La otra cara del superávit comercial argentino: dinámica de la actividad limita importaciones

El intercambio comercial se destacó por un récord en las exportaciones, pero también por una caída en las importaciones en el primer trimestre que refleja el débil desempeño de la industria, el consumo y los salarios.

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Buenos Aires — Argentina registró en marzo el mayor superávit comercial (US$2.523 millones) para ese mes desde 2010. El dato estuvo impulsado por el récord mensual de las exportaciones, pero también por una dinámica menos virtuosa: la debilidad de la actividad económica, que limita la demanda de importaciones y deja señales de estancamiento en sectores clave.

En marzo, las importaciones totalizaron US$6.122 millones, lo que representó una suba interanual de 1,7%, según datos del INDEC. Sin embargo, el crecimiento estuvo explicado exclusivamente por el aumento de precios, que avanzaron 5,8%, ya que las cantidades importadas cayeron 3,7% en comparación con el mismo mes del año anterior. En términos desestacionalizados, apenas mostraron una leve mejora mensual.

No se trató de un hecho aislado: en el primer trimestre del año, las importaciones totalizaron US$16.345 millones, 7,3% por debajo de los US$17.636 millones del mismo período del año anterior.

En paralelo, y según el último dato publicado por el Indec, la economía argentina registró en febrero su mayor caída mensual desde 2023, con el comercio minorista y la industria metalúrgica entre los sectores más afectados.

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De acuerdo con la consultora Abeceb, la dinámica de las importaciones refleja un comportamiento dispar entre rubros, pero con un sesgo general de debilidad. Se destacaron las caídas en Combustibles y Lubricantes (-38,5%) y en Piezas y Accesorios para Bienes de Capital (-18,1%), ambos con bajas tanto en precios como en cantidades. A su vez, los Bienes de Capital retrocedieron 3,1% en cantidades, mientras que el crecimiento en Bienes Intermedios (+9,2%) y en Bienes de Consumo (+4,0%) se mantuvo acotado.

El informe de la consultora advierte que este comportamiento responde, en parte, “a un nivel de actividad menos dinámico de lo esperado, especialmente en la industria que reflejó guarismos negativos en marzo”.

En ese contexto, señalan que la falta de impulso del consumo y del sector productivo podría derivar en un superávit comercial mayor al previsto, aunque impulsado más por la moderación de las importaciones que por un salto adicional de las exportaciones. Al mismo tiempo, factores externos como el conflicto en Medio Oriente podrían sostener los precios de la energía, los alimentos y los metales, favoreciendo a la canasta exportadora argentina.

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Para Banco Comafi, la parálisis de las importaciones es un síntoma de una economía que exhibe señales de estancamiento cuando se excluyen los sectores transables. En ese sentido, subraya que la actividad mostró caídas recientes —con un retroceso mensual del 2,6% en el EMAE— y que, sin el aporte del agro y la minería, la contracción fue similar.

El informe agrega que este bajo dinamismo se refleja en el deterioro de los ingresos. El salario real del sector privado registrado acumuló seis meses consecutivos de caída hasta febrero, con una pérdida de 3,6% desde noviembre, mientras que el sector público mostró retrocesos aún más profundos. En este contexto, la menor capacidad de consumo y producción se traduce en una demanda contenida de importaciones, que termina ampliando el superávit comercial.

En paralelo, este escenario también se refleja en el frente cambiario. Con un flujo sostenido de divisas y una demanda importadora acotada, el Banco Central aceleró sus compras en el mercado, con un promedio diario de US$154 millones en abril y un saldo positivo superior a US$6.400 millones en lo que va del año.