Buenos Aires — Cada 24 de marzo, la conmemoración del golpe de Estado de 1976 vuelve a ocupar un lugar central en la agenda argentina, como una referencia ineludible para comprender la historia reciente del país. Por su importancia, los historiadores y especialistas aún estudian el proceso, sus consecuencias y las marcas que dejó en la sociedad, en un contexto en el que el paso del tiempo no ha reducido su relevancia ni la vigencia de los debates que lo atraviesan.
Marina Franco, magister y doctora en Historia de Université Denis Diderot de París, sobre el 24 de marzo, señaló: “Pasaron 50 años y la dictadura sigue siendo una herida abierta en la sociedad argentina por las miles de vidas truncas, y porque hay quienes todavía esperan alguna forma de verdad y reparación”.
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“Pero, más allá de las heridas, es importante volver a recordar otro dato de fondo: la última dictadura y el impacto de la violencia extrema cambiaron la historia argentina contemporánea”, puntualizó.
De ese modo, resaltó: “El país en el que hoy vivimos, las bases de nuestro presente, son resultado de lo que la dictadura nos dejó y de lo que la sociedad argentina pudo hacer con ello”.
Las claves para entender el impacto de la dictadura
Según manifestó la historiadora, hay “cuatro datos claves para entender por qué la dictadura cambió la historia”.
Franco remarcó que “la última dictadura y la brutalidad de su impacto cambiaron las reglas de juego de la política: la democracia se transformó en el régimen aceptado y legítimo para todos los actores del sistema. Aunque se trate de una democracia frágil institucionalmente y muy frustrante para las mayorías”.
También expresó que “las Fuerzas Armadas desaparecieron como actor central de la vida política argentina". “Con ello se terminaron los golpes de Estado que caracterizaron todo el siglo XX y se terminó la convocatoria civil a las Fuerzas Armadas para que resolvieran los conflictos por la fuerza. La experiencia de la violación masiva de los derechos humanos hizo inaceptable, de allí en más, la violencia masiva y sistemática del Estado”, apuntó.
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Así, sostuvo que “la sociedad argentina construyó un valor en torno a los derechos humanos y la justicia de lesa humanidad que, con todos sus límites, es excepcional en el mundo entero”.
“La dictadura dejó un país con las reglas del juego económico y social completamente modificadas. También dejó un país más fracturado y desigual en el que seguimos viviendo, con una democracia que no logra garantizar crecimiento e integración social. Desde entonces, la Argentina hace y deshace su presente con este legado”, opinó la autora del libro La última dictadura, publicado por Pequeño editor.
Un momento de reflexión colectiva
Por su parte, Federico Lorenz, historiador y novelista, consideró: “Desde mediados de la década de 1990, los aniversarios del golpe crecieron en poder de convocatoria y, a la vez, fueron ocasiones propicias para discutir los múltiples aspectos de una década controvertida, el momento de las mayores esperanzas y las más profundas bestialidades que nuestro país presenció y actuó”.
De esa manera, el también investigador independiente del CONICET destacó que “a medida que el 24 de marzo pasó de ser un momento fundacional de ese proyecto a la ocasión para conmemorar las consecuencias de la dictadura, y denunciar sus crímenes, el paso de los años permitió que la sociedad argentina encontrara en esa conmemoración el momento para llevar a la plaza pública sus reclamos más urgentes”.
“De un modo impensado, a la evocación de las víctimas, a la demanda de justicia, a la reivindicación de sus luchas, se sumaron demandas económicas, ambientales, culturales, de las diversidades. De allí que este hito de la memoria, que comenzó como un recuerdo de la muerte, es en realidad, mientras esas discusiones sigan abiertas, y esos reclamos se renueven junto con las generaciones que las movilizan y sostienen, un instante vital. Un momento de recuerdo e imaginación del futuro. Quizás el mayor homenaje”, analizó el autor de El árbol del Coyote, publicado por la editorial La Flor Azul.
La cronología de la última dictadura argentina
El golpe militar del 24 de marzo de 1976 se produjo tras la muerte de Juan Domingo Perón en 1974, cuando el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón enfrentaba una grave crisis: hiperinflación tras el “Rodrigazo”, violencia política generalizada por parte de organizaciones armadas de izquierda como Montoneros y ERP y paros frecuentes.
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La dictadura cometió violaciones sistemáticas a los derechos humanos, entre las cuales la más grave fue la desaparición forzada de personas: miles de individuos fueron detenidos ilegalmente por fuerzas de seguridad, torturados en centros clandestinos de detención y luego asesinados sin juicio ni proceso legal alguno, con el objetivo de erradicar cualquier forma de oposición armada o ideológica considerada subversiva.
Duró casi siete años y medio, desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983, cuando se restauró el gobierno constitucional. Su final se precipitó tras la derrota argentina en la Guerra de Malvinas contra el Reino Unido en junio de 1982, que generó una profunda crisis interna, la renuncia del presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri y un rápido proceso de transición democrática impulsado por la presión social.