Buenos Aires — La nueva caída de la recaudación en Argentina reavivó los interrogantes respecto de cómo hará el gobierno de Javier Milei para sostener el superávit fiscal, principal bastión de su programa económico.
Si bien economistas privados descuentan que el oficialismo hará lo necesario para sostener el equilibrio de las cuentas públicas, las estadísticas oficiales revelaran que la recaudación acumuló en abril su novena caída interanual consecutiva en términos reales, lo que llevó a analistas y consultores a insistir acerca de la sostenibilidad del ancla fiscal, a la que el exministro de Hacienda Alfonso Prat-Gay calificó como ‘la vaca sagrada’ del plan económico.
La presión sobre el superávit
“La caída de la recaudación nacional exige ajuste del gasto y privatizaciones”, alertó la consultora Equilibra el lunes, minutos después de que se conociera el dato de abril. Para el cuarto mes del año, la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) informó una recaudación de ARS$17,4 billones, con una variación interanual de 27,2%.
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Ante ese escenario, analistas privados calcularon que la caída en términos reales habría oscilado entre 3,7% y 4,1%. La magnitud final de ese retroceso podrá medirse una vez que el Indec de a conocer el dato de inflación de abril.
“Suponiendo una inflación en el rango de 2,5% a 2,8% en el mes, la variación real interanual apunta a una merma en el rango de 3,8% a 4,1% a/a en la recaudación, siendo esta la novena caída mensual consecutiva para la recaudación real interanual”, resumió Grupo SBS en un informe.
Al interior de esa caída, desde la firma detallaron que el IVA interno habría caído entre 1,2% y 1,5% interanual real mientras que el IIGG habría cedido entre 3,2% y 3,5% interanual real. Débitos y Créditos, en cambio, se habría expandido entre 1,9% y 2,2% interanual real, mientras que “los derechos de exportación e importación habrían caído 34,6% y 12,7% interanual real, respectivamente”.
“Excluyendo tributos vinculados al comercio exterior, la recaudación real se habría contraído entre 1,9-2,1% a/a. Tributos vinculados al empleo también cayeron en términos reales”, analizó SBS.
Desde Equilibra, por su parte, también analizaron al detalle la evolución de cada indicador pero agregaron que en lo que va de 2026, la recaudación tributaria acumula una contracción real de casi 7% interanual.
Pese a ello, el Gobierno logró sostener el superávit en el primer trimestre del año y en los primeros tres meses del 2026 acumuló un superávit primario de 0,5% del PBI y financiero de aproximadamente 0,2% del producto.
Hacia adelante, desde el equipo económico confían en que la recaudación dejará atrás la dinámica observada en meses recientes de la mano de un repunte de la actividad.
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Privatizaciones y contraer el gasto
Pero desde la consultora que encabeza Martín Rapetti ven que el deterioro de la recaudación “fuerza tanto al gobierno Nacional como a las provincias a contraer el gasto público para evitar el deterioro de las cuentas fiscales”.
Es que según anticiparon, “la perspectiva para los ingresos tributarios que van a las arcas del sector público Nacional no son muy auspiciosas, ya que a partir de la implementación del FAL en julio, ANSeS dejará de percibir 3 p.p. de contribuciones patronales”.
Como conclusión, creen que “este año el Ejecutivo tendrá que defender el equilibrio fiscal a fuerza de ajuste del gasto y privatizaciones (ingresos no tributarios)”.
El ministro de Economía, Luis Caputo, ya anticipó que buscarán sumar US$2.000 millones vía privatizaciones este año. De hecho, la privatización de la represa del Comahue, que aportó US$700 millones sobre el cierre de 2025, fue clave para impulsar el resultado fiscal de enero, al aportar recursos por alrededor de ARS$1 billón.
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Claudio Caprarulo, economista y director de la consultora Analytica Argentina cree que “el Gobierno va a priorizar sostener el superávit primario por sobre cualquier otro indicador”.
“Para empezar, este año los subsidios económicos crecen respecto al año pasado. Retomar un sendero decreciente es una de las herramientas que tiene a mano. Al mismo tiempo, en mayo actualizó el impuesto a los combustibles. Lógicamente en ambos casos la contracara es poner más presión sobre la inflación”, expresó.
Matías Surt, economista de Invecq, también cree que el compromiso fiscal del Gobierno es inamovible por lo que espera que “van a hacer lo que sea para para sostener el equilibrio”. Pese a ello, recordó que en abril siguieron cayendo tanto la recaudación total como la recaudación de los impuestos vinculados a la actividad, pero añadió que “en ambos casos la caída se desacelera”.
Por ese motivo, el analista cree que la caída de la recaudación “es un tema para atender”, dado que “el Gobierno tiene poco espacio para seguir ajustando el gasto”. Como ejemplo, citó que ahora el oficialismo busca demorar la normalización tarifaria y sostuvo los subsidios para el gas.
“Si la inflación a partir de ahora empieza a desacelerarse en el margen, entonces lo que licuaron jubilaciones en los últimos meses ahora se va a revertir. Entonces, hay poco margen desde el desde el gasto”, explicó antes de recordar que las privatizaciones podrían aportar aire a las cuentas públicas vía ingresos extraordinarios.
De todos modos, cree que si la actividad lograra repuntar en el margen y crecer este año entre un 2% y 3% a partir de los meses que vienen, esa dinámica “podría ponerle un piso a esa caída de los recursos”.
Un informe de la consultora MAP enviado a clientes un mes atrás ya advertía respecto de la dinámica vinculada a la recaudación. Titulado ‘No alcanza con pasar el invierno’, indicaban que “emergen tensiones” vinculadas a la dinámica fiscal.
“El ancla fiscal enfrenta mayores presiones por ingresos débiles y menor margen para seguir ajustando el gasto”, señalaron. Y agregaron que “en el plano estructural, menor presión tributaria, mayor necesidad de inversión pública y un costo financiero al alza configuran una tensión que eleva el esfuerzo requerido para sostener el equilibrio en el tiempo”.
A juicio de los analistas de MAP, “el programa enfrenta tres tensiones clave en el frente fiscal: dos de corto/mediano plazo —vinculadas a la capacidad de financiamiento y a la dinámica fiscal reciente— y una de más largo plazo, asociada a la calidad de la estructura tributaria y la composición del gasto”.
Por entonces, con datos disponibles hasta febrero, anticipaban que “sostener el equilibrio fiscal se vuelve cada vez más desafiante”, dado que hasta noviembre, la dinámica estuvo muy vinculada a la eliminación del impuesto PAIS, a la modificación del impuesto sobre los Bienes Personales y a la reducción de retenciones. Sin embargo, en consideraban que en meses recientes “el deterioro se volvió más generalizado” producto de que el empleo comenzó a aportar negativamente, que se profundizó la caída de los ingresos asociados a importaciones y que los impuestos vinculados a la actividad también mostraron mermas.
Ante ese escenario, analizaron que “sostener el superávit ya no depende solo de la disciplina fiscal, sino también de la capacidad de la economía de recuperar tracción”, en un contexto en el que también observaron que el Gobierno cuenta con menor margen para seguir recortando gastos dado que aproximadamente la mitad del gasto –jubilaciones y AUH– está indexada por fórmula, mientras que el resto de las partidas se ubica en mínimos desde 2009.
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