Bloomberg Línea — Desde 2020 más de 800 colegios privados han cerrado en Colombia y, actualmente, el 98% opera por debajo de su capacidad instalada. Lo que evidencia la dificíl situación que atraviesa la educación privada en el país.
“El problema no es sólo cuántos estudiantes hay, sino cómo está dimensionado el sistema frente a la demanda real. Aunque los factores económicos influyen, no explican por sí solos la magnitud de la situación. Hoy el reto es estructural: muchos colegios han priorizado lo pedagógico y han dejado de lado la gestión económica, cuando ambos son igual de necesarios para asegurar su sostenibilidad”, indicó José David Tena Gascón, Country Manager de mattilda, plataforma financiera.
De acuerdo con el informe Educación en Cifras, elaborado por mattilda, uno de cada cinco colegios no alcanza siquiera el 50% de ocupación, un umbral crítico para sostener la operación en el mediano plazo. Asimismo, el 53% de los estudiantes que desertan de colegios privados lo hacen por falta de capacidad de pago, una situación asociada a restricciones económicas de los hogares y no a factores pedagógicos.
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El informe también revela una fragilidad estructural en el modelo de ingresos del sector: el 29% de los colegios privados depende exclusivamente del pago de pensiones, mientras que solo el 37% genera ingresos por actividades extracurriculares y menos del 10% obtiene recursos de servicios complementarios.
Esta baja diversificación, explica la firma, amplifica el impacto de cualquier caída en la matrícula o dificultad en el recaudo, reduciendo de forma significativa el margen de maniobra financiera de las instituciones.
Desde mattilda advierten que la coyuntura actual exige dejar atrás decisiones reactivas y fortalecer la gestión administrativa y financiera de los colegios. De este modo, podrán identificar a tiempo señales como la dificultad en el recaudo, la alta morosidad y la dependencia de las pensiones, antes de que estas se traduzcan en cierres.
“La crisis de la educación privada no responde a una sola causa. Aunque la baja natalidad influye, el factor económico es cada vez más determinante y muchos colegios no lo están abordando con la anticipación necesaria. Sin decisiones financieras oportunas, la posibilidad de adaptarse y sostener la operación se vuelve cada vez más limitada”, especificó Tena.
A esto se suma un cambio en la forma en que las familias toman decisiones educativas. La matrícula dejó de ser un proceso de continuidad automática, en el que los hijos ingresaban al mismo colegio en el que estudiaron sus padres, y pasó a convertirse en una decisión que se evalúa año a año.
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Hoy, las familias cuestionan el valor de la propuesta educativa y económica, lo que hace que el interés no siempre se traduzca en matrícula efectiva y que los cupos no se llenen como antes, incluso en instituciones con trayectoria.
Este conjunto de factores, dice mattilda, explica por qué el cierre de colegios privados dejó de ser un hecho aislado y se convirtió en una señal recurrente del desgaste de su modelo financiero y de gestión actual.
El cierre de colegios privados es una tendencia que podría profundizarse en los próximos años ante la falta de adaptación a nuevos sistemas de operación. Esto supone presiones para todo el sector, especialmente para colegios con alta dependencia de las pensiones.
“La reputación y la trayectoria ya no garantizan la sostenibilidad de un colegio. Hoy las familias evalúan con mayor rigor si la propuesta educativa vale lo que cuesta, un cambio que obliga a las instituciones a revisar la forma en que gestionan su operación y se adaptan a esta nueva realidad, porque no hacerlo implica un riesgo creciente de perder matrícula y salir del sistema”, concluyó el experto.