Sabotaje o sobredemanda: ¿Por qué falla el sistema eléctrico venezolano?

Pese a que ha mejorado la valoración de este servicio entre los venezolanos, un 56% todavía lo evalúa negativamente. Nada más en el primer semestre del año hubo 123.248 apagones en el país.

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Caracas — El fuerte bajón eléctrico que se registró en Caracas y 14 de los 23 estados del país, el pasado 12 de septiembre, reanimó el debate.

Queremos informar sobre un nuevo ataque al Sistema Eléctrico Nacional dentro de este plan de sabotaje permanente”, declaró, el día del incidente, el vicepresidente de Obras Públicas y Servicios, y ministro para la Energía Eléctrica, Néstor Reverol, quien reportó afectaciones parciales nada más en la capital y cinco estados del país. El origen: un incendio en una subestación eléctrica en Santa Cruz, estado Aragua, en la Región Central.

Las fallas eléctricas, sin embargo, persistieron en los días posteriores a este hecho, en Caracas y otros estados del país, según se refleja en los informes diarios del Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP).

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Nada más en el mes de agosto, de acuerdo con datos del Comité de Afectados por los Apagones, compartidos a Bloomberg Línea por su presidenta, Aixa López, en Venezuela hubo 18.068 “apagones”, la segunda cifra más alta registrada en lo que va del año, después de la de mayo. En total, en el primer semestre de este 2021, el comité registró 123.248 apagones en todo el país.

El de este 12 de septiembre, sin embargo, pudo no haber sido provocado. Según explica el ingeniero Víctor Poleo, hay antecedentes de “ignición espontánea” en la maleza de instalaciones eléctricas, que este experto atribuye a la falta de mantenimiento y desprofesionalización del sistema, uno que lamenta haya sido tomado por militares. El propio ministro Reverol, de hecho, lo es.

Según él, un “pequeño incendio”, como el registrado el 12 de septiembre en la subestación de Aragua, el siglo pasado, no hubiera ameritado más de 5 horas de interrupción del servicio. “En principio no hubiera ocurrido, de haberse producido por ignición espontánea”, acotó, en conversación con Bloomberg Línea, Poleo, quien fue viceministro de Energía y Minas en los primeros años del chavismo.

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Y es que detrás de todos estos incidentes, a juicio de este especialista, hay una “causa estructural”: mientras en Venezuela la oferta es de unos 8.000 megavatios, la demanda es de 10.000 mv, una cantidad, sin embargo, considerablemente menor a la de hace 20 años, cuando era de 20.000 mv.

“El sistema está en un estado tan frágil, tan vulnerable, que cualquier accidente, provocado por descuidos o no, hace que un sistema altamente complejo e interconectado, como lo es el Sistema Eléctrico Nacional, entre en problemas, y la razón no es otra que la relación entre la oferta y la demanda”, explicó a Bloomberg Línea Poleo, quien asegura que esto, además, habría llevado a un “racionamiento permanente” en el país.

Percepción ciudadana

Entre los resignados venezolanos, por supuesto, prevalece el descontento. De acuerdo con datos de la más reciente encuesta del Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP), realizada en 12 ciudades de diversas regiones del país, en el pasado mes de junio, 56% de los venezolanos valora negativamente la calidad del servicio eléctrico que recibe en sus hogares.

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Después de la medición de enero de este año -cuando 52,8% de los encuestados tenía esa valoración-, este es, sin embargo, el menor porcentaje que el OVSP ha registrado desde junio de 2019. De hecho, hay una diferencia de casi 18 puntos porcentuales con los resultados obtenidos por el OVSP en noviembre de 2020, cuando 74,1% de los encuestados hacía esta valoración.

En general, las fluctuaciones eléctricas (51,2%) son la principal razón que esgrimieron quienes sostuvieron esa opinión en la encuesta más reciente, seguidas por lo que los usuarios tildaron de “esquemas de racionamientos” (17%), el daño a los aparatos eléctricos (11,8%), la intermitencia (9,7%) y la falta de mantenimiento (6,7%).

En relación con la frecuencia de las interrupciones eléctricas, siempre según los datos del OVSP, 19% pierde el servicio todos los días y 15,3% varias veces por día. Esto último ocurre, principalmente, en ciudades como San Cristóbal, en el estado Táchira, limítrofe con Colombia, donde este porcentaje asciende a 62%. Junto a Mérida y Porlamar, en los estados Mérida y Nueva Esparta, respectivamente, estas son las tres ciudades con mayor valoración negativa de este servicio.

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No obstante, la mayoría de los venezolanos (33,8%) tiene interrupciones eléctricas entre uno y tres días a la semana. Apenas 1,1% nunca tiene cortes eléctricos en sus hogares, este porcentaje ha disminuido considerablemente desde la medición de enero, cuando 17,4% manifestó al OVSP que nunca tenía cortes, lo que representaba una considerable mejoría con respecto a mediciones previas.

Una vez ocurrida la interrupción, 57,7% de los venezolanos espera entre dos y seis horas para su restablecimiento, pero hay un 1,9% que espera entre doce y veinticuatro horas para ello.

¿Podrá mejorar el servicio?

Para Poleo, “no hay expectativa alguna” de que se normalice el servicio, mientras los militares sigan en funciones importantes dentro del sistema.

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De hecho, sentencia: “Es un sistema que hizo metástasis, mecánica y eléctrica, y seguirá muriendo poco a poco”.

Un importante grupo de ingenieros venezolanos ha estimado que, en cinco años, se requerirían de unos 15.000 millones de dólares para recuperar el sistema. La estimación, a juicio de Poleo, es “muy sobria” pues no contempla gastos extravagantes sino recuperar máquinas.

Ni la Corporación Eléctrica Nacional, ni el Gobierno los tendrían, asegura Poleo. Pero habría un elemento adicional: “Tampoco el gobierno tiene interés en rescatar el sistema eléctrico por una razón política: sin electricidad es mucho más fácil domesticar a la población”.

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Las consecuencias, sin embargo, podrían ser fatales. En otro estudio del OVSP, realizado en julio de este año, 28,1% de los consultados indicó que utilizaba mechurrios o antorchas a base de combustibles fósiles para iluminar sus hogares, cuando ocurría una interrupción eléctrica, a pesar del riesgo que la inmensa mayoría reconoció que tiene para ellos y el medio ambiente.

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