Bloomberg Línea — El dato de inflación de enero en Colombia ha iniciado un nuevo debate económico: el aumento del salario mínimo ya se siente en los precios, aunque sin alcanzar la “catástrofe” que algunos temían. Con un IPC que repuntó al 5,35% anual, el mercado respira con cautela, pero los analistas advierten que lo peor está por venir.
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Febrero y marzo serán los meses determinantes para medir la verdadera magnitud de la indexación salarial en servicios clave, un factor que no sólo definirá el costo de vida de los colombianos en 2026, sino que dictará el ritmo de las próximas subidas de tasas de interés del Banco de la República.
“Para mí es un buen dato. Creo que el techo de la inflación en este primer semestre no va a superar el 7% y, más bien, podría estar más cerca del 6%”, señaló Felipe Campos, director de Estrategia e Inversión de Alianza Valores. De acuerdo con el analista ese sería el techo del primer semestre y, a partir de ahí, se supone que la inflación debería empezar a bajar de forma moderada. “Me parece un buen dato, aunque obviamente febrero será el mes que nos dará la información completa”, añadió.
Desde el Gobierno, el presidente Gustavo Petro también se refirió al resultado de enero y defendió el incremento del salario mínimo.
“Pudo demostrarse con la inflación de enero que el salario vital no provocó ninguna catástrofe inflacionaria. Sólo la carne y el café por su incremento en precios internacionales, que gravitó en ascenso en precios internos tuvo un efecto que elevó levemente la inflación respecto al mes de enero del año pasado en solo 0,25%, eso fue todo comparado al derroche de discurso mentiroso contra el salario vital”, dijo el mandatario, quien agregó que el Ministerio de Agricultura debe reunirse con el gremio ganadero para establecer criterios de exportación: calidades, regiones, uso de la tierra para levante de ganado de exportación y atención mayor al mercado interno.
El análisis de Campos se centra no sólo en el dato puntual, sino en la reacción previa del mercado y en las expectativas que se habían construido alrededor de la inflación y de la política del Banco de la República.
“Creo que el mercado ya había descontado escenarios muy extremos para el Banco de la República, como subidas de tasas hasta el 13% o incluso 13,5%. Me parece que el mercado estaba en una tónica más de choque de riesgo”, explicó.
En ese contexto, agregó que “la crisis ha llevado casi en automático a que la deuda colombiana se acerque a la deuda brasilera, y me parece que eso es una exageración”. Para el estratega, el dato de enero “ayuda a moderar un poco esas expectativas, aunque todavía no estamos del otro lado, sobre todo por la falta del dato de febrero”.
Otro punto abordado por Campos fue la discusión sobre la confiabilidad de las cifras oficiales. “Con respecto a las cifras, yo mantengo la confianza en los datos del DANE. Sé que, en cierto sentido, hay un acto de fe, porque existe un margen de maniobrabilidad que es difícil de detectar”, dijo, aunque aclaró que “por ahora, mantengo la confianza en que los datos están bien”.
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Una lectura similar, en términos de alineación con lo esperado, hizo Daniel Velandia, director de Investigaciones Económicas de Credicorp Capital. “El dato vino bastante en línea. Estuvo apenas tres puntos básicos por debajo de lo que teníamos y alineado con el consenso del mercado”, afirmó. No obstante, advirtió que “nosotros creemos —y me atrevería a decir que gran parte de los economistas también— que los impactos más duros se van a ver entre febrero y marzo”.
Velandia explicó que enero suele concentrar ajustes importantes en algunos sectores. “El primer mes del año suele ser un mes de ajustes. Se ajustan cosas importantes, como restaurantes y hoteles, donde el golpe fue muy fuerte. Ese rubro registró cerca de un 3% mensual, y el dato anual ya está cerca del 9%”, señaló.
En su visión, “a medida que los empresarios se ajustan y toman decisiones, febrero y marzo probablemente serán meses duros en términos de inflación, y ahí nos daremos cuenta del verdadero impacto”, dijo Velandia.
El economista de Credicorp Capital también llamó la atención sobre las medidas núcleo. “Cuando uno mira las medidas núcleo, estas subieron cerca de 30 puntos básicos. Y la más relevante, la que observa el Banco de la República —excluyendo alimentos y regulados— subió casi 40 puntos básicos en el dato anual, lo cual es una subida muy notable”, indicó.
Por eso, enfatizó: “Esto no es para celebrar; por el contrario, como digo, seguramente vendrán más ajustes en los próximos meses”.
En cuanto a la calidad de la información estadística, Velandia fue enfático. “Yo confío plenamente en los datos del DANE. Conozco los equipos técnicos y a las personas que trabajan allí”, aseguró, y agregó que “cuando uno correlaciona los datos del DANE con fuentes privadas u otras fuentes de información, en general las cifras cuadran”.
Desde el Banco de Bogotá, el economista senior Alejandro Rojas puso el foco en los canales específicos a través de los cuales el salario mínimo está presionando la inflación.
“Al final, este dato confirma las presiones derivadas del salario mínimo en ciertos rubros, principalmente en servicios sin arriendo”, explicó. Según Rojas, en servicios como “comida fuera del hogar, peluquerías, guarderías o servicios de salud —como cuotas moderadoras—, que son intensivos en mano de obra, se ve claramente la presión inflacionaria asociada al aumento de los costos laborales”.
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Rojas también destacó factores que ayudaron a contener el resultado agregado. “Por un lado, el rubro de bienes se ha beneficiado de una menor tasa de cambio. Los precios de los bienes importados se han mantenido bajos”, señaló, al tiempo que mencionó que en los servicios públicos “se observaron correcciones en varios precios”. Así mismo, recordó que “el precio de la gasolina no subió en este periodo y, de hecho, en febrero empezaría a ceder”.
En alimentos y transporte público, en cambio, “sí se observó una presión inflacionaria, en parte asociada a los costos laborales”, dijo Rojas. También subrayó que “uno de los elementos más importantes que se mantiene contenido es el de los arriendos”, dado que “por ley, los arriendos pueden indexarse como máximo a la inflación del año anterior, que fue 5,1%”.
Para Rojas, el balance es claro: “En conjunto, el dato muestra presiones inflacionarias asociadas al salario mínimo, pero el resultado global no es peor gracias a los factores que mencioné”. Mirando hacia adelante, anticipó que “en febrero, cuando se incorporen más rubros de servicios sin arriendo y el componente de educación, probablemente se verá con mayor claridad el impacto del salario mínimo sobre la inflación”.
Finalmente, Andrés Pardo, jefe de Estrategia Macro para América Latina en XP Investments, ofreció una lectura detallada del comportamiento del IPC. “La inflación del IPC de enero repuntó ligeramente menos de lo esperado, pasando del 5,10 % al 5,35 %, impulsada principalmente por los componentes básicos y los elementos estrechamente vinculados al ajuste del salario mínimo”, afirmó. También indicó que “la inflación subyacente se aceleró de forma más notable, aunque también por debajo de las expectativas”.
Pardo concluyó que “el informe del IPC de enero refuerza la reciente decisión del Banco de la República de iniciar un ciclo de subidas anticipadas” y que “seguimos esperando otra subida considerable de los tipos en la reunión de marzo”.
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En ese contexto, sostuvo que mantienen “la opinión de un ciclo de endurecimiento acumulativo de al menos 250 puntos básicos”, lo que implicaría “un tipo de interés oficial a finales de año de no menos del 11,75%”.
Así, aunque la inflación de enero confirmó el impacto inicial del salario mínimo, el consenso entre analistas es que febrero y marzo serán determinantes para evaluar la trayectoria de los precios y las decisiones que deberá tomar la autoridad monetaria.