Bogotá — La economía colombiana está profundizando sus señales de desaceleración. Después de crecer 3,5% en el segundo trimestre de 2026, la actividad habría perdido impulso durante el tercero, hasta registrar un avance inferior al 2%, según cálculos del Banco de Bogotá.
El diagnóstico del equipo de análisis apunta a una combinación de factores que está afectando tanto la producción como el consumo: la revaluación del peso colombiano, las altas tasas de interés, la moderación de la ejecución presupuestal y las consecuencias del terremoto.
A estos elementos se suman las dificultades de sectores como la construcción, la industria y la producción de petróleo y gas.
El Indicador de Actividad Económica para Colombia (IAECO), elaborado por el Banco de Bogotá a partir de variables contemporáneas, mostró un crecimiento anual de apenas 0,9% en agosto, frente al 1,5% registrado en julio.
El promedio de tres meses también se desaceleró, al pasar de 2,8% a 2,1% entre esos mismos periodos.
El informe advierte que el país ha entrado en una fase de desaceleración y que la pérdida de dinamismo podría prolongarse si persisten las presiones sobre el gasto de los hogares y la actividad productiva.
El efecto de la devaluación
Uno de los principales factores detrás del enfriamiento económico es la apreciación del peso colombiano.
Aunque una tasa de cambio más baja reduce el costo de los bienes importados y de algunos insumos, también afecta la competitividad de los exportadores y disminuye el valor en pesos de los ingresos que los hogares reciben desde el exterior.
El turismo internacional ofrece una muestra de este efecto. En julio se completaron cuatro meses consecutivos de caídas anuales en la llegada de extranjeros al país.
Entre abril y julio ingresaron 1,4 millones de turistas internacionales, 115.000 menos que en el mismo periodo de 2025.
Como consecuencia, la actividad de alojamiento y servicios de comida acumuló una contracción de 3% en lo corrido del año, según el documento.
La industria también enfrenta dificultades. Las exportaciones industriales han retrocedido y el crecimiento acumulado del sector se ubicó en apenas 0,4%, sostenido por actividades específicas como la elaboración de bebidas, la refinación de petróleo y el ensamblaje de motocicletas.
El informe atribuye parte de este comportamiento a la revaluación del peso, que resta competitividad a la producción nacional frente a los mercados internacionales.
El efecto también llega a las finanzas de los hogares por medio de las remesas. En agosto, estos recursos sumaron US$1.144 millones, un incremento anual de 4,5%. Sin embargo, la apreciación de la moneda redujo su valor al convertirlos a pesos colombianos.
Con una tasa de cambio promedio de COP$3.126 en agosto, las remesas equivalieron a COP$3,5 billones, una caída anual de 19% en moneda local.
El Banco de Bogotá señala que esta reducción, sumada al repunte de la inflación, ha contribuido a moderar el gasto privado, especialmente en servicios, cuyos precios han aumentado con fuerza.
Menor gasto público
El segundo frente de preocupación es la desaceleración de la ejecución presupuestal. Según el informe, desde junio, tras el resultado electoral y el inicio del proceso de empalme por el cambio de Gobierno, la contratación estatal y la ejecución del gasto comenzaron a mostrar señales de moderación, que se acentuaron en agosto y septiembre.
El documento relaciona esta tendencia con las dificultades del proceso de empalme y con la nueva directriz de racionalizar el gasto público.
El ajuste puede contribuir a las finanzas públicas, pero también tiene consecuencias sobre la actividad económica en el corto plazo, en la medida en que reduce el impulso que el gasto estatal proporciona a distintos sectores.
El indicador de actividad económica refleja esta pérdida de dinamismo, mientras que el informe identifica el menor gasto público y el gasto más moderado de los hogares entre los factores que explican el deterioro observado en agosto.
El Banco de Bogotá advierte que el ajuste fiscal constituye uno de los elementos que limitarían el crecimiento de Colombia, junto con las altas tasas de interés y los efectos del terremoto.
Construcción y petróleo siguen bajo presión
Las dificultades no se limitan a los sectores vinculados con el comercio exterior. La construcción continúa deteriorándose en un entorno de elevados costos y tasas de interés altas, que afectan las decisiones de inversión y la demanda de vivienda.
Entre enero y septiembre se inició la construcción de 79.500 viviendas nuevas en el país, 11% menos que en el mismo periodo del año anterior. Aunque desde julio se moderó el ritmo de caída, el sector continúa mostrando debilidad.
En el frente energético, la producción de petróleo se ubicó en 732.700 barriles diarios en agosto, una disminución anual de 2%. No obstante, el ritmo de contracción se moderó en medio de un aumento en el número de taladros en operación, que pasó de 93 en junio a 114 en agosto.
La industria presenta señales más heterogéneas. En septiembre, la demanda de energía no regulada, utilizada como indicador adelantado de la actividad industrial, aumentó 2,7% anual, su mayor avance en tres meses. El dinamismo estuvo respaldado por la refinación de petróleo, la elaboración de bebidas y el sector automotor, especialmente las motocicletas.
El índice PMI manufacturero también alcanzó en septiembre su nivel más alto en diez meses. De acuerdo con la encuesta citada en el informe, la reducción de la incertidumbre después del resultado electoral impulsó los pedidos de los clientes y llevó las compras de insumos a su nivel más alto desde 2011.
Estos indicadores sugieren que algunas actividades productivas conservan capacidad de recuperación, aunque el comportamiento de sectores específicos todavía no se traduce en una aceleración generalizada de la economía.
Consumo: señales de moderación
El gasto de los hogares también muestra señales contrapuestas. Por un lado, el balance de ventas del comercio de Fenalco se ubicó en 2% en agosto, su nivel más bajo en dos años. La menor creación de empleo, las altas tasas de interés, la revaluación del peso y los efectos del terremoto han incidido en la moderación del consumo.
Por otro lado, las ventas de vehículos nuevos alcanzaron 33.900 unidades en septiembre, un aumento anual de 36%. Las ventas de motocicletas sumaron 130.700 unidades, 24% más que en el mismo mes de 2025.
El informe relaciona este comportamiento con la disposición de los hogares a comprar bienes importados, favorecidos por una tasa de cambio más baja.
La demanda de crédito también refleja esta dinámica. La cartera de consumo ha recuperado impulso y registra tasas de crecimiento que, según el Banco de Bogotá, no se observaban desde hace más de tres años.
La cartera comercial, por su parte, comenzó a repuntar desde julio, en un contexto de mayor disposición empresarial a invertir y de menores costos asociados a la tasa de cambio.
Sin embargo, el equipo de análisis advierte que la evolución del consumo y de la confianza empresarial dependerá de la recuperación tras el terremoto y de los efectos que tenga el ajuste fiscal sobre el poder adquisitivo de los hogares.
En materia de confianza, los consumidores mantienen niveles relativamente altos de optimismo sobre el rumbo del país tras el resultado electoral.
No obstante, la percepción sobre la situación de los propios hogares es menos favorable, afectada por la inflación, el comportamiento del empleo y la disminución de los ingresos recibidos en moneda extranjera.
FMI reduce su proyección para 2026
Las señales de desaceleración también se reflejan en las previsiones de crecimiento económico.
En la actualización de su informe Perspectivas de la Economía Mundial (WEO, por sus siglas en inglés), el Fondo Monetario Internacional redujo su pronóstico para Colombia en 2026 de 2,3% a 2,2%. Para 2027 mantuvo su estimación en 2,3%.
Según el informe del Banco de Bogotá, el impacto del terremoto sería negativo para el crecimiento de 2026 y ligeramente positivo en 2027. Las altas tasas de interés y el ajuste fiscal también explicarían las perspectivas moderadas.
El Banco de Bogotá proyecta que el producto interno bruto (PIB) colombiano crecerá 2,5% en 2026 y 2,1% en 2027.
Estas previsiones apuntan a una economía que perdería impulso frente al crecimiento observado en el segundo trimestre, con riesgos asociados a la evolución del gasto público, el consumo de los hogares y la recuperación de los sectores más afectados.
El principal interrogante es si los avances puntuales de la industria y el consumo de vehículos podrán compensar la debilidad de la construcción, el turismo, las exportaciones y otras actividades productivas.