Bloomberg — A menos de dos semanas de las elecciones en Brasil, la mexicana Claudia Sheinbaum ha mostrado públicamente un firme apoyo a Luiz Inácio Lula da Silva, en un momento en que los dos líderes de izquierda más destacados de América Latina se encuentran cada vez más aislados en medio de una ola de victorias conservadoras en toda la región.
Sheinbaum no llegó a respaldar abiertamente a Lula, afirmando que los brasileños deben tomar su propia decisión, al tiempo que reiteró su oposición a la injerencia extranjera en las elecciones.
“Creo que el presidente Lula ha sido un presidente muy bueno”, declaró a los periodistas el miércoles. Destacó sus esfuerzos por reducir el hambre como “extremadamente significativos”.
Lula hizo un llamamiento similar ante las Naciones Unidas un día antes, advirtiendo a las potencias extranjeras que no interfirieran en las elecciones del 4 de octubre, en unas declaraciones que, en general, se interpretaron como dirigidas a Donald Trump.
Desde que asumió el cargo hace dos años, Sheinbaum ha buscado estrechar los lazos con Brasil como parte de una iniciativa más amplia para diversificar las relaciones comerciales de México en medio de la incertidumbre sobre el futuro del T-MEC.
Lula, de 80 años, aspira a un cuarto mandato en lo que, según las encuestas, se perfila como una reñida contienda contra el senador de derecha Flávio Bolsonaro. Si ningún candidato obtiene la mayoría en la primera vuelta, se celebrará una segunda vuelta el 25 de octubre.
Aunque el apoyo de Sheinbaum a Lula no es nada nuevo -ya lo calificó de “hombre extraordinario” a principios de este año-, sus declaraciones contrastan marcadamente con las de algunos de los líderes latinoamericanos más alineados con Trump.
El argentino Javier Milei ha hecho campaña abiertamente a favor de Bolsonaro en Brasil, mientras que el colombiano Abelardo de la Espriella respaldó explícitamente al principal rival de Lula antes de ganar sus elecciones en junio.
Otros se han mostrado más cautelosos.
El presidente chileno de derecha, José Antonio Kast, ha insistido en su neutralidad y ha negado que invitar a Bolsonaro a su toma de posesión en marzo supusiera una preferencia. El presidente uruguayo de centroizquierda, Yamandú Orsi, también ha adoptado una postura matizada, elogiando el liderazgo de Lula en la región, pero sin respaldar formalmente su reelección.
Keiko Fujimori, de Perú, otra política conservadora, tampoco se ha posicionado a favor de ninguna de las partes. Aunque el apoyo de Daniel Noboa a Trump en materia de seguridad suele situarlo en el bando conservador, el presidente ecuatoriano señaló hace un par de años a Lula como el líder latinoamericano con el que se sentía más afín. En unas declaraciones realizadas a principios de este año, Noboa afirmó que desea replicar el enfoque de Lula para reducir la pobreza.