. La preferencia por estos títulos, explicó, se debe a su mayor duración y convexidad, características que los hacen especialmente sensibles a una compresión de spreads y maximizan el retorno ante una mejora en la percepción del riesgo país.

VER MÁS: Caputo pone paños fríos al regreso al mercado internacional para renovar vencimientos de enero

La sugerencia de ConoSur Investments

Desde ConoSur Investments, Florencia Calvente plantea que, para un inversor conservador con una cartera de renta fija en dólares 100% argentina, la estrategia pasa principalmente por obligaciones negociables (ON) corporativas, con un armado escalonado de vencimientos. El objetivo, explicó, es alinear los flujos con las necesidades de liquidez del inversor y minimizar el riesgo de pérdidas por mark to market, priorizando fundamentos crediticios sólidos y una adecuada diversificación entre sectores y grupos económicos.

En ese marco, Calvente señaló que puede incorporarse de manera complementaria algo de Bopreal serie B o C con put ARCA, que actualmente rinden en torno al 9,3% y 7,2% (de tasa efectiva mensual medida al MEP), respectivamente. La idea, indicó, es potenciar los retornos de corto plazo y mejorar la liquidez de la cartera. Además, recordó una característica clave de estos instrumentos: la posibilidad de utilizarlos para el pago de impuestos en abril de 2026 y abril de 2027, lo que implica retornos directos al ejercicio del put del orden del 3,2% y 9,5%, sin generar una salida neta de dólares para el Banco Central.

Dentro del universo corporativo, la ejecutiva de ConoSur mencionó como ejemplos emisores de distintos sectores con los que se sienten cómodos desde el punto de vista crediticio, entre ellos Pampa Energía, Vista Energy, Tecpetrol, Pluspetrol, TGS, YPF Luz, Genneia, Central Puerto, Grupo IRSA, Arcor y bancos como Galicia y BBVA.

De todos modos, aclaró que la selección puntual de cada instrumento depende no solo del emisor y el sector, sino también del plazo de vencimiento, el perfil del inversor y sus objetivos de rendimiento y liquidez. En el caso específico de YPF, por ejemplo, explicó que para perfiles conservadores priorizan vencimientos cortos, con el fin de evitar una mayor exposición a la volatilidad que podría concentrarse hacia 2027.

Para perfiles más agresivos, Calvente sostuvo que la estrategia no pasa por elevar el riesgo crediticio corporativo, sino por incorporar deuda soberana y subsoberana. Bajo un escenario en el que el riesgo país descienda hacia niveles cercanos a los 400 puntos básicos en un horizonte de 12 meses, estimó que los bonos soberanos largos podrían ofrecer retornos potenciales del 16% al 18%.

En ese contexto, señaló como preferidos a los Globales largos (GD38 y GD41) y al Bonar 2030 (AL30), este último por el elevado spread de legislación que todavía presenta, cercano al 4%, y que —según su análisis— tendría margen para comprimirse.

En el segmento subsoberano, Calvente diferenció oportunidades según perfil de riesgo: Ciudad de Buenos Aires y Santa Fe para inversores conservadores a moderados; Córdoba y Mendoza para perfiles moderados a agresivos; y Salta para estrategias algo más agresivas. A modo de síntesis, describió una cartera tipo para este último perfil compuesta por un 50% en Globales largos (GD38 y GD41), 10% en AL30, 15% en ONs corporativas largas y 25% en bonos subsoberanos, con foco en Córdoba, Mendoza y Salta.

El posicionamiento de PPI

Para una estrategia agresiva, Pedro Morini, team leader de estrategia de Portfolio de Portfolio Personal Inversiones (PPI), considera que en los bonos soberanos en dólares todavía existe margen para una compresión adicional del riesgo país en 2026, lo que podría traducirse en una ganancia de capital en los títulos de mayor duration. No obstante, advierte que, tras el “fenomenal rally” posterior a las elecciones, ese espacio se redujo de manera significativa.

En ese contexto, Morini señaló como sus preferidos a los bonos GD35 y GD41, que aún ofrecen rendimientos de dos dígitos, en torno al 10,1%. La elección, explicó, responde a que su mayor duration amplifica el premio potencial si el proceso de normalización del riesgo soberano continúa. “Si el riesgo país sigue comprimiendo, el premio por estar parado en un bono largo va a ser mayor”, sostuvo.

De todos modos, el analista remarcó que para que ese escenario se materialice el Gobierno deberá cumplir con una serie de condiciones clave. Entre ellas, mencionó la necesidad de sostener la disciplina en el nuevo programa de acumulación de reservas y de acceder de manera consistente al mercado privado de deuda, con el objetivo de poder rollear los vencimientos de capital.

Al mismo tiempo, advirtió que mantener los niveles actuales de valuación no estará exento de desafíos en 2026, particularmente en lo que respecta a la normalización completa del esquema cambiario y a la recuperación de la actividad económica. A eso se suma, señaló, la importancia de lograr los acuerdos políticos necesarios para aprobar con rapidez el paquete de reformas estructurales.

VER MÁS: Vuelta a mercados internacionales será clave para refinanciar deuda argentina, afirma el BCRA

Como alternativa dentro del mismo universo, Morini indicó que los Bopreales también pueden cumplir un rol relevante, aunque con un perfil de riesgo más conservador. Si bien se trata de títulos emitidos por el Banco Central, explicó que suelen analizarse dentro de la misma curva de riesgo soberano. En su visión, el hecho de que prácticamente todos estos bonos venzan durante el actual mandato presidencial —con la excepción del Bopreal 2028— reduce la percepción de riesgo y los convierte en una opción atractiva para inversores que buscan moderar volatilidad sin resignar demasiado rendimiento.

En particular, destacó a los Bopreal 1B y 1C, con vencimiento en octubre de 2027 y la posibilidad de ser utilizados para el pago anticipado de impuestos en abril de 2026 y abril de 2027, respectivamente. Según explicó, estos instrumentos permiten bajar la duration del portafolio manteniendo una tasa cercana al 9,5%, lo que los vuelve una alternativa eficiente para balancear riesgo y retorno dentro de carteras dolarizadas.

La postura de Mills Capital Group

Desde Mills Capital Group, Emilio Botto traza una diferenciación entre portafolios conservadores y agresivos a partir de criterios objetivos de riesgo, duration y tipo de emisor.

En el caso de los perfiles conservadores, explicó que se trata de carteras con una baja propensión al riesgo, definidas por una modified duration igual o inferior a 2,5 años, una preferencia por riesgo corporativo por sobre el soberano y una mayor inclinación por emisiones bajo ley de Nueva York frente a legislación local. Cuando se incorpora deuda soberana bajo ley argentina, señaló, la prioridad está puesta en los Bopreales por sobre los Bonares, dado que —con excepción del Bopreal Serie 4— todos vencen dentro del actual mandato presidencial.

En contraposición, Botto indicó que un portafolio agresivo presenta características prácticamente opuestas: una mayor tolerancia al riesgo, una duration más extendida y una exposición más concentrada en deuda soberana, que ofrece mayores tasas internas de retorno que las emisiones corporativas. Dentro de ese universo, dijo que la “agresividad” final dependerá de cuántos años adicionales de duration esté dispuesto a asumir el inversor y del peso relativo entre Bonares y Globales, ya que los primeros rinden más a igual duration, aunque incorporan riesgo de legislación.

Bajo estos lineamientos, el estratega de Mills Capital Group detalló una cartera modelo conservadora compuesta por un 40% en bonos corporativos de primera línea, incluyendo emisiones de Central Puerto, Pampa Energía, Pan American Energy, Pluspetrol, Tecpetrol y YPF, combinando legislación local y extranjera. A eso se suma un 30% en Bopreales, concentrado en el BPOD7; un 10% en Bonares, vía AL30; y un 20% en Globales, repartido entre GD29 y GD30.

Según explicó Botto, el racional detrás de esta construcción es mantener un peso relevante de riesgo corporativo, mientras que el 60% de exposición soberana se concentra mayormente en instrumentos que vencen dentro del mandato de Milei y en la parte corta de la curva, tanto bajo ley local como extranjera.

Esta estrategia, señaló, permite posicionarse ante una eventual recompra de deuda soberana y capturar el diferencial de legislación. En términos cuantitativos, la cartera presenta una TIR del 7,36%, una duration de 2,5 años, con 55% de los instrumentos bajo ley de Nueva York y un 40% de exposición corporativa.

Para un perfil agresivo, Botto describió una cartera con 100% de exposición a riesgo soberano, con un 20% en Bopreales —repartido entre BPOB7 y BPOA8—, un 40% en Bonares (AL30, AL35, AE38 y AL41) y un 40% en Globales, concentrado en los tramos más largos de la curva (GD35, GD38 y GD41). En este caso, el racional pasa por estar posicionado en los bonos con vencimientos 2035, 2038 y 2041, que —según su análisis— concentran el mayor potencial de upside ante una compresión del riesgo país y ofrecen una mayor convexidad, que actúa como amortiguador en escenarios adversos.

Esta cartera agresiva, detalló, exhibe una TIR del 9,36%, una modified duration de 4,2 años y una participación de emisiones bajo ley de Nueva York del 40%, diez puntos porcentuales menos que en la cartera conservadora.