La venta masiva de acciones tecnológicas borró parte del entusiasmo por la inteligencia artificial, arrastró a los fabricantes de chips y golpeó a los mercados desde Asia hasta Wall Street.
Ahora se prevé que el oro alcance los US$4.300 la onza en el tercer trimestre, lo que supone un descenso de más de una quinta parte con respecto a las previsiones anteriores.
La entidad rebajó su perfil de previsiones para el metal al considerar que las expectativas de tasas han ganado peso frente al petróleo, mientras los flujos de inversión y la demanda asiática pierden impulso.
La combinación de acciones en máximos históricos frente al PIB, un bitcoin en corrección y materias primas más volátiles ha llevado a trazar paralelos con 1929 y 2008.
El objetivo revisado de US$4.900 por onza para diciembre implica que aún se espera que el oro gane terreno en el segundo semestre, aunque en menor medida de lo previsto anteriormente.
La reducción de las tensiones en Medio Oriente impulsó el apetito por el riesgo en los mercados, aunque las expectativas de tasas de interés más altas en Estados Unidos continuaron limitando el optimismo de los inversionistas.
El acuerdo entre Estados Unidos e Irán hundió los precios del crudo, favoreció a los activos emergentes y desplazó la atención del mercado hacia la reunión de la Reserva Federal.