Bloomberg — Paraguay, ubicado entre Argentina y Brasil, ha sido durante mucho tiempo ignorado por la comunidad internacional. Pequeño, sin salida al mar y pobre, solía ser visto como un país de paso.
Por eso resulta sorprendente, tanto para los residentes de la capital como para los de la región, que este país de 6,1 millones de habitantes esté acaparando súbitamente la atención.
Atraídos por los bajos impuestos, empresarios de toda América Latina están invirtiendo grandes sumas de dinero y estableciéndose en el país. Las solicitudes de residencia subieron un 60% en 2025. Elegantes torres y concesionarios de autos de lujo proliferan en Asunción, aunque su infraestructura aún lucha por modernizarse. Al mismo tiempo, los inversores de Wall Street acaparan bonos paraguayos, mientras su presidente conservador, Santiago Peña, alinea su gobierno con la administración Trump.
Aunque tiene un tamaño similar al de California, la economía de Paraguay, de US$47.000 millones, equivale a cerca del 1% de la de ese estado. Sin embargo, el rápido crecimiento y las reformas económicas de los últimos años ayudaron al país a obtener el grado de inversión de Moody’s Ratings en 2024 y de S&P Global el año pasado.
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“Antes éramos como la chica más fea del baile”, dijo Selene Rojas, directora del exclusivo Shopping del Sol en el distrito financiero de la capital. “Hoy ya todos nos invitan a bailar”.
Peña, economista de 47 años, ha viajado al extranjero más de 50 veces desde que asumió en agosto de 2023 para promover que Paraguay está abierto a los negocios. Ha respaldado abiertamente la iniciativa de Donald Trump de reforzar la influencia de Washington en la región. Y este mes, fue uno de los líderes latinoamericanos que se reunió con el presidente estadounidense en Miami para coordinar materias de seguridad.
“Paraguay ha sido un muy buen amigo nuestro”, dijo el subsecretario de Estado, Christopher Landau. El diplomático estadounidense, citando el historial de votación del país en Naciones Unidas y su continuo reconocimiento a Taiwán, agregó: “No están bailando al ritmo de China”.
En una región que depende del comercio y la inversión china, Paraguay es el único país sudamericano que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán. Por ello, no puede vender carne ni soja a China y pierde miles de millones de dólares en inversiones en infraestructura provenientes de Pekín. Paraguay reconoció a Taiwán en 1957 y ha mantenido esa decisión desde entonces.
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Washington no se ha apresurado a invertir en el país y aún no hay vuelos directos entre Asunción y Estados Unidos. Sin embargo, la semana posterior a la cumbre en Miami, legisladores paraguayos aprobaron un acuerdo de defensa que permite el ingreso de tropas estadounidenses al país.
Peña denomina su visión, similar a la de MAGA (Make America Great Again), como “el renacimiento de un gigante”. Hace referencia a un período de prosperidad a mediados del siglo XIX, cuando Paraguay era líder regional con avances tecnológicos como una siderúrgica y un ferrocarril, hasta que la Guerra de la Triple Alianza contra Argentina, Brasil y Uruguay dejó al país en ruinas.
En el siglo pasado, el país fue gobernado por una dictadura durante 35 años, una de las más largas de la región. Su caída en 1989 dio paso a una transición democrática turbulenta. Sin embargo, la adopción de políticas fiscales y monetarias sólidas tras la crisis de 2003 está dando frutos. La inflación es de un dígito y el crecimiento promedio ronda el 4% anual en las últimas dos décadas.
“Paraguay seguirá creciendo más que otros países de Sudamérica”, dijo Peña a Bloomberg Television el mes pasado en Washington. “Muy pronto tendrá el mayor ingreso per cápita, por encima de Uruguay y Chile”.
Los inversores también están tomando nota, canalizando capital hacia fábricas y bienes raíces. Muchos son extranjeros: las autoridades migratorias recibieron cerca de 50.000 solicitudes de residencia el año pasado. Aproximadamente la mitad fueron brasileños, aunque también hubo un gran número de argentinos, alemanes, bolivianos y españoles.
Felipe Bertolini, de 24 años y oriundo de São Paulo, es uno de ellos. Él y su padre, un inversor portuario, pasaron tres días en Asunción a fines de febrero para solicitar la residencia. El régimen impositivo en Brasil, donde el Estado se queda con cerca del 40% de los ingresos de su empresa de factoring y securitización, lo llevó a considerar mudarse.
“Brasil está empujando a la gente hacia Paraguay porque sus impuestos hacen inviable el emprendimiento”, señaló. “Las empresas cierran en Brasil y vienen aquí”.
El gigante sudamericano es el mayor inversor en Paraguay. La participación de Brasil en la inversión extranjera directa del país subió a cerca del 15% a fines de 2024 desde menos del 12% cuatro años antes, según datos del banco central.
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Las fábricas que operan bajo el régimen de maquila, con incentivos fiscales, son un imán para inversores. Las exportaciones bajo este esquema de empresas como Blue Design, encabezada por el empresario textil argentino Jorge Bunchicoff, se han más que cuadruplicado en la última década hasta alcanzar unos US$1.200 millones el año pasado.
Bunchicoff exporta alrededor de 1 millón de productos premium de denim al año, incluidos jeans y chaquetas, desde su fábrica en las afueras de Asunción hacia mercados como EE.UU., Reino Unido y Japón. Abastece a marcas de alta gama como Lacoste y Good American, mientras que productos de su propia marca, Dala, pueden venderse por más de US$300.
“Nunca podría haber hecho esto en Argentina” ni en Brasil debido a los altos costos y las relaciones laborales conflictivas en ambos países, afirmó Bunchicoff, quien lleva 30 años haciendo negocios en Paraguay. El secreto de su éxito, sostuvo, es una combinación de bajos impuestos, energía y mano de obra baratas, y previsibilidad.
Los nuevos residentes también están impulsando el consumo. Alrededor de 120.000 personas visitan cada semana el Shopping del Sol, un aumento del 30% en los últimos tres años en parte gracias a la inmigración, señaló Rojas. “Se nota claramente la llegada de extranjeros. Los hoteles están llenos. Los restaurantes están llenos. El parque automotor ha crecido enormemente. Nuestro aeropuerto no da abasto”.
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Aun así, el “milagro económico” de Paraguay enfrenta desafíos que podrían frenar el crecimiento y la movilidad social. Solo Venezuela lo supera como el país más corrupto de Sudamérica, según el último índice de Transparency International.
El Partido Colorado mantiene un férreo control del poder. Solo ha perdido una elección presidencial desde el fin de la dictadura de Alfredo Stroessner, apoyado en un sistema clientelar arraigado y una oposición desorganizada. En 2024, el partido utilizó su mayoría en el Congreso para destituir a un senador opositor y aprobar una ley que aumenta el control estatal sobre la sociedad civil, lo que críticos calificaron como un retroceso democrático. Este año, EE.UU. retiró a uno de los predecesores de Peña de una lista negra financiera.
Más del 60% de la fuerza laboral se desempeña en la economía informal, según datos oficiales. Y aunque la pobreza ha caído significativamente desde comienzos de los 2000, cerca de una quinta parte de los paraguayos sigue por debajo de la línea de pobreza.
Nicolás Ozorio considera que el sólido desempeño económico no llega a suficientes personas. Este constructor de 36 años cree que el gobierno debería desempeñar un papel más activo en distribuir los beneficios mediante programas sociales. “Ese progreso no abarca toda la población”, dijo. “En eso es en lo que estamos mal. No puede se un beneficio de algunos pocos”.
Los bajos impuestos —uno de los principales atractivos para los inversores— dejan al Estado con pocos recursos para educación, salud e infraestructura. Las obras públicas en Asunción son escasas: calles, veredas y sistemas de drenaje están deteriorados incluso en barrios acomodados.
Para Dionisio Borda, exministro de Hacienda y figura clave en la recuperación económica tras el default, el próximo gobierno debería considerar aumentar la recaudación. Los ingresos fiscales, como proporción de la economía, son demasiado bajos para financiar las inversiones necesarias. “El promedio regional es 25%. El nuestro es 11,3% hoy y debemos llegar al menos a 15%”, afirmó.
Aun así, el impulso hacia una mayor responsabilidad fiscal está dando resultados.
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El ministro de Economía y Finanzas, Carlos Fernández, señaló que en una reciente gira con inversores, estos ya estaban tan familiarizados con el país que le pidieron omitir la presentación inicial e ir directamente a las preguntas. Tras captar unos US$500 millones en 2024 con su primer bono global en guaraníes, Paraguay emitió el mes pasado un récord de US$1.000 millones en deuda en moneda local.
Es un cambio notable respecto a una década atrás, cuando la primera emisión de US$1.000 millones del país fue en dólares. “Eso da una idea de cómo ha evolucionado la credibilidad de la economía paraguaya”, afirmó el ministro, describiendo la emisión reciente en guaraníes como “un diploma de graduación”.
Los bonos en dólares de Paraguay han rendido cerca de 12% en los últimos doce meses, frente a un 14,2% de la deuda soberana latinoamericana, según un índice de Bloomberg.
Pese a ese desempeño, Fitch Ratings —la única gran agencia que mantiene a Paraguay en grado especulativo con calificación BB+ y perspectiva positiva— no tiene prisa en otorgarle el grado de inversión.
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Fitch ha señalado la necesidad de avance en los grandes proyectos, como la planta de celulosa Paracel, valorada en varios miles de millones de dólares. Parcel declinó hacer comentarios. Paraguay abordó otra de las preocupaciones de Fitch a principios de esta semana al aprobar una reforma de las pensiones del sector público con el fin de contribuir a apuntalar el crecimiento y las finanzas públicas.
A medida que Paraguay gana visibilidad fuera de América Latina, líderes empresariales sostienen que aún no se promociona lo suficiente.
“El hecho de que dos agencias nos otorguen grado de inversión pone a Paraguay en la vidriera”, sostuvo Hugo Pastore, director ejecutivo de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco). “Hacemos muchas cosas bien, pero no lo comunicamos lo suficiente. Tenemos que contarle al mundo lo bien que hacemos las cosas”.
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