Bloomberg Línea — La reducción del encaje legal aprobada por el Banco Central de Venezuela (BCV) comienza a mostrar algunos efectos sobre la disponibilidad de recursos de la banca y el crecimiento del crédito, aunque su alcance seguirá siendo limitado mientras las principales captaciones del sistema financiero permanezcan sujetas a una elevada exigencia de reservas.
La modificación, establecida mediante la Resolución BCV 26-08-02 del 13 de agosto de 2026 y publicada en la Gaceta Oficial del 11 de septiembre, redujo de 73% a 50% el encaje aplicable a los depósitos a plazo de la banca comercial y universal. Para los depósitos a la vista y de ahorro, el requerimiento se mantuvo en 73%.
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El cambio supone una flexibilización parcial de una de las principales restricciones que enfrenta la intermediación financiera en Venezuela, pero no modifica las condiciones para la mayor parte de los recursos captados por los bancos.
De acuerdo con las cifras del Banco Central citadas por Oikos Research en un análisis del 22 de octubre, los depósitos a plazo representaban apenas 0,78% de la liquidez monetaria, frente a 88,5% de los depósitos a la vista y 8,11% de los depósitos de ahorro. La liquidez total alcanzaba Bs. 3,13 billones.
Esta composición explica por qué la reducción del encaje tiene un efecto acotado sobre la capacidad de financiamiento del sistema. Aunque los bancos pueden disponer de una mayor proporción de los depósitos a plazo para otorgar préstamos, la mayor parte de sus captaciones continúa sometida al requerimiento de 73%.
Oikos Research calificó la decisión como un “saludo a la bandera” y consideró que difícilmente tendrá incidencia significativa en la generación de actividad crediticia. A juicio de la firma, la modificación solo tendría sentido si constituye el comienzo de una reducción progresiva del encaje para todas las categorías de depósitos.
El economista Hermes Pérez también considera marginal el alcance de la medida, aunque identifica señales de una respuesta gradual del sistema financiero. Según sus estimaciones, la flexibilización puede traducirse en un crecimiento adicional del crédito equivalente a entre 0,2% y 0,4% del producto interno bruto (PIB) al cierre del año.
Pérez señala que desde la entrada en vigor del cambio se ha observado un leve aumento de los depósitos a plazo, favorecidos también por el incremento de las tasas de interés. Esto ha permitido ampliar los recursos excedentes de la banca y abrir cierto margen para la colocación de nuevos préstamos.
Los datos de evolución de la cartera apuntan en esa dirección. Según los cálculos del economista, el crédito creció 3% en septiembre, medido en dólares al tipo de cambio oficial, y acumulaba un incremento de 4% en octubre hasta el día 9.
Pérez advierte, sin embargo, que no todo ese crecimiento puede atribuirse a la modificación del encaje. La medida ha contribuido a una expansión moderada de los recursos disponibles, pero su efecto sobre el financiamiento sigue siendo reducido.
En su evaluación, si continúa el crecimiento de los depósitos a plazo, también aumentarán los recursos que los bancos pueden destinar al crédito. Bajo ese escenario, estima que el financiamiento podría registrar un avance adicional de entre 0,2% y 0,4% del PIB en lo que resta del año.
Una flexibilización todavía parcial
El encaje bancario establece la proporción de los depósitos que las instituciones financieras deben mantener inmovilizada en el BCV y que, por tanto, no pueden utilizar para conceder préstamos. Una reducción libera recursos potencialmente prestables y puede favorecer la intermediación financiera.
En Venezuela, este instrumento se ha convertido en una de las principales restricciones para la expansión del crédito, al limitar la capacidad de los bancos para transformar los depósitos en financiamiento para empresas y hogares.
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Oikos cuestiona, además, el uso del encaje como herramienta de política monetaria por las distorsiones que genera en el sistema financiero y el costo que representa para las instituciones. Según su análisis, esa carga puede trasladarse a los clientes mediante mayores tasas de interés activas y menores remuneraciones por sus depósitos.
La reducción parcial abre así un margen para que la banca incremente sus colocaciones, pero no supone un cambio sustancial en las condiciones de liquidez del sistema. Mientras el BCV mantenga el elevado requerimiento sobre los depósitos a la vista y de ahorro, la posibilidad de ampliar el financiamiento seguirá dependiendo, en buena medida, de que aumenten las captaciones a plazo y los recursos disponibles para prestar.