Bloomberg Línea — Estados Unidos y Venezuela firmaron este miércoles en el Palacio de Miraflores el acuerdo petrolero anunciado la semana pasada por el presidente Donald Trump, formalizando una alianza que contempla el desarrollo de 17 campos con unos 65.000 millones de barriles de reservas probadas de crudo.
La firma, que se produjo durante la visita a Caracas del secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, llega después de que la Asamblea Nacional venezolana aprobara el acuerdo el martes y abre formalmente la fase de ejecución de uno de los mayores pactos energéticos alcanzados entre ambos países.
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Durante la firma, Wright celebró el acuerdo como una transformación en la relación entre ambos países y agradeció el trabajo conjunto con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, tras siete meses de negociaciones.
“Gracias, de parte del presidente de Estados Unidos, de mí mismo y del pueblo estadounidense, a Chevron, a Eni, a GE y a las muchas empresas que vendrán detrás de ustedes para traer capital, tecnología y oportunidad a Venezuela”, dijo Wright durante el acto, en referencia a las compañías que ya han anunciado o proyectan ampliar su presencia en el país.
Chevron Corp. (CVX) había anunciado más temprano una serie de acuerdos que le permitirán invertir más de US$7.000 millones durante los próximos cinco años, con el objetivo de duplicar su producción en el país hasta unos 600.000 barriles diarios en 2031.
En paralelo, la energética italiana Eni SpA (E) proyecta ampliar sus operaciones en Venezuela y aspira a superar el millón de barriles diarios de producción mediante una gran expansión de sus proyectos en el país, que estaría por anunciarse este miércoles.
El funcionario recordó que llegó a Venezuela hace siete meses para reunirse con Rodríguez y su equipo y que ambas delegaciones trabajaron “día y noche” para alcanzar el acuerdo. “Trabajamos a lo que yo llamo velocidad Trump. El presidente Trump no quería un pequeño empujón o una deriva lenta hacia lo positivo: quería ver la transformación de Venezuela lo más rápido posible”, afirmó.
El acuerdo otorga a North American Blue Energy Partners (NABEP) derechos de desarrollo sobre los 17 campos durante 100 años. Los yacimientos representan alrededor de una quinta parte de las reservas petroleras de Venezuela y el proyecto contempla una inversión de hasta US$100.000 millones para impulsar su desarrollo.
Los anuncios refuerzan la estrategia de Washington de atraer nuevamente capital y tecnología al sector energético venezolano, después de años de desinversión, deterioro de la infraestructura y sanciones que llevaron la producción del país muy por debajo de los cerca de 3 millones de barriles diarios que llegó a bombear a finales de la década de 1990. Actualmente, Venezuela produce alrededor de 1,25 millones de barriles diarios, según cifras recientes citadas por la OPEP.
Wright había anticipado horas antes de la firma en entrevista a Bloomberg Television que el objetivo de la nueva etapa era impulsar una expansión significativa de la producción petrolera venezolana. También aseguró que la nueva producción desarrollada bajo los acuerdos con Estados Unidos no estaría sujeta a derechos de cobro de China, un punto especialmente relevante ante las obligaciones financieras que Caracas mantiene con Pekín.
El secretario de Estado, Marco Rubio, por su parte, ha defendido el acuerdo durante una entrevista el martes por la noche, así como la participación del empresario venezolano Alejandro Betancourt, vinculado a NABEP, mientras ha insistido en que la estrategia petrolera no modifica el objetivo de Washington de impulsar una transición democrática en Venezuela.
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Rubio vinculó precisamente la recuperación económica que busca generar la inversión petrolera con la posibilidad de avanzar posteriormente hacia elecciones, al argumentar que Estados Unidos busca crear condiciones que permitan una transición política sostenible y no únicamente asegurar un acuerdo energético.
Con la firma de este miércoles, el acuerdo anunciado por Trump pasa así del anuncio político a su fase de ejecución, mientras las nuevas inversiones y contratos de compañías como Chevron y Eni comienzan a dar forma a la apuesta de Washington y Caracas por una expansión de la industria petrolera venezolana.