Así se movió el precio del oro desde máximos hasta su desplome en marzo de 2026

El metal precioso venía a un ritmo imparable, rompiendo techo tras techo, pero fue golpeado por la guerra en Irán.

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Bloomberg Línea — El oro venía de hilvanar tres años de fuertes movimientos alcistas (13,1% en 2023; 27,2% en 2024; y 64,6% en 2025) y en el inicio del 2026 se encaminaba a seguir esa racha: el 28 de enero tocó máximo histórico de cierre de US$5.417,21 la onza troy y no encontraba un techo.

Sin embargo, en febrero tuvo un comportamiento bajista que se profundizó en marzo, una vez desatada la guerra en Irán.

Al cierre de la tercera semana del mes, que coincide con la tercera semana de la declaración de guerra, el metal precioso se ubica en torno a los US$4.600, casi US$1.000 por debajo de precios intradiarios que supo alcanzar hace menos de dos meses.

Si bien el oro se encuentra positivo en lo que va del año (había finalizado el 2025 en US$4.319,17), las caídas de los últimos días han decepcionado a quienes esperaban una reacción positiva, por sus históricas propiedades de activo refugio.

Y sufrieron aún más la caída los inversores posicionados en la minear aurífera Barrick Mining Corp. (B), cuyo precio se desplomó más de un 15% en el tiempo transcurrido de 2026.

Por qué el oro no está actuando como refugio

El comportamiento reciente del oro en un contexto de tensión geopolítica responde a una combinación de factores. Parte de esta dinámica fue explicada por la analista de mercados de XTB Latam Emanoelle Santos, quien identifica distintos mecanismos que ayudan a entender la caída del metal.

En primer lugar, aparece la necesidad de liquidez. Según consigna Santos, en episodios de fuerte corrección en la renta variable —con el S&P 500, el Dow Jones Industrial Average y el Nasdaq Composite en mínimos desde noviembre— los inversores suelen vender los activos más líquidos. En ese contexto, el oro se convierte en una fuente rápida de efectivo, más allá de sus fundamentos.

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Santos explica que este patrón ya se observó en la crisis financiera de 2008 y en el inicio de la pandemia, cuando el metal llegó a moverse en la misma dirección que las acciones en momentos de estrés extremo.

Un segundo canal tiene que ver con el contexto macroeconómico. El petróleo por encima de los US$100 por barril refuerza las presiones inflacionarias y limita el margen de acción de la Reserva Federal. Sin expectativas claras de recortes de tasas en el corto plazo, el oro pierde atractivo frente a activos que sí generan rendimiento, como los bonos del Tesoro. “Cuando las tasas se mantienen elevadas, el costo de oportunidad de mantener oro aumenta”, señala la analista.

A esto se suma un factor técnico. El oro llegó a este episodio tras un rally que lo dejó en niveles de sobrecompra. De acuerdo con Santos, muchos inversores institucionales ya estaban posicionados y optaron por tomar ganancias ante los primeros repuntes, en lugar de ampliar su exposición.

Por último, la ejecutiva destaca que el rol del oro como activo refugio no es constante. Depende del tipo de shock que impacta en los mercados. En escenarios donde la volatilidad está impulsada por commodities —como ocurre actualmente con el petróleo— el metal puede perder su comportamiento defensivo e incluso moverse en línea con la renta variable.

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En la misma sintonía, Diego Montalbetti, de Capitaria, agrega que el comportamiento del oro debe leerse bajo la lógica de una “trampa de liquidez”. En contextos de estrés financiero, coincide con Santos, los inversores suelen desprenderse de los activos más líquidos para cubrir pérdidas en otros segmentos o reforzar posiciones de efectivo. En ese esquema, el oro pasa a funcionar como una fuente inmediata de liquidez, lo que refuerza la presión vendedora incluso en un entorno geopolítico adverso.

El análisis incorpora además el rol del dólar en el escenario actual. Según Montalbetti, la moneda estadounidense se consolidó como principal refugio, en un contexto en el que la Reserva Federal mantiene tasas de interés elevadas para contener la inflación. Con rendimientos atractivos en los bonos del Tesoro, el oro enfrenta un mayor costo de oportunidad, dado que no genera intereses.

Bullish hacia adelante

Aun así, el sesgo de largo plazo no se modificó desde la óptica de XTB Latam. En línea con este diagnóstico, Emanoelle Santos señala que el consenso entre grandes bancos de inversión mantiene proyecciones alcistas para el metal.

De acuerdo con Santos, la perspectiva bullish se apoya en factores estructurales:

  • una mayor fragmentación geopolítica
  • déficits fiscales elevados en las principales economías
  • la continuidad de la demanda de bancos centrales, que siguen diversificando sus reservas.

En el corto plazo, sin embargo, la analista advierte que el precio del oro permanece condicionado por la combinación de ventas por liquidez en episodios de estrés, tasas de interés elevadas —en parte sostenidas por el nivel del petróleo— y una posición técnica exigida tras el rally previo al conflicto.

En ese marco, el foco del mercado pasa por identificar qué condiciones podrían revertir la fortaleza del dólar y habilitar un nuevo impulso alcista del metal.