Bloomberg Línea — El acercamiento entre Venezuela y Estados Unidos empieza a extenderse más allá del petróleo. Un cargamento de unas 15.000 toneladas de aluminio venezolano llegó esta semana a Luisiana, en una nueva señal de la reapertura comercial entre ambos países después de años de sanciones y restricciones.
El cargamento, producido por la estatal CVG Venalum, fue descargado el lunes en el puerto de Avondale, cerca de Nueva Orleans, bajo un acuerdo en el que participan la firma estadounidense Heeney Capital y la comercializadora suiza Mercuria.
Se trata del primer envío de aluminio venezolano a Estados Unidos desde 2018, según información sobre la operación.
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El movimiento fue destacado por funcionarios de la administración de Donald Trump. El secretario del Interior, Doug Burgum, estuvo presente durante la recepción del cargamento y ha presentado la relación con Venezuela como una oportunidad para ampliar el suministro de materias primas a la industria estadounidense.
La llegada del aluminio ocurre, además, en un momento en que Washington está profundizando su relación económica con Caracas a partir del acuerdo petrolero anunciado en agosto.
Ese pacto contempla el desarrollo de 17 campos venezolanos con reservas probadas de unos 65.000 millones de barriles y otorga a North American Blue Energy Partners (NABEP) concesiones de largo plazo para operar esos activos. La Casa Blanca lo presentó como una pieza central de su estrategia de seguridad energética.
Pero el aluminio introduce una dimensión distinta. Venezuela no solo está siendo considerada por Washington como una fuente potencial de crudo, sino también como proveedor de minerales y materias primas para la industria estadounidense.
Jarrod Agen, director ejecutivo del National Energy Dominance Council de la Casa Blanca, también destacó el movimiento, en línea con la agenda de la administración Trump para ampliar el acceso estadounidense a recursos considerados estratégicos.
Del petróleo venezolano a los minerales: el nuevo foco desde Washington
La ampliación del intercambio comercial coincide con una transformación acelerada de la relación entre ambos gobiernos.
Durante años, las sanciones estadounidenses limitaron las operaciones de empresas internacionales en Venezuela y dificultaron la comercialización de productos venezolanos en Estados Unidos.
Ahora, el Gobierno de Trump está impulsando una estrategia que busca utilizar los recursos venezolanos para reforzar la seguridad energética y el suministro de materias primas de Estados Unidos.
Qué dijo Burgum sobre Venezuela como socio estratégico
Durante la reunión energética del G20 celebrada en Houston en septiembre, Burgum ya había señalado que Venezuela podía convertirse en un socio estratégico para Washington y había mencionado oportunidades no solo en petróleo, sino también en minería, minerales, carbón y generación eléctrica.
El cambio también coincide con la reactivación de compañías internacionales en Venezuela. Shell, por ejemplo, ha señalado recientemente que ve una ventaja competitiva particularmente en el gas venezolano, mientras otras empresas han avanzado en nuevos proyectos petroleros.
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El envío de 15.000 toneladas es pequeño frente a las necesidades del mercado estadounidense y no supone por sí mismo una recuperación de la industria venezolana del aluminio. La importancia del cargamento está más en la señal comercial que en su volumen.
Los desafíos de Venalum para recuperar su capacidad productiva
Heeney Capital ha planteado que este será uno de varios envíos de aluminio venezolano hacia Estados Unidos y que la operación forma parte de una iniciativa más amplia de inversión estadounidense en Venezuela.
Sin embargo, todavía no se ha divulgado públicamente el valor del cargamento, el precio recibido por Venalum ni el destino final del metal. Tampoco existe un calendario público para futuros embarques.
Venalum, uno de los principales activos industriales de Venezuela, opera desde Ciudad Guayana y forma parte del complejo de empresas básicas de Guayana. Su recuperación requeriría inversiones importantes en infraestructura, energía y capacidad productiva después de años de deterioro operativo.