Bloomberg Línea — La industria del cemento y del concreto vive una etapa de transformación impulsada por factores que van desde la guerra en Ucrania y la volatilidad energética, hasta las políticas globales de descarbonización y transición energética.
Líderes de la industria de dieron cita en Cartagena para debatir sobre las nuevas tecnologías en el sector y de cómo alcanzar las metas planteadas. “Desde que arrancó la guerra de Ucrania como tal, e incluso desde el COVID, ha habido un tema con los energéticos. La industria de cemento es una industria intensiva en energía”, explicó Manuel Lascarro, director general de Procemco.
El dirigente gremial señaló que los procesos productivos requieren “mucha energía para la producción de cemento”, debido a que operan “a muy alta temperatura” y dependen de combustibles para mantener su operación.
En Colombia, el sector enfrenta el desafío de sostener su competitividad en medio del aumento de costos de energía, la incertidumbre sobre el suministro de gas y las nuevas exigencias ambientales que comienzan a imponerse en mercados internacionales.
Al mismo tiempo, la construcción de infraestructura urbana y los proyectos de vivienda siguen siendo claves para sostener la demanda de un material considerado esencial para el desarrollo económico.
Lascarro detalló que uno de los primeros impactos se dio sobre el carbón, luego de que la guerra en Ucrania alterara los flujos internacionales del mineral. “Hubo un cambio de los flujos que generó que los costos se elevaran, una proporción bastante importante”, afirmó.
Algunas plantas comenzaron entonces a utilizar gas como alternativa, aunque posteriormente surgió otro problema: la diferencia entre la demanda de gas en Colombia y la capacidad de oferta nacional.
“Empezaron a tener que traerlo. Obviamente, eso tiene unos costos superiores, eso también impacta la matriz de los costos”, indicó. El impacto no se limita únicamente al combustible utilizado en las plantas. Según el director de Procemco, la cadena logística del cemento y el concreto depende fuertemente del petróleo y sus derivados.
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“El gremio mueve cerca del 25% de la carga nacional”, dijo, al explicar que combustibles, llantas, vehículos y repuestos forman parte de una estructura de costos altamente sensible a los precios energéticos internacionales.
Ese escenario, agregó, no es exclusivo de Colombia. “Definitivamente hay un impacto que, además, no es solamente nuestro, lo tiene Brasil, lo tiene Estados Unidos, lo tiene el resto de la región”, señaló. La situación se produce mientras gobiernos y organismos multilaterales aceleran sus políticas para reducir emisiones de carbono y transformar las matrices energéticas.
En Colombia, el presidente Gustavo Petro ha insistido en que la transición energética es un eje estructural de su política económica. “Si no hay transición energética, no hay economía descarbonizada”, ha afirmado el mandatario. También ha sostenido que “la transición energética no es un capricho de mi gobierno, ni es ideología política, es una necesidad del mundo”.
El presidente ha reiterado además que “tenemos que construir una matriz energética limpia” y que “seguiré adelante con la política de descarbonización de la economía”. En esa línea, ha defendido medidas como el impuesto al carbono, al asegurar que “un impuesto al carbono es importante” dentro del proceso de transición energética.
La visión del Gobierno se conecta con los desafíos que enfrenta la industria cementera en materia ambiental. Lascarro explicó que el sector ya trabaja en una hoja de ruta para reducir emisiones de CO2 y reemplazar combustibles fósiles. “Países como Alemania sustituyeron los combustibles fósiles por residuos”, indicó, al señalar que Colombia también busca incrementar la sustitución energética dentro de las plantas cementeras.
Sin embargo, advirtió que avanzar en esa transformación requiere estabilidad regulatoria y seguridad energética. “Se necesita, obviamente, un marco regulatorio de largo plazo”, afirmó.
También señaló que las inversiones necesarias para adaptar las plantas son elevadas y dependen de la existencia de suministro garantizado de gas. “Las inversiones que hay hacer en las plantas son importantes y deben tener alguna garantía de suministro permanente”, dijo.
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La disponibilidad de gas se ha convertido en uno de los puntos más sensibles para la competitividad de la industria. Lascarro explicó que otros países de la región tienen ventajas importantes por su acceso al energético. “Eso nos deja en desventaja contra países que sí utilizan un gas, o incluso en Perú, por ejemplo, en la flota de distribución, o una Argentina que tiene gas”, afirmó.
El impacto también puede trasladarse al comercio internacional. El dirigente gremial recordó que Europa avanza en mecanismos de ajuste de carbono en frontera.
“Europa tiene algo que llaman el impuesto de ajuste de borde por carbón”, señaló, explicando que los productores con emisiones superiores a ciertos límites deberán asumir costos adicionales para ingresar a esos mercados.
En medio de ese panorama, el sector cementero colombiano busca posicionarse como referente regional en descarbonización. “Fuimos el primer sector industrial del país que presentó hoja de ruta para la reducción de emisiones al año 2030”, explicó Lascarro.
Además, indicó que Colombia fue “uno de los cuatro pilotos mundiales en aterrizar una hoja de ruta para alcanzar carbono neutralidad en 2050”.
El proceso cuenta con respaldo internacional. Según el director de Procemco, la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) anunció una cooperación con Colombia en materia de descarbonización para la industria del cemento. “Vamos a tener un proyecto durante dos años, en donde precisamente se están intentando destrabar esas barreras que hoy en día tenemos”, afirmó.
Desde el Ministerio de Minas y Energía, Edwin Palma ha defendido la política oficial de transición energética y el avance de proyectos renovables. “Los hechos son otros”, afirmó al responder a las críticas sobre el ritmo de la transformación energética. También aseguró que “Colombia llegará al BloombergNEF Summit con una hoja de ruta como líder regional en energías limpias”.
Palma ha insistido en que el país busca “consolidarnos como hub energético limpio” y ha señalado que “tenemos una visión de integración regional y descarbonización de la matriz energética”. Entre las prioridades del Gobierno, mencionó que “uno de los principales desafíos del Gobierno es reactivar el suministro de gas desde Venezuela”.
Mientras la discusión energética avanza, el comportamiento de la construcción sigue marcando la demanda de cemento y concreto. Lascarro indicó que el concreto premezclado, asociado principalmente a vivienda formal, evidencia una desaceleración. “En este año, vamos ya alrededor del 7% por debajo comparado con el año anterior”, dijo.
El dirigente atribuyó la caída principalmente al efecto de las tasas de interés y los subsidios de vivienda. “Nosotros vamos entre 12 y 18 meses atrás de las ventas de vivienda”, explicó, al señalar que los despachos de concreto se reflejan tiempo después del inicio comercial de los proyectos inmobiliarios.
En contraste, la infraestructura urbana se ha convertido en un motor de crecimiento para el sector. “Bogotá está haciendo el Metro, pero adicionalmente está terminando obras que estaban rezagadas, está iniciando obras nuevas”, afirmó Lascarro. Según explicó, el crecimiento regional del consumo de cemento está concentrado principalmente en Bogotá y la zona norte del país, incluyendo ciudades como Cartagena y Barranquilla.
A pesar de las dificultades económicas y energéticas, el sector mantiene expectativas de expansión en el largo plazo. “Cemento se necesita absolutamente para todas las cosas”, afirmó Lascarro, al enumerar carreteras, vivienda, metros, sistemas de acueducto y torres eólicas como ejemplos de proyectos que dependen del material.
El dirigente aseguró que el consumo per cápita de cemento en Colombia continúa por debajo del nivel de otros países en desarrollo. “Aquí estamos entre 250 y 270 kilos”, dijo, al señalar que el país debería acercarse a niveles de “350 kilos por habitante año”.
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La combinación entre infraestructura, transición energética y descarbonización aparece como el eje que definirá el futuro de la industria del concreto.
Mientras el Gobierno impulsa políticas para reducir la dependencia de combustibles fósiles, el sector productivo busca equilibrar sostenibilidad, costos energéticos y competitividad internacional en un contexto global marcado por la incertidumbre económica y la presión climática.