¿Por qué Bolivia se mantendrá en recesión en 2026 pese a las reformas del Gobierno?

Para los analistas, Bolivia requiere un programa integral que combine estabilización, reformas estructurales y recuperación de la confianza.

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Bloomberg Línea — Bolivia se mantendría en recesión en 2026 pese a los ajustes del Gobierno debido a desequilibrios estructurales no resueltos, según analistas económicos.

Entre estos desequilibrios, se refieren a la menor producción de gas, la escasez de dólares, el elevado déficit fiscal y la caída de la inversión privada, que siguen limitando el crecimiento y la confianza en la economía.

“Bolivia habría entrado en recesión en 2025 y seguiría débil en 2026 principalmente por problemas internos”, según un análisis del economista Fernando Romero, expresidente del Colegio Departamental de Economistas de Tarija. “A diferencia de otros países de la región, estos desequilibrios son más profundos y no han sido corregidos, lo que limita el crecimiento económico y afecta la estabilidad del país”.

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Según las proyecciones del Banco Mundial, la economía de Bolivia retrocedería este año un -3,2% y en el 2024 crecería un 4%, aunque Romero dice que “no significa una recuperación total, sino un ‘rebote’ después de años malos”.

“El Banco Mundial suele asumir un escenario base de normalización parcial después de una crisis: efecto rebote, ajuste de desequilibrios y cierta recuperación de sectores clave”, escribió el economista. “Lo clave, crecer 4% un año no implica salir de la crisis estructural. Puede ser simplemente una mejora coyuntural tras tocar fondo”.

Medidas recientes del Gobierno “ayudan, pero en el margen”

Jonathan Fortun, economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), dijo que “las medidas recientes del Gobierno ayudan, pero en el margen”.

“El Gobierno ha introducido medidas que ayudan a que la casa se vea más ordenada, pero los cimientos siguen cediendo”, manifestó Fortun a Bloomberg Línea. “La fachada puede lucir algo mejor, pero la estructura sigue crujiendo. Y cuando un gobierno depende de maquillaje parcial, deuda interna y auxilio multilateral para ganar tiempo, en el fondo está gobernando sobre tiempo prestado”.

Considera que la reducción parcial de subsidios a combustibles alivia una fuente importante de presión fiscal y de salida de divisas. Cree que la apertura a importaciones privadas de diésel también va en la dirección correcta. “Pero eso no cambia el cuadro de fondo. En el mejor de los casos, contiene una parte del deterioro”.

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En ese sentido, dijo que el crecimiento en 2026 probablemente volverá a decepcionar y muy posiblemente será revisado a la baja hacia fines de este año. “Aun si aparece algún rebote puntual, la economía sigue operando con una restricción externa severa, menor capacidad de importar insumos y un espacio fiscal cada vez más estrecho”.

En ese contexto, cualquier crecimiento será “bajo y frágil”, más parecido a “una estabilización precaria que a una recuperación real”, en su opinión. “Si uno mira los motores de la actividad, el panorama es bastante claro. El frente externo ya no suma, resta. La caída estructural de los hidrocarburos, y en particular del gas, ha reducido de forma importante la generación de divisas”.

Además, expone que el sector público, que antes compensaba parte de esa debilidad, hoy está limitado por financiamiento y ya no puede sostener el mismo impulso vía inversión. “La inversión privada sigue frenada por incertidumbre, escasez de dólares y reglas poco claras”, según Fortun. “Y el consumo, que durante años funcionó como colchón, también se viene agotando. Hoy Bolivia no tiene un motor claro de crecimiento”.

Presiones fiscales

El problema central sigue siendo el frente fiscal, donde aún no se observa una reducción clara del tamaño del Estado ni del gasto estructural, en visión del economista del IIF.

El Gobierno enfrenta el dilema de que un ajuste más profundo tendría costos sobre el empleo y la actividad en el corto plazo, por lo que ha optado por avanzar de forma gradual.

Sin embargo, la postergación del ajuste mantiene los desequilibrios, mientras el financiamiento depende cada vez más de deuda interna y del sistema financiero local, con riesgos de presión sobre el crédito privado.

En el frente externo, el mayor apoyo proviene de organismos multilaterales, lo que otorga oxígeno, pero no resuelve el problema de fondo, apuntó Fortun. “Ahí está la verdadera prueba. El ajuste difícil todavía no ocurrió. Va a llegar cuando el Gobierno intente reducir en serio el peso del Estado y ordenar las cuentas públicas, y ahí se verá con claridad el costo sobre empleo, actividad y gobernabilidad”.

A ello se suma el deterioro del sector externo tras la caída de las exportaciones de gas a Brasil y el fin del contrato con Argentina, lo que redujo una fuente clave de divisas.

En ese contexto, la inflación se entiende más como reflejo del desorden macroeconómico -marcado por falta de divisas, presión cambiaria y encarecimiento de importaciones- que como una variable aislada.

“Acciones urgentes”

Fernando Romero dijo que el país no resolverá “la crisis con medidas aisladas ni discursos” sino que requiere un programa integral de estabilización, junto con reformas estructurales y recuperación de confianza.

“Sin eso, Bolivia seguirá atrapada en bajo crecimiento, presión cambiaria y deterioro social. Por lo tanto, sería muy probable continuar en recesión económica, o que la misma empeore, considerando el escenario mundial poco favorable”, dijo.

En este marco, propuso cinco “medidas urgentes” para estabilizar Bolivia y evitar una recesión más profunda.

Entre ellas, plantea un orden fiscal creíble y gradual que reduzca el déficit mediante recortes del gasto improductivo, revisión de subsidios mal focalizados, reingeniería de empresas deficitarias y priorización de inversión rentable, con el fin de disminuir la presión sobre la deuda pública y la emisión monetaria.

Asimismo, propone un plan de estabilización cambiaria y de reservas que incluya mayor transparencia del mercado de divisas, captación de dólares, renegociación de financiamiento externo y señales claras de disciplina fiscal y monetaria para contener la escasez de divisas y las expectativas negativas.

Adicionalmente, plantea un “shock” de inversión en hidrocarburos, minería y energía mediante reglas claras para la inversión privada y alianzas público-privadas, con el objetivo de recuperar exportaciones y flujo de divisas.

A ello se suma una reforma proinversión con simplificación tributaria y regulatoria para atraer capital, fomentar la formalización y generar empleo, así como una estrategia de diversificación productiva con enfoque exportador en sectores como agroindustria, litio, turismo, logística y manufactura ligera, con el fin de reducir la dependencia del gas natural y ampliar la base productiva.

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