Bloomberg Línea — El crecimiento de la actividad económica venezolana comienza a ofrecer nuevas oportunidades para las empresas, aunque la recuperación todavía convive con inflación elevada, volatilidad cambiaria y limitaciones del poder adquisitivo.
En ese escenario, Ron Santa Teresa busca ampliar su presencia en el segmento de mayor valor del mercado con el lanzamiento de 1796 XO, un ron ultra premium que tendrá a Venezuela como primer mercado de comercialización.
La decisión coincide con nuevas expectativas sobre la apertura económica, aunque no es consecuencia de ella. Alberto Vollmer, presidente de Ron Santa Teresa, explica que el producto comenzó a desarrollarse hace dos años y que su presentación estaba prevista para octubre de 2026.
La estrategia busca ampliar el negocio de la familia 1796, que aportó el 75% del crecimiento de Santa Teresa en Venezuela durante su último ejercicio fiscal. La compañía también busca ganar espacio en un segmento en el que el ron venezolano todavía compite por posicionamiento frente a otras categorías de bebidas premium importadas.
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“Esto no es puntual, esto no es circunstancial, esto es estructural”, afirma Vollmer en conversación con Bloomberg Línea, al explicar que la construcción de ese mercado comenzó con el lanzamiento de Santa Teresa 1796 en 1996 y ha requerido décadas de trabajo en posicionamiento, exportaciones y desarrollo de la categoría.
El nuevo producto, cuyo lanzamiento fue celebrado en el centro de Caracas con la participación del conocido humorista y politólogo Laureano Márquez, aprovecha una reserva de ron añejada desde 1926, que fue localizada en los años ochenta y que la compañía decidió incorporar a una mezcla con rones de al menos 15 años.
La fecha coincide con el centenario del nacimiento de su padre, Alberto J. Vollmer, celebrado el pasado 1 de mayo, y con los 230 años de la Hacienda Santa Teresa, fundada en 1796.
La internacionalización también ha sido parte de esa estrategia. Según Vollmer, Santa Teresa comenzó a desarrollar su mercado de exportación en 1997 y posteriormente incorporó la participación en concursos internacionales como una herramienta para respaldar el posicionamiento de sus rones.
El empresario asegura que Santa Teresa 1796 acumula 121 medallas de oro, un reconocimiento que, a su juicio, ha contribuido a fortalecer la reputación de la marca y del ron venezolano en mercados internacionales.
La construcción de esa categoría también pasó por el reconocimiento de la Denominación de Origen Ron de Venezuela, declarada en 2003 y que comprende a los productores que cumplen con sus requisitos. Vollmer recuerda que Santa Teresa participó en el proceso que buscaba diferenciar el ron venezolano y darle mayor reconocimiento fuera del país.
La presentación en octubre también responde al inicio de la temporada de mayor actividad comercial para el sector licorero, entre octubre y diciembre. La estrategia contempla comercializar 1796 XO primero en Venezuela durante su primer año y después avanzar hacia mercados como Estados Unidos, España, Francia e Italia, además del canal duty free.
Vollmer explica que las cadenas internacionales de tiendas libres de impuestos habían identificado un espacio para productos cercanos a los 100 euros, especialmente en la categoría de regalos, una brecha que el nuevo ron busca cubrir dentro del portafolio de la compañía. El precio de 1796 XO
Un mercado que empieza a mostrar señales de recuperación
La decisión de comenzar la comercialización en Venezuela no respondió a una expectativa de recuperación económica. Vollmer sostiene que el lanzamiento estaba previsto con independencia de los cambios políticos y económicos recientes, aunque reconoce que las condiciones del mercado comenzaron a mostrar señales distintas durante octubre.
El último ejercicio fiscal de la compañía estuvo marcado por la brecha cambiaria, la inflación, la devaluación y los efectos de la emergencia sísmica de junio. Según su relato, durante los primeros meses del nuevo escenario político tampoco se percibía en el mercado una mayor disponibilidad de recursos ni una recuperación clara de la actividad comercial.
“Hasta septiembre no se sentía. Ahorita empieza a haber como una sensación de que sí”, señala. El empresario afirma que durante las primeras semanas de octubre la compañía comenzó a observar una aceleración de las compras y un mercado que se prepara para una temporada de mayor consumo tras la caída que pudo haberse notado tras los terremotos de junio.
La empresa ha desarrollado durante los últimos 27 años un protocolo de gestión de crisis que incluye planificación por escenarios y herramientas de análisis para anticipar cambios en el entorno. Esa preparación, explica Vollmer, le permitió operar en condiciones adversas y ahora le facilita aprovechar oportunidades que antes permanecían en espera.
El nuevo escenario también trae desafíos competitivos. Entre ellos menciona el contrabando de bebidas alcohólicas, que, según su estimación, representa cerca de la mitad de la competencia de Santa Teresa y genera una desventaja para los fabricantes que operan formalmente y cumplen con sus obligaciones tributarias.
El empresario anticipa que la normalización del mercado también traerá nuevos participantes y cambios en las rutas de distribución, por lo que la industria tendrá que adaptar sus estrategias comerciales.
La apertura necesita algo más que reformas sectoriales
Más allá de las oportunidades para el consumo y la inversión, Vollmer considera que el principal desafío de Venezuela es construir condiciones para que el sector privado pueda asumir un papel mayor en la recuperación económica.
Como presidente de la Agencia de Promoción de Inversiones de Venezuela (Conapri), plantea que el país necesita revisar de manera integral su marco regulatorio para competir por capital nacional y extranjero. La generación de empleo, sostiene, dependerá tanto de la capacidad de atraer nuevas inversiones como de la posibilidad de que las empresas existentes reinviertan sus utilidades en el país. “El gran reto es cómo generar empleo”.
Su diagnóstico parte de una transformación del papel económico del Estado. Vollmer considera que algunas empresas públicas podrían pasar a esquemas de alianzas público-privadas o a manos privadas, lo que exigiría que el sector empresarial tuviera capacidad para absorber trabajadores y desarrollar nuevas actividades productivas.
Pero esa expansión, advierte, no será posible mientras las condiciones regulatorias sigan limitando la competitividad. El empresario sostiene que Venezuela debe revisar un conjunto amplio de normas que afectan la productividad y no concentrar sus esfuerzos únicamente en la legislación laboral.
En ese contexto, reconoce los cambios impulsados en las leyes de hidrocarburos y minería, pero cuestiona su alcance y el nivel de participación de los sectores involucrados en su discusión. Considera que las reformas requieren una consulta más amplia y una visión que abarque al conjunto de la economía. “Con tres leyes no vas a arreglar el problema”.
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Vollmer también cuestiona la falta de espacios de discusión con una agenda estructural entre el sector público y el privado. Aunque reconoce que organizaciones empresariales como Conapri y Fedecámaras han participado en algunas mesas, considera que esos esfuerzos no han tenido el alcance necesario.
“Las conversaciones que se están teniendo son insuficientes. Insuficientes en su cuantía, insuficientes en su calidad y en profundidad”.
Al ser consultado sobre encuentros recientes entre representantes empresariales, autoridades venezolanas y Estados Unidos para avanzar en reformas regulatorias, sostiene que no ha habido una convocatoria de esa naturaleza, más allá de algunas iniciativas puntuales. “Aquí hay que sentarse realmente a trabajar, montar una mesa de trabajo de verdad, con una agenda de verdad, con transparencia”.
El empresario advierte que una apertura concentrada en petróleo, gas y minería podría generar ingresos y atraer capital en el corto plazo, pero no necesariamente producir el empleo ni el valor agregado que necesita una economía diversificada. Para ello, considera indispensable recuperar la capacidad industrial y crear condiciones para que otros sectores puedan competir regionalmente.
“Si nuestra economía solamente es petróleo, gas y minerales, eso no genera el empleo y el valor agregado de transformación productiva que genera, por ejemplo, el sector industrial”.
Vollmer reconoce que el interés estratégico de Estados Unidos y Europa en los recursos energéticos venezolanos está generando un cambio de paradigma y abriendo oportunidades de inversión. Sin embargo, considera que ese movimiento debe acompañarse de disciplina fiscal, reformas institucionales y una agenda que abarque al conjunto de la economía.
Entre sus propuestas destaca la creación de un fondo soberano que permita administrar parte de los ingresos provenientes del petróleo y el gas, en lugar de trasladar directamente esos recursos a la economía. Vollmer considera que este mecanismo ayudaría a evitar distorsiones sobre la competitividad de otros sectores y permitiría reservar capital para inversiones futuras.
El empresario cuestiona que la falta de recursos para atender necesidades inmediatas y el riesgo de que los acreedores reclamen esos activos se utilicen como argumentos para descartar la iniciativa.
“Si no hay fondo soberano, Venezuela, aunque paguemos la deuda, vamos a volver a fracasar”.
La discusión sobre el manejo de los ingresos petroleros está vinculada, en su planteamiento, con otro de los asuntos pendientes de la economía venezolana: la deuda externa. Vollmer considera indispensable realizar una auditoría integral antes de avanzar en una eventual reestructuración y cuestiona que se dé por sentado que los compromisos asociados a los bonos están suficientemente documentados. “Eso no está claro, a eso hay que auditarlo completo”.
El empresario menciona estimaciones de deuda que van desde US$150.000 millones hasta US$300.000 millones, aunque considera que las cifras más elevadas deben examinarse con especial cautela. Las estimaciones disponibles también varían según los compromisos que se incluyan, desde bonos e intereses hasta laudos arbitrales y otras obligaciones pendientes.
Para Vollmer, la administración de los ingresos extraordinarios de los recursos naturales y la transparencia sobre las obligaciones financieras son condiciones para evitar que el país repita ciclos de expansión y contracción asociados a su dependencia petrolera.
La interlocución empresarial con el poder político
La participación de Vollmer en espacios de interlocución entre el empresariado y el Gobierno venezolano tiene antecedentes que han generado debate político. Vollmer insiste en que el empresariado no debería limitarse a aprovechar las oportunidades que surjan de los cambios económicos, sino participar en la construcción de las condiciones que permitan sostenerlos.
Su visión de largo plazo parte de las ventajas energéticas, minerales y geográficas de Venezuela, pero también de la posibilidad de desarrollar industrias de transformación, servicios logísticos, agricultura y turismo.
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El objetivo, plantea, sería que el país alcance un crecimiento económico de dos dígitos durante los próximos diez años y eleve su producto interno bruto hasta US$300.000 millones en ese período. Se trata de un escenario aspiracional, condicionado a reformas que, a su juicio, todavía están pendientes.
Mientras tanto, Santa Teresa busca ampliar el mercado para sus rones desde Venezuela. El lanzamiento de 1796 XO estaba previsto antes de los cambios recientes, pero coincide con un momento en el que la compañía comienza a observar nuevas señales de consumo y en el que su presidente plantea que las oportunidades de inversión dependerán de transformaciones económicas que todavía están por concretarse.