Ciudad de México — La lógica sugiere que la refinería más productiva de una compañía petrolera sea la más nueva, pero no es el caso de la empresa estatal Pemex, que enfrenta importantes presiones operativas y financieras.
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Actualmente, la refinería de Tula posee la mayor producción de combustibles entre los siete complejos destiladores de Pemex. La empresa procesó, en esta unidad, 228.500 barriles por día entre enero y mayo de 2026, de acuerdo con datos de la compañía compilados por Bloomberg Línea.
En Tula, este monto representa un aumento de producción de 8,5% frente al mismo periodo de 2025.
El complejo industrial ubicado en el estado de Hidalgo, en el centro del país, aporta una quinta parte de la producción total de combustibles de Pemex que asciende a 1,06 millones de barriles diarios.
Las gasolinas, diésel y turbosina representan 75% del total de combustibles elaborados en la refinería oficialmente llamada Miguel Hidalgo, la cual opera desde 1976.
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Pemex comenzó con la fase de modernización de Tula en 2014 con la construcción de una planta coquizadora, que reduce los combustibles contaminantes con poco valor, pero la obra quedó inconclusa desde 2018. El expresidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) retomó el proyecto con una inversión de US$3.000 millones, pero también enfrentó importantes retrasos desde 2023.
Desde 2026, la coquizadora de Tula opera de forma “parcial pero estable”, con la obra física prácticamente concluida y ajustes finales en vapor, hidrógeno y confiabilidad, dijo a Bloomberg Línea Ramsés Pech, analista de la consultora energética Caraiva y Asociados.
“No aumenta la capacidad nominal de crudo, pero sí agrega de 80.000 a 90.000 barriles diarios de conversión, permitiendo que Tula procese crudo Maya con mayor eficiencia y produzca más combustibles valiosos”, agregó.
Salina Cruz es la refinería que ocupa el segundo lugar en producción de combustibles, seguida por la más nueva, Dos Bocas, que enfrenta retrasos productivos desde su inauguración en 2022.
Bloomberg Línea consultó a Pemex sobre la producción de sus plantas de refinación, pero no obtuvo respuesta.
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Las refinerías de Salamanca y Madero, dos de las más antiguas en operación, tienen la menor producción de petrolíferos de Pemex.
El Gobierno de México persigue aumentar la producción de gasolinas y diésel para cumplir su política de autosuficiencia y terminar con las importaciones desde Estados Unidos.
Pero Pemex arrastra una significativa crisis operativa con una producción petrolera en declive con campos viejos, descubrimientos cada vez más pequeños, retrasos en su negocio de refinación, situación que se refleja en las pérdidas multimillonarias de sus reportes financieros.
El Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha implementado un profundo rescate que ha logrado mejorar y mantener estable la calificación crediticia del gigante estatal, pero los abultados vencimientos de deuda anuales, el impago a proveedores y contratistas, además de una plantilla laboral que rebasa los 100.000 trabajadores han diluido dichos esfuerzos.