Fraude financiero aumenta en Colombia: el panorama y cómo prevenirlo en 2026

Las estafas en compras en línea (34,5%), el fraude digital (26,7%) y el robo de datos de tarjetas (14%) concentran hoy la mayor parte de los casos.

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Bloomberg Línea — El fraude financiero está aumentando en Colombia: las estafas en compras en línea (34,5%), el fraude digital (26,7%) y el robo de datos de tarjetas (14%) concentran hoy la mayor parte de los casos.

De acuerdo con Asobancaria, sólo en el primer semestre de 2025 se registraron más de 218.000 reclamaciones por fraude en canales financieros, una cifra que confirma la sofisticación creciente de los esquemas de suplantación y manipulación de transacciones.

A lo que se suma que durante el último año, las entidades financieras han reportado un incremento sostenido en incidentes asociados al fraude digital.

Por otro lado y según el estudio Fraude en Colombia 2025, elaborado por DataCrédito, el 97,7% de los colombianos percibe el fraude como un problema frecuente, mientras que el 36,6% afirma haber sido víctima directa en los últimos 12 meses.

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También el 61% de los colombianos conoce a alguien cercano que también lo ha sido. Cifras que confirman que el fraude dejó de ser un evento aislado para convertirse en un riesgo estructural del entorno financiero y digital.

Ante este panorama, SAS, firma de analítica, señala que confiar solo en reglas fijas (como las que revisan el historial del cliente o su comportamiento pasado) ya no es suficiente frente a riesgos que cambian con rapidez. Asimismo, que algunas categorías de clientes ya muestran dificultades crecientes para cumplir sus obligaciones financieras.

Lo que presiona a las entidades a revisar cómo están evaluando el riesgo y a detectar señales tempranas antes de que los créditos se deterioren.

La firma en mención se refirió a la analítica de riesgos, que permite a las entidades pasar de reaccionar tarde a anticiparse. Por ejemplo, en lugar de detectar un posible incumplimiento cuando el cliente ya dejó de pagar, los modelos predictivos pueden identificar señales tempranas (como variaciones en ingresos, patrones inusuales de uso o retrasos en otros productos) y alertar a la entidad antes de que ocurra el deterioro.

“Esto convierte los datos en una herramienta estratégica para evitar impactos financieros y reputacionales, que se traducen en beneficios tangibles para el sector financiero”.

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Entre esos impactos están la reducción significativa de falsos positivos, liberando capacidad operativa para el análisis de casos complejos; decisiones comerciales más precisas, como límites de crédito y precios ajustados al riesgo real del cliente.

Además del monitoreo continuo, que permite identificar anomalías e incumplimientos tempranos; y la automatización de procesos regulatorios, acelerando la interpretación y adaptación frente a nuevos requerimientos.

Para SAS, en un entorno donde los riesgos crecen en volumen, velocidad y complejidad, la capacidad de anticipar eventos y responder con precisión será el nuevo factor competitivo.

“En ese sentido, para la banca moderna, gestionar el riesgo no es sólo protegerse: es tomar mejores decisiones, crecer con mayor precisión y responder con velocidad en un entorno incierto”, explicó la firma.

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A lo que agregó que Colombia cuenta con condiciones favorables para acelerar esta transición: un sistema financiero digitalmente avanzado, un marco regulatorio en evolución y un ecosistema empresarial que comienza a adoptar modelos basados en datos y analítica avanzada.

Con lo que los retos del próximo año no se limitan al fraude o al deterioro crediticio. Las entidades también deberán responder a exigencias más estrictas en materia de IFRS 9 (Norma Internacional de Información Financiera que rige el tratamiento contable de los instrumentos financieros).

Lo que demanda estimar de forma anticipada la pérdida esperada de sus créditos; fortalecer los modelos de costo amortizado, que determinan el valor real de los préstamos; cumplir los criterios de solvencia, que aseguran la capacidad de absorber pérdidas; y gestionar adecuadamente el riesgo por fluctuaciones en tasas de interés bajo estándares como IRBB (Interés de Riesgo en la Cartera Bancaria).