Banrep a prueba: esta semana demostrará su compromiso con la meta de inflación en Colombia

El fuerte incremento del salario mínimo para 2026 alteró de forma abrupta las perspectivas de inflación en Colombia, provocó un desanclaje significativo de las expectativas y reavivó el debate sobre la credibilidad del esquema de inflación objetivo.

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Bloomberg Línea — El aumento del salario mínimo se convirtió en el principal factor que reconfiguró el panorama macroeconómico de Colombia para 2026. Tras varios meses de estancamiento del proceso desinflacionario, el ajuste salarial introdujo un choque que elevó de manera súbita las expectativas de inflación, debilitó la tasa de interés real y reforzó la percepción de que la política monetaria deberá endurecerse de nuevo para preservar la credibilidad del Banco de la República.

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“Las perspectivas de inflación han empeorado considerablemente tras una subida del salario mínimo superior a lo previsto, lo que ha supuesto un importante impacto en los precios, las expectativas y la política monetaria”, afirmó Andrés Pardo Amézquita, head of Latin America Macro Strategy en XP Investments. El estratega señaló que su equipo elevó la proyección de inflación para finales de 2026 de 4,8% a 6,5% y ahora espera que el banco central inicie “un ciclo de endurecimiento de aproximadamente 250 puntos básicos o más, comenzando con una subida de al menos 50 puntos básicos en enero”.

Punto de inflexión para la inflación

El diagnóstico coincide con el de Corficolombiana, que identificó el incremento del salario mínimo como “un punto de inflexión en las perspectivas de inflación de 2026”.

Según un informe de la entidad, el ajuste impulsó un aumento abrupto de las expectativas de inflación para este año, que pasaron de 4,5% a 5,9% en la encuesta de enero del Banco de la República, “registrando el mayor incremento mensual desde que se tiene registro”.

A 24 meses, las expectativas subieron de 3,9% a 4,6%, también “su mayor incremento histórico mensual”, lo que elevó el riesgo de efectos de segunda ronda.

El deterioro de las expectativas se da en un contexto en el que la inflación completaría, según Corficolombiana, “seis años consecutivos por encima del rango meta”, un hecho que “debilita notablemente la credibilidad del esquema de inflación objetivo”.

La firma advirtió que la elevada indexación de la economía —los rubros que se ajustan con salario mínimo o inflación rezagada representan cerca del 60% del IPC— reduce la efectividad de la política monetaria y obliga a llevar la tasa real a niveles más contractivos.

Desde la óptica de Grupo Cibest, el aumento del salario mínimo alteró la trayectoria esperada del proceso desinflacionario y reforzó el sesgo contractivo de la política monetaria.

En su radar de expectativas, el grupo anticipó que la Junta Directiva del Banco de la República aumentará la tasa de interés de política monetaria en 50 puntos básicos, hasta 9,75 %, “reafirmando el sesgo contractivo de la postura monetaria”.

El análisis subrayó que la desaceleración de la inflación ha sido “más gradual de lo anticipado” y ha coincidido con la materialización de choques adicionales que presionan al alza los precios.

La lectura de Pardo refuerza ese argumento. El estratega de XP señaló que la caída de la inflación general en diciembre “se debió exclusivamente a los elementos no básicos”, mientras que la inflación subyacente, “especialmente la de los servicios, se ha reacelerado en un contexto de fuerte demanda, política fiscal laxa y crecientes presiones salariales”.

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Ese comportamiento limita el margen de maniobra del banco central y aumenta la probabilidad de nuevas alzas de tasas.

En su informe, Corficolombiana recordó que, incluso antes de conocerse el decreto del salario mínimo, la mayoría de los miembros de la Junta Directiva del Banco de la República había advertido que “se requiere una senda de la tasa de interés de política monetaria superior a su nivel actual para que la inflación converja hacia la meta en 2027”.

Esa evaluación se dio en medio del estancamiento del proceso desinflacionario desde noviembre de 2024 y del desanclaje de las expectativas desde septiembre de 2025, factores que redujeron la tasa de interés real.

El peso de la situación fiscal y el consumo

El análisis también puso el foco en el entorno macroeconómico más amplio. Corficolombiana señaló que al choque salarial se suma “el deterioro en la situación fiscal y el aumento del gasto público”, que junto con el fuerte dinamismo del consumo privado ha llevado la demanda agregada por encima de la capacidad productiva.

En esa línea, el déficit en cuenta corriente se ha venido ampliando y la prima de riesgo país registra una tendencia al alza desde septiembre de 2025, pese al relajamiento de las condiciones financieras externas tras los recortes de tasas de la Reserva Federal de Estados Unidos.

Grupo Cibest agregó que el salario mínimo no solo tiene un impacto directo sobre los costos laborales, sino que “amplifica las presiones inflacionarias más allá de su efecto inicial”, debido a la elevada incidencia del salario en la estructura de costos de varios servicios.

Ese canal dificulta una desaceleración sostenida de la inflación y refuerza la necesidad de una señal de política monetaria consistente con el objetivo de contener estas dinámicas.

La experiencia internacional también aparece como referencia en los análisis. Corficolombiana destacó el caso de Brasil en el periodo 2024-2025, donde, según recordó, “la reacción oportuna y decidida del banco central fue clave para quebrar la tendencia alcista de las expectativas e impulsar la desaceleración de la inflación, ayudando a recuperar la credibilidad y evitando un ajuste más lento y costoso”. El paralelismo sirve para ilustrar los riesgos de una respuesta tardía en Colombia.

En ese marco, las proyecciones de política monetaria para 2026 se tornaron más exigentes. Corficolombiana prevé que “una postura monetaria más restrictiva hoy es la condición para una flexibilización ordenada mañana” y anticipa que el ciclo de política monetaria estará marcado por aumentos adicionales de la tasa de interés, con incrementos graduales que llevarían la tasa nominal hasta 11,75% al cierre del año.

¿Un ciclo más acentuado?

Grupo Cibest, por su parte, anticipa un ciclo alcista más acentuado de lo previsto inicialmente, con incrementos acumulados que podrían llevar la tasa a niveles cercanos a 11%.

Pardo coincide en que el margen para una postura menos restrictiva es limitado. Además de elevar su proyección de inflación, el estratega subrayó que “es poco probable que las impugnaciones legales al decreto sobre el salario mínimo avancen pronto, dados los largos plazos judiciales y las escasas posibilidades de suspensión”, lo que refuerza la persistencia del choque y su impacto sobre las expectativas.

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En conjunto, los análisis convergen en un mismo punto: el aumento del salario mínimo redefinió el balance de riesgos para la inflación en Colombia y colocó de nuevo a la política monetaria en una encrucijada.

Con expectativas desancladas, alta indexación y presiones por el lado de la demanda, el Banco de la República enfrenta el desafío de enviar una señal clara y creíble de compromiso con la estabilidad de precios, aun a costa de un endurecimiento más prolongado del ciclo de tasas.