Buenos Aires — El gobierno de Javier Milei cuenta con dos ventajas que no tuvo Mauricio Macri para avanzar con reformas estructurales: el equilibrio fiscal desde el primer día y un mandato social claro de cambio de régimen económico. Así lo evaluó Hernán Iglesias Illa, autor de Golden Boys —un libro de culto para quienes se desempeñan en el mercado argentino— y fundador de la revista Seúl, quien fue subsecretario a cargo de la Comunicación Estratégica en la Jefatura de Gabinete durante gran parte del gobierno de Cambiemos.
“Macri siempre iba corriendo detrás del déficit. El primer año se desperdició la posibilidad de atacar el déficit con más firmeza, pero tampoco había un mandato ni social ni dirigencial para hacerlo”, señaló Iglesias Illa en La Estrategia del Día Argentina, el podcast de Bloomberg Línea. “El cambio que la gente pedía frente al kirchnerismo era más de estilo político que de régimen económico”.
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Iglesias Illa, quien también es autor de American Sarmiento (2013) y Cambiamos (2016), y fue coautor del libro Primer Tiempo de Macri junto a Pablo Avelluto y Hernán Lombardi, considera que el equilibrio fiscal que mantiene el actual gobierno es una lección aprendida de la experiencia de Cambiemos, ejecutada en muchos casos por las mismas personas que estuvieron en aquel gobierno, empezando por el ministro Luis Caputo.
La segunda ventaja, según su análisis, es que la crisis económica que heredó Milei —más grave que la de 2015— generó un mandato popular de cambio económico que Macri no tuvo. “Se puede trabar la cosa [para Milei], pero que haya un retroceso lo veo menos probable”, afirmó.
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Lograr un consenso sobre el orden macro
Para Iglesias Illa, la gran deuda de la clase política argentina en 42 años de democracia es la estabilidad económica. “La estabilidad política se ha logrado, te puede gustar más o menos el funcionamiento de nuestra democracia, pero funciona. En cambio la economía ha sido un desastre”, sostuvo. Esa convicción cementa su posición frente al gobierno: apoya contundentemente el rumbo económico pese a tener algunos reparos en relación a las formas y el estilo.
El escritor advirtió sobre esto último: “Si llega a salir mal, que en Argentina todo puede salir mal, puede volver a haber un desprestigio de las ideas de la racionalidad económica”, alertó, trazando un paralelo con lo ocurrido tras la crisis de 2001, cuando el kirchnerismo cabalgó sobre la impopularidad del liberalismo económico.
“Si el gobierno no empieza a involucrar a otros en su propio proyecto, a hacerlos parte, puede volver a pasar esto: que si sale mal, sea muy fácil hablar mal de la responsabilidad fiscal durante mucho tiempo. El kirchnerismo hacía cosas con eso, o sea, te perseguía; estos son más de ladrar, menos de morder”, consideró.
Y sumó: “Todavía no encontraron una crítica que les parezca genuina, constructiva. Siempre el que critica está animado por intereses espurios o una personalidad malvada, intrínseca, profunda”.
Confrontación en redes y peronismo
Sobre el estilo confrontativo en redes sociales y con periodistas, se mostró menos alarmado: “Mientras no hagan cosas que sean malas para las instituciones, me parece más ruido de fondo que algo estructuralmente negativo”.
“Y hay, me parece, en el estilo presidencial de los últimos meses, una especie de suavizamiento, por decirlo de alguna manera”, dijo Iglesias Illa.
Respecto a la posibilidad de que el peronismo converja hacia un consenso macroeconómico, Iglesias Illa se mostró escéptico. “Hasta que el peronismo no esté dominado por una facción que comparta este diagnóstico sobre el orden macro, el riesgo país no va a ser 100”, opinó.
En ese sentido observó que el principal desafío político de Cristina Kirchner es Axel Kicillof, “que comparte sus ideas e incluso uno podría decir que es más dogmático en sus ideas económicas”.
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El PRO busca su lugar
Consultado sobre el futuro del PRO, Iglesias Illa planteó una paradoja: el partido fundado por Macri triunfó en el sentido de que sus ideas económicas hoy son mainstream y están en el gobierno, muchas veces ejecutadas por el mismo equipo que estuvo entre 2015 y 2019. Pero ese mismo éxito le plantea interrogantes sobre su rol en los próximos dos años.
Y agregó que cuando funcionarios del PRO pasan al oficialismo, “lo mejoran”, en contraste con los primeros meses del gobierno cuando “sacaba sus recursos humanos de lugares poco confiables”.
“La gente que [el PRO] trajo a la política está en el gobierno. El electorado social que construyó está votando a favor del cambio. ¿Qué rol le queda? Un rol más finito, sin dudas”, analizó.
Sobre Macri, opinó que “no es un tipo que le interese tener poder”, lo que limita la intensidad de su participación.
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Scott Bessent y el rescate de la “coalición cosmopolita”
Sobre la intervención del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, en la previa electoral para frenar la corrida contra el peso, Iglesias Illa fue enfático: “Lo que logró el gobierno con el apoyo de Estados Unidos es inédito”.
El escritor enmarcó la crisis en el histórico “empate hegemónico” argentino entre dos coaliciones —una más cosmopolita y otra más nacionalista— que generó décadas de estancamiento. “Bessent de alguna manera nos rescató, evitó la derrota de la coalición cosmopolita. Fue importante porque permitió llegar a las elecciones a un gobierno en minoría, débil en muchas cosas, que estaba intentando un camino”.
Lo que más le sorprendió fue la resistencia inicial del mercado a creer en el respaldo estadounidense. “Bessent dijo ‘voy a hacer lo que haga falta’ y los mercados argentinos todavía no le creían. Hubo una semana en la que los bonos seguían cayendo y el dólar seguía subiendo. Él no lo podía creer, según testimonios que he recogido”, relató. “Hubo gente que perdió plata por desconfiar, por la tradición de Argentina”.
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Golden Boys: el libro que se escribió de madrugada en la Gran Manzana
Iglesias Illa recordó que Golden Boys, publicado hace 18 años, nació de un concurso de la Fundación García Márquez y Planeta. Ganó con un proyecto basado en observaciones que había acumulado jugando al fútbol con argentinos de Wall Street en Nueva York, adonde se había mudado sin un plan claro. El premio de US$20.000 le permitió comprar ocho meses de dedicación casi exclusiva al libro, que terminó escribiendo de madrugada: empezaba a las 12 de la noche y terminaba a las 6:00-7:00hs de la mañana.
Su tutor en el concurso fue Martín Caparrós, quien lo empujaba hacia “una comedia de maneras” que se burlara de los protagonistas. Pero el libro tomó otro rumbo. “Terminó siendo un libro muy pro mercado de capitales, que explica el valor de las finanzas”, reconoció Iglesias Illa.
“A pesar de que estábamos en el apogeo del kirchnerismo, que era muy antifinanzas, el libro básicamente dice que una macroeconomía ordenada es fundamental para un país, todo lo demás no importa. Y son 18 años después y recién ahora estamos dando pasitos en ese sentido”.
Una de sus partes favoritas es la reconstrucción del viaje que organizó Javier Timerman para llevar a analistas argentinos de Wall Street a reunirse con Fernando de la Rúa, Domingo Cavallo y Federico Sturzenegger en 2001. “Había 12 personas en esa reunión y yo hablé con 10. Para todos había sido tan inolvidable que todos se lo acordaban muy bien”, contó. Los analistas se fueron con la sensación de que “el gobierno no estaba con la claridad mental necesaria como para dar vuelta la situación”.
El éxito de los argentinos en Wall Street —en 1996 todos los departamentos de mercados emergentes de los grandes bancos de inversión estaban liderados por argentinos— se explica, según el autor, por dos factores: la falta de oportunidades en el mercado local, que los hacía quedarse en Nueva York mientras brasileños y mexicanos volvían a sus países, y el entrenamiento que les dio operar en contextos de alta inflación e incertidumbre desde los años 70. “Aprendieron muy rápido a reaccionar, a poder hacer cosas en contextos de mucha incertidumbre. Eso era una ventaja que tenían los argentinos”, explicó.
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Los medios y el desafío de la supervivencia
Iglesias Illa, que en enero cumplirá cinco años al frente de la revista Seúl, compartió su visión sobre la crisis del modelo de negocios de los medios tradicionales. “Lo único que puede rescatar a los medios es una comunidad de suscriptores”, afirmó. La publicidad digital, según su análisis, genera distorsiones importantes: títulos diseñados para conseguir tráfico, notas donde “lo importante no está hasta el séptimo párrafo”.
Seúl opera sin financistas externos y logra el equilibrio con suscriptores y algunos anunciantes. “No hay otra opción. Recibimos X guita por nuestros suscriptores, X guita por los avisos, y con eso tenemos que financiar lo que hacemos”, explicó. El equipo es de siete personas y, fiel a su personalidad de “ermitaño”, admitió que no se ve liderando una organización mucho más grande.
Sobre su futuro en la política, fue claro: “Me gustaría ser una persona de los libros y las ideas, como lo era antes”. Aunque valoró lo aprendido en sus cuatro años en Casa Rosada: “La freidora de estar en el gobierno te da una cercanía de las limitaciones, de lo difícil que es empujar un papel en el Estado. Eso enriqueció muchísimo mi mirada”.