Dónde vive el 10% más rico del mundo y cuánto debería pagar por sus daños ambientales

Un estudio de las universidades de Oxford y Leiden evidencia cómo el consumo del 10% de los más adinerados del mundo impacta en hasta US$5,7 billones anuales al medioambiente.

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Bloomberg Línea — El 10% de los consumidores más ricos del mundo genera daños ambientales que oscilan entre los US$1,7 billones y los US$5,7 billones anuales, aunque los costos recaen en la sociedad en general, incluidos los más pobres, dice un informe elaborado por expertos de las universidades de Oxford y Leiden que fue publicado por Communications Sustainability este jueves.

El estudio cuantifica el impacto del cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación por nutrientes y el uso del agua dulce de estos consumidores utilizando los precios del Manual de Precios Ambientales. Su objetivo es ilustrar cómo el comportamiento “altamente contaminante” de las personas más adineradas del planeta debería ser el foco de las políticas de mitigación, es decir, “que quienes contaminen, paguen”. No que paguen todos.

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Cada persona que hace parte del 10% más rico del planeta genera daños ambientales anuales por US$2.300 y US$7.500 que, en teoría, debería pagar vía impuestos, según el reporte.

En Estados Unidos el impacto es mayor. De ahí que cada persona debería pagar más: de US$19.000 a US$63.000, equivalentes a entre el 6% y el 20% de sus ingresos o, si se quiere, entre el 0,8% y el 3% de su patrimonio.

“Si bien me resulta incómodo ponerle precio al medioambiente, ya que el verdadero valor de la naturaleza es infinito, mostrar el daño total en términos monetarios sí evidencia la magnitud de los daños y la responsabilidad del 10% más rico”, dice Inge Schrijver, investigador de la Universidad de Leiden. “El costo de los daños es mayor que el dinero necesario a nivel internacional para los fondos de clima y biodiversidad. Si quien contamina paga y ese dinero se destina a soluciones, la diferencia sería enorme”.

Una particularidad es que más del 60% del 10% más rico del mundo vive en Estados Unidos y la Unión Europea (UE). Entretanto, apenas el 2% de ese rubro vive en la India y el 2% en Egipto.

“En la UE, entre el 40% y el 45% de la población pertenece a este grupo de más ricos, y en Estados Unidos, a más de la mitad”, subraya el informe, evidenciando no solo el daño ambiental, sino la desigualdad.

La deuda podría ser más alta

Los investigadores tomaron en cuenta solamente los daños ambientales causados por el consumo personal de los más ricos, no por sus inversiones, por lo que la factura ambiental sería aún más alta.

Además, dejaron por fuera otros indicadores del impacto al medioambiente como la acidificación de los océanos, carga de aerosoles atmosféricos y agotamiento del ozono estratosférico.

Solo la pérdida de biodiversidad es el principal factor que contribuye al daño global, representando entre el 47% y el 56% del total, mientras que el cambio climático representa entre el 36% y el 45%.

Lo cierto es que los entre US$1,7 billones y US$5,7 billones anuales que podrían pagar los más ricos por sus daños superan los recursos destinados para la acción climática y la conservación de la biodiversidad en conjunto (US$1,6 billones).

“El 10% más rico es importante no solo porque causa el mayor daño, sino también porque tiene la mayor influencia para reducirlo”, dice el investigador Paul Behrens, de la Universidad de Oxford. “El capital que invierten determina qué industrias se expanden, las empresas que dirigen marcan las decisiones para todos los demás y los estilos de vida que adoptan definen lo que la gente considera normal”.

Los investigadores coinciden en que la magnitud de la factura por daños refleja los ingresos potenciales que se generarían si se aplicara el principio de “quien contamina paga” a los grupos de alto consumo.

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Y agregan que la tributación ambiental centrada en el consumo de lujo, en lugar de en los bienes básicos, podría ser más progresiva y eficaz para reducir las emisiones contaminantes. Podría, por ejemplo, ayudar a financiar las transiciones necesarias hacia la sostenibilidad, al tiempo que mejoran la equidad al trasladar la carga al 10% más rico y compensar a los hogares de menores ingresos.