Bloomberg — Las fuerzas de seguridad venezolanas impidieron este jueves que una marcha antigubernamental llegara al palacio presidencial, después de que una vaga promesa de aumentar los salarios no lograra calmar a los trabajadores enfurecidos por la subida de los precios.
Sindicatos y pensionistas, a los que se unieron estudiantes y activistas, marcharon en Caracas exigiendo mayores salarios tras años de aumentos que no lograron seguir el ritmo de la inflación.
El enfrentamiento se intensificó cuando la policía estableció bloqueos cerca del palacio de Miraflores para impedir que los manifestantes chocaran con una manifestación progubernamental cercana.
Los vídeos compartidos por los medios de comunicación locales muestran a los agentes empujando y pateando a los manifestantes, muchos de ellos pensionistas. Algunos manifestantes llevaban huesos de animales como símbolo del hambre y los bajos salarios, mientras que otro sostenía un cartel en el que se leía “caminando a Miraflores porque no puedo pagar el transporte público y mi nevera está vacía”.
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Unos pocos manifestantes rompieron las líneas policiales, pero las fuerzas de seguridad, utilizando escudos y botes de gas, acabaron dispersando a la multitud antes de que llegara a su destino.
El enfrentamiento se produjo un día después de que la presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, prometiera un aumento del salario mínimo a partir del 1 de mayo, sin especificar la cuantía, en un intento de aliviar la presión de los trabajadores que se enfrentan a la subida de los precios y al estancamiento salarial.
La promesa ha hecho poco por reducir el descontento. Los trabajadores dicen que el salario mínimo, sin cambios en 130 bolívares, o menos de US$0,30 al mes, está muy lejos de cubrir los bienes básicos en una economía que sigue lidiando con una elevada inflación. Aunque el gobierno complementa los ingresos con bonificaciones mensuales, esos pagos no han logrado mantenerse a la par del aumento del coste de la vida.
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Las protestas han aumentado desde la toma de posesión de Nicolás Maduro en enero, y muchos venezolanos afirman que las condiciones de vida aún no han mejorado a pesar de las expectativas de una recuperación impulsada por la inversión extranjera. Las manifestaciones habían sido en gran medida pacíficas en las últimas semanas, por lo que la represión de este jueves supone un revés para los esfuerzos del gobierno por proyectar estabilidad.
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