El nuevo propósito de María Luzmila Campaña es construir una cocina y un lavabo dentro de su casa. Antes no era una prioridad, porque no tenía agua potable, pero desde hace casi un año (julio de 2025) el agua llega con fuerza al recinto rural Sandomo, en la parroquia Pucayacu, cantón La Maná (provincia de Cotopaxi, centro del Ecuador).
María Luzmila era parte del 30% de personas que consumen agua contaminada en el país y del 60% que lo hacen en las zonas rurales.
“El día que llegó el agua fue de lo más lindo, el día más feliz. Antes sufríamos demasiado, teníamos que coger el agua en balde”, recuerda María Luzmila mientras muestra con orgullo la potencia con la que llega el agua a su hogar.
Pero el camino no fue corto; es más, en la comunidad veían casi irrealizable tener agua potable. Había pasado décadas sin que eso fuera posible, pero un proyecto conjunto de la ONG española Ayuda en Acción, la iniciativa Sumar Juntos de Banco Pichincha, los gobiernos locales y la comunidad lo concretaron.
Solo en el cantón de La Maná se han repotenciado o construido a través de este proyecto ocho sistemas de agua que benefician a 4.100 personas de distintos recintos.
Un cambio de vida
El hogar de María Luzmila y su esposo, Miguel Ángel Quevedo, es uno de los beneficiarios. En Sandomo inauguraron el sistema en julio de 2025 y la vida cambió por completo para 30 familias, incluida la suya.
“Para nosotros fue una belleza”, dice Miguel Ángel con convencimiento absoluto y rememora cómo antes, durante el invierno especialmente, debían tomar agua sucia, mientras “en el verano se nos secaba el agua”.
“Entonces era un problema grande para todos los del recinto. Ahora, gracias a dios, estamos muy felices con el agüita. A la calidad de vida nos sumó bastante, igual para los niños que están más sanos”, apunta.
Lo de los niños no es un dato menor, pues según Ayuda en Acción, uno de cada dos niños carece de agua, saneamiento e higiene en sus hogares en Ecuador, lo que agrava problemas de salud como desnutrición y enfermedades diarreicas; además, 36% de infantes menores de 5 años toma agua contaminada con E. coli.
En Sandomo, cada familia cancela US$ 3 mensuales por el agua potable; el monto que se reúne se destina a pagar al operador del tanque (quien se encarga de su buen funcionamiento) y también a comprar las pastillas de cloro que son necesarias para potabilizar el líquido.
El tanque de este recinto tiene una capacidad de 15 mil litros y aunque el gobierno local no aportó con dinero en la construcción del sistema, sí lo hizo con materiales, mientras que la comunidad puso la mano de obra a través de las mingas. Además, el terreno fue donado, lo que facilitó el camino.
Un trabajo cooperativo
Es que así funciona el proceso: cada parte involucrada aporta con sus mayores capacidades, sean técnicas, financieras o de trabajo en equipo. Así lo explica a Bloomberg Línea Fiorella Mackliff, directora de Ayuda en Acción Ecuador:
“Depende de lo que vemos en la comunidad, de las capacidades reales de la comunidad; si vemos que en la comunidad las autoridades tienen posibilidad de aportar más, intentamos que aporten más. Cuanto más aporta la comunidad, más se empodera y se apropia de un sistema que esperamos que funcione por lo menos 25 o 30 años”.
Por ejemplo, en la parroquia de Pucayacu, también en La Maná, Sumar Juntos aportó con US$ 50 mil, mientras que la Junta de Agua lo hizo con US$ 8.000; la asistencia técnica e implementación corrieron por cuenta de Ayuda en Acción, beneficiando finalmente a 300 familias (1.200 personas) con una proyección para 200 familias más a futuro.
Para seleccionar a los territorios favorecidos, se usa una metodología que analiza los niveles de vulnerabilidad de las poblaciones, tanto de necesidades básicas insatisfechas como de su lucha contra la desnutrición crónica infantil, considerando que el agua potable es una herramienta en la erradicación de este fenómeno.
Mackliff aclara que es entonces cuando se construye sostenibilidad, a partir del involucramiento de distintos actores clave en el territorio donde se va a operar. De esta manera, “tienen que estar las autoridades locales involucradas, la comunidad, la Junta de Agua Potable debe estar presente, y cada uno asume un compromiso dentro del proceso de implementación del proyecto”.
Y todo lo anterior pasa por tener consensos entre los actores. De eso es muy consciente Liliana Castillo, tesorera de la Junta de Agua de Pucayacu, quien ha destinado años de vida a sensibilizar a su comunidad y a empujar el proceso del agua potable allí. Ella cuenta a Bloomberg Línea que “antes había resistencia, pero en las mingas la gente vio cómo funcionaba el sistema y terminó aceptando”.
Reconoce que sin Ayuda en Acción habría sido más difícil cambiar la mentalidad de la población, pues muchos estaban acostumbrados a un sistema que funcionaba, sí, pero de manera muy deficiente. “El sistema de agua estuvo en malas condiciones durante 15 años. Cuando llovía, no había agua porque las tuberías se tapaban con tierra, además que no estaba bien mantenido”, relata.
Además, el tanque era pequeño y los filtros estaban dañados. Es así como con el trabajo en conjunto reemplazaron un tramo de la tubería por tubería aérea. También montaron una nueva capa de hormigón, impermeabilizaron la estructura y colocaron nuevo material filtrante.
“La condición es que todos tienen que participar, de cualquier manera”, añade la lideresa al comentar que antes, cuando no contaban con el sistema, la principal causa de morbilidad en la población eran los parásitos y los problemas gastrointestinales y hoy “sí se ha notado una disminución de esas patologías”.
Mackliff destaca, asimismo, la participación de las mujeres, pues “no es frecuente encontrar a mujeres en los procesos de toma de decisión de las juntas de agua potable o de los mismos municipios”. Precisamente Pucayacu es un ejemplo, pues allí la junta está conformada por tres mujeres y dos hombres.
“Es bueno porque hay inclusión, las mujeres sabemos administrar”, enfatiza Castillo.
Por qué el agua importa
En Ecuador, el agua limpia y segura no llega a todas las personas. Es más, tres de cada 10 consumen agua contaminada, lo que implica que niñas y niños tengan más riesgo de enfrentar desnutrición, y que las familias más vulnerables se mantengan en situación de pobreza porque “sin agua no hay desarrollo, salud ni nuevas oportunidades”, como explica Ayuda en Acción.
Pero Mackliff va un poco más allá y reflexiona sobre la necesidad de contar con agua limpia para llevar adelante procesos productivos. “El agua tiene dos tiene dos aristas. Por un lado, es agua potable para consumo humano y, por otro, dependiendo del proyecto, es agua para riego: riego para pastizales, para el ganado, etc. Entonces, eso mejora la productividad de los agricultores”.
Considerando que el Ecuador es un país intensivo en agricultura, el agua potable y limpia adquiere un rol aún más relevante, pues de sus buenas condiciones depende que las familias rurales tengan un mejor ingreso.
“El ingreso mejora si la producción mejora y eso ocurre cuando la gestión es más eficiente”, señala la ejecutiva.
El modelo de la gestión social y ambiental del agua de Ayuda en Acción se basa en cinco enfoques aplicables en cada uno de los proyectos que ejecutan: eje ambiental, enfoque intergeneracional, enfoque de género, eje social-comunitario y eje de infraestructura.
Además, a través de su Escuela Nacional del Agua forman a las Juntas Administradoras de Agua Potable y Riego para que gestionen el agua con transparencia, equidad y visión a largo plazo.
Hasta ahora, la ONG ha logrado que 165.000 personas tengan acceso a agua limpia y segura construyendo o mejorando más de 400 sistemas de agua potable.