Buenos Aires — La industria textil argentina atraviesa una crisis que volvió a quedar reflejada en una caída interanual de las ventas promedio del 8,4% en el primer bimestre del año. Este nuevo retroceso llega en momentos en los que el mercado interno no logra reactivarse ante una fuerte retracción de la demanda, exceso de inventarios y la apertura comercial que dispuso el gobierno de Javier Milei, que apuntó en numerosas oportunidades contra los precios de la indumentaria en Argentina y sus elevados márgenes.
En el inicio de este 2026, el sector consolidó una tendencia negativa que se repite en 12 de los últimos 13 relevamientos realizados por la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria. En términos de volumen, el 63% reportó una baja en sus ventas, mientras que apenas un 30% logró incrementarlas.
Aunque el deterioro muestra una desaceleración respecto del bimestre previo, en el sector advierten que “el panorama sigue siendo crítico”. La mejora marginal no alcanza para compensar una dinámica de fondo marcada por la debilidad del consumo. Desde hace dos años, el sector identifica a la falta de demanda como principal problema estructural, y en el último relevamiento volvió a ser señalada por ocho de cada diez empresas.
VER MÁS: “Profundo malestar” en la UIA por críticas de Milei a quienes defienden la industria nacional
La debilidad del mercado interno tiene efectos directos sobre la estructura de precios. Según advierte la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria, “frente a la falta de mercado, se agrava la imposibilidad de trasladar costos a precios”. Al respecto, detallan que la mitad de las empresas no pudo trasladar aumentos y un 43% apenas pudo trasladar menos de la mitad.
Como consecuencia, los stocks volvieron a crecer y alcanzaron su nivel más alto en un año y medio. Actualmente, el 50% de las empresas declara tener inventarios excesivos, un indicador que refleja el desacople entre producción y demanda. El aumento del stock no solo inmoviliza capital de trabajo, sino que también presiona a la baja los precios y obliga a las firmas a recurrir a promociones o liquidaciones para sostener el flujo de caja.
En paralelo, el reporte advirtió que el estrés financiero entre las compañías del sector se intensifica: ocho de cada diez empresas enfrentan dificultades en la cadena de pagos.
En tanto, las firmas con incumplimientos ocasionales se duplicaron y ya representan seis de cada diez. En contraste, las compañías sin atrasos significativos cayeron abruptamente del 40% al 21% en apenas un bimestre.
Este deterioro financiero tiene implicancias directas sobre el empleo. Las empresas profundizan los ajustes en sus plantillas, al priorizar estrategias de reducción gradual antes que recortes masivos.
Las renuncias no reemplazadas encabezan las medidas adoptadas, con un 25%, seguidas por los despidos, que ya representan el 21%. El dato refleja una dinámica defensiva, en la que las firmas buscan reducir costos sin desarticular completamente su capacidad productiva.
El clima de negocios acompaña esta tendencia negativa. Las expectativas económicas volvieron a deteriorarse, con un aumento en las percepciones “malas” y “muy malas”, en detrimento de las evaluaciones más moderadas.
VER MÁS: Peabody pide entrar en concurso y suma presión a una industria argentina en aprietos