Según el BID, la región está en una posición privilegiada para convertir los rápidos avances tecnológicos y las necesidades energéticas globales en motores de crecimiento.
El encarecimiento del crudo reconfigura el panorama para América Latina, una región con exportadores de petróleo, pero también con economías dependientes de importaciones energéticas.
El mejor inicio de año de las acciones latinoamericanas desde 1991 choca con un shock externo: petróleo al alza, mayor aversión al riesgo y presión cambiaria.
En Centroamérica y el Caribe, un seguro paramétrico regional desembolsa fondos unos 14 días después de los desastres, aunque la mayor parte de los daños sigue sin cobertura.
La acción representa una escalada en los esfuerzos de la administración Trump por atacar a grupos e individuos sospechosos de tráfico de drogas en América Central y del Sur.
El BID ve un entorno externo caracterizado por un aumento en las tensiones geopolíticas, cambios en las políticas comerciales y un alza en las tasas de interés mundiales.
Según estimaciones citadas por UNOPS, las adquisiciones públicas representan hasta un 30% del presupuesto general del Estado y tienen un alto riesgo de caer en corrupción.
México y Colombia enfrentan inflación persistente por salarios y políticas fiscales. Brasil podría recortar tasas. Costa Rica mantiene inflación baja y política monetaria rígida.
El sector logístico e industrial se mantiene como el favorito, a la par que se está consolidando como el principal refugio de capital, de acuerdo con la consultora CBRE.
La consistencia de las proyecciones para 2026/27 coloca a Brasil en el centro del ajuste global y desplaza el foco desde la escasez hacia la recomposición de inventarios.