Bloomberg Línea — La reacción de los bancos centrales frente a nuevos shocks inflacionarios está fuertemente condicionada por las lecciones de crisis previas, de acuerdo con un análisis de Deutsche Bank.
La entidad señala que, en el actual contexto de tensiones geopolíticas y subida de los precios de la energía, los responsables de política monetaria muestran un sesgo más restrictivo, en parte para evitar repetir errores recientes en el manejo de la inflación.
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Uno de los factores centrales es la tendencia de los bancos centrales a “corregir —y a menudo sobrerreaccionar— frente a los errores percibidos de la última crisis”, según Henry Allen, estratega de Deutsche Bank. En ese sentido, el informe remarca que “la lección más reciente tiende a dominar la toma de decisiones”.
¿Qué dice la historia?
El banco traza paralelismos históricos para explicar este comportamiento. Tras el primer shock petrolero de 1973, las autoridades monetarias fueron consideradas demasiado lentas en su respuesta, lo que contribuyó a un aumento de las expectativas inflacionarias. Cuando se produjo un segundo shock en 1979, la reacción fue más contundente, con políticas más agresivas para contener la inflación.
Un patrón similar se observó tras la crisis financiera global de 2008. La recuperación económica posterior fue débil, lo que llevó a cuestionamientos sobre la falta de estímulo. En consecuencia, frente al impacto de la pandemia en 2020, los bancos centrales implementaron rápidamente recortes de tasas, programas de expansión cuantitativa y señales de una política monetaria acomodaticia prolongada.
El escenario actual
En el escenario actual, marcado por un nuevo shock inflacionario vinculado a la energía, Deutsche Bank sostiene que los bancos centrales buscan evitar los errores de 2022, cuando fueron criticados por subestimar la inflación y reaccionar tarde. “Esta vez, parecen decididos a no repetir ese error”, indica el informe, y agrega que “el sesgo ya es más restrictivo”.
Este enfoque se refleja en varios aspectos. En primer lugar, hay una menor disposición a ignorar el impacto inflacionario inicial en comparación con 2022, aun cuando el nivel de partida de la inflación es más bajo.
En segundo término, las subidas de tasas ya comienzan a ser discutidas y consideradas por el mercado, en lugar de postergarse hasta que la inflación supere ampliamente las metas. Finalmente, el contexto inflacionario acumulado también incide: la inflación se ha mantenido por encima de los objetivos durante varios años.
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En esa línea, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, reconoció recientemente que se trata de “cinco años de inflación por encima del objetivo”, lo que, según el informe, incrementa el riesgo de que un nuevo shock desancle las expectativas inflacionarias y requiera una respuesta más agresiva.
El riesgo de una tasa negativa
Deutsche Bank también actualizó sus proyecciones para la inflación en Estados Unidos. El banco estima que el índice de precios al consumidor (CPI) se ubicará en 3,81% en abril y en 4,02% en mayo. Con una tasa efectiva de los fondos federales de 3,64%, dentro de un rango objetivo de entre 3,5% y 3,75%, esto implicaría que la tasa de política monetaria real vuelva a terreno negativo el próximo mes, por primera vez desde abril de 2023.
El informe señala que, si bien existen señales iniciales que podrían apuntar a una desescalada del conflicto geopolítico, aún es temprano para confirmarlo. En caso de que las tensiones se prolonguen y los precios de la energía se mantengan elevados durante gran parte del año, el banco considera probable que los bancos centrales adopten una postura más restrictiva que la observada en el último shock inflacionario.