Qué hay detrás de las mieles latinoamericanas que destacan entre las mejores del mundo

Más de 340 mieles de 30 países compitieron en los London Honey Awards 2026, donde productores de Costa Rica, México y Chile fueron reconocidos por la calidad de sus productos.

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Bloomberg Línea — En la Península de Nicoya, una de las cinco Zonas Azules identificadas en el mundo por la longevidad de sus habitantes, los alimentos locales han sido parte de una forma de vida basada en el equilibrio, la conexión con la naturaleza y el “comer con sabiduría”.

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De ese territorio, dos mieles —Reserva Conchal y Tamarindo— acaban de obtener medalla de oro en los London Honey Awards 2026, un reconocimiento que destaca no solo la calidad excepcional, sino también su origen, prácticas sostenibles y un modelo de producción enfocado en la conservación de ecosistemas.

Por décadas, la apicultura se enfocó en el volumen. Hoy, el mercado internacional premia la trazabilidad, el origen y el cuidado del medio ambiente.

La competencia londinense, que desde su lanzamiento en 2014 se ha convertido en uno de los certámenes internacionales de referencia del sector, evaluó más de 340 mieles postuladas por productores de 30 países mediante catas a ciegas lideradas por una docena de expertos, quienes calificaron aroma, textura y sabor.

El proyecto detrás de la miel tica galardonada nació en 2020, fruto de una alianza entre un resort (Reserva Conchal), una marca de alimentos enfocada en la longevidad (Blue Zones Nicoya) y apicultores locales (Mieles Nicoyanas).

El apiario funciona en medio de cientos de hectáreas de bosque tropical seco en Guanacaste. Allí, 2,5 millones de abejas distribuidas en 50 colmenas producen una miel multifloral cuyo perfil sensorial está determinado por la flora autóctona de una de las regiones con mayor expectativa de vida del planeta.

Blue Zones Nicoya, la empresa que comercializa estos productos, acuñó el concepto de “retro-innovación” para describir su filosofía de rescatar ingredientes y hábitos alimenticios tradicionales de los centenarios nicoyanos y llevarlos a los consumidores.

Bajo esta visión, desarrolla productos naturales que hoy llegan a las principales cadenas de supermercados del país centroamericano y a mercados internacionales a través de Amazon.

Para estos productos que buscan abrirse paso en el comercio internacional, el galardón internacional funciona como una herramienta comercial directa.

Según define la propia organización de los LHA, el premio es “un signo confiable de calidad superior” que “mejora el poder de negociación en transacciones con distribuidores, proveedores y minoristas”, además de maximizar las acciones de marketing a nivel global.

Una tendencia regional

El caso de Nicoya forma parte de una tendencia más amplia de productores latinoamericanos que están encontrando en sus territorios y ecosistemas una vía para diferenciar alimentos de alto valor en mercados internacionales.

En México, la empresa social Matricaria obtuvo el oro con su miel “Flor de la Paz”, producida en Valle de Bravo, a 156 km al suroeste de la capital mexicana.

Su modelo se basa en transformar hectáreas de tierra degradada en un ecosistema vivo que une agricultura regenerativa, empleo comunitario y herbolaria tradicional.

Según la empresa, el 100% de las utilidades de la empresa regresa a la comunidad para financiar educación y recuperación de suelos.

En Chile, la empresa Apícola Niltre Nativo —fundada por Garbiñe Aranzasti y Rosa Raín en Niltre, entre el lago Panguipulli y la Cordillera de los Andes— se llevó dos medallas de oro por sus mieles de Tineo y Ulmo. Su diferenciador es la flora nativa del sur chileno y la regla de no mover las colmenas para garantizar que la miel provenga siempre del mismo origen geográfico.

El reconocimiento internacional llega en un momento en que la industria apícola enfrenta una demanda creciente por productos con mayor transparencia sobre su origen y calidad.