Bloomberg Línea — El banquero colombiano, Luis Carlos Sarmiento Angulo, dijo el lunes que es necesario que los candidatos presidenciales fijen en la altillanura colombiana el foco de crecimiento y desarrollo futuro.
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A sus 93 años y en el marco de la inauguración de una cátedra que lleva su nombre en la Escuela Colombiana de Ingenieria Julio Garavito,describe esta región como “la otra Colombia”, un territorio ubicado en el centro del país, con extensas llanuras, abundantes ríos y un alto potencial productivo que, sin embargo, ha permanecido rezagado.
Según sus palabras, se trata de una zona cuyas necesidades han sido ignoradas durante años, sin lograr la inversión suficiente ni sostenida para cerrar brechas en servicios, conectividad y bienestar de sus habitantes.
El empresario también ha señalado que, durante décadas, ha impulsado iniciativas para promover el avance de esta región.
Ha sostenido diálogos con distintos gobiernos y ha buscado apoyo desde universidades y centros de pensamiento. Incluso menciona que logró captar el interés de la Universidad de Purdue para la elaboración de un plan maestro.
No obstante, reconoce que “no he encontrado la resonancia necesaria”, destacando la dificultad de concretar proyectos de largo plazo en Colombia debido a ciclos políticos cortos que priorizan resultados inmediatos sobre transformaciones estructurales.
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En ese contexto, hace un llamado directo a los estudiantes, especialmente a los futuros ingenieros, para que se involucren en el desarrollo de la región.
Afirma que los grandes proyectos que requiere la Altillanura no dependen únicamente de economistas o abogados, sino del trabajo técnico y transformador de profesionales capacitados.
Resalta que “ustedes, con su juventud, técnica rigurosa y su capacidad de transformar territorios, son los llamados a participar”, invitándolos a asumir un rol activo en la planificación y ejecución de soluciones.
Asimismo, insiste en la necesidad de que el desarrollo de esta región se convierta en una prioridad nacional.
Ante la renovación del Congreso y la definición de nuevas agendas de gobierno, propone que los líderes políticos incluyan compromisos concretos, financiados y con plazos definidos.
Subraya que esto “no es demagogia”, sino lo que denomina “ingeniería de Estado”, es decir, una visión estructurada y de largo plazo para transformar el territorio.
Finalmente, destaca el enorme potencial de la Altillanura colombiana, señalando que cuenta con millones de hectáreas que podrían impulsar el crecimiento económico del país, siempre bajo criterios de sostenibilidad ambiental y seguridad nacional.
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Luis Carlos Sarmiento Angulo continúa destacando las profundas diferencias entre regiones del país para evidenciar el potencial de la Altillanura.
Señala que mientras en la zona andina y las costas se concentra cerca del 94% de la población, con densidades cercanas a 98 habitantes por kilómetro cuadrado, la Altillanura permanece escasamente poblada.
Esta disparidad, afirma, “subraya la urgencia y la magnitud del desafío y la oportunidad”, al tratarse de un territorio amplio con baja ocupación y grandes posibilidades de desarrollo.
También compara las condiciones geográficas del país para resaltar las ventajas competitivas de esta región.
Explica que en la zona andina predominan terrenos abruptos donde la infraestructura resulta más costosa, indicando que el precio por kilómetro de una vía puede ser entre cinco y diez veces mayor que en terrenos planos.
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En contraste, describe la Altillanura como un territorio con “superficies de una calidad excepcional”, donde el relieve favorable, la disponibilidad de agua y las condiciones del suelo permiten el desarrollo agrícola, recordando que “sin agua no hay agricultura”.
Para él, esta región constituye “un recurso de enorme valor estratégico para el país”.
El empresario enfatiza que esta propuesta no es nueva y cita ejemplos internacionales exitosos. Menciona el desarrollo agrícola en Argentina con la Pampa, así como el caso de Brasil con el Cerrado, procesos que transformaron vastos territorios en motores productivos.
Destaca que estos avances no fueron casuales, sino producto de políticas públicas sostenidas: “no surgieron por casualidad, sino por decisiones deliberadas”.
Según explica, estos países implementaron planes de largo plazo con inversión en infraestructura, acceso a crédito, subsidios y distribución de tierras, lo que permitió dinamizar la producción, las exportaciones y el crecimiento económico.
A partir de estos ejemplos, insiste en que Colombia debe adoptar una visión similar, basada en planificación y continuidad.
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Señala que el éxito de estos modelos radica en estrategias de largo plazo y no en la improvisación, afirmando que “hay estrategia de largo plazo, no improvisaciones”.
En ese sentido, advierte que las políticas actuales del país han sido diseñadas principalmente para otras regiones y no responden a las necesidades de la Altillanura, que requiere grandes inversiones, infraestructura robusta y proyectos de gran escala.
En cuanto al potencial productivo, subraya que esta región cuenta con cerca de 53 millones de hectáreas —alrededor del 46% del territorio nacional— que podrían expandir significativamente el área cultivada actual.
Aunque reconoce limitaciones en los suelos, afirma que investigaciones de las últimas décadas han demostrado que, con el manejo adecuado, estas tierras pueden convertirse en altamente productivas.
Por ello sostiene que el desarrollo planificado permitiría impulsar no solo la agroindustria, sino también actividades como el turismo ecológico, la generación de energía y la integración regional mediante corredores logísticos.
En materia energética, plantea que la Altillanura ofrece oportunidades clave para el futuro del país. Señala que existe potencial para el hallazgo de gas y petróleo, así como condiciones favorables para el desarrollo de biocombustibles.
En un contexto global de creciente demanda energética, advierte que Colombia necesita nuevas fuentes para no quedarse rezagada. En sus palabras, “no se trata de elegir entre el pasado y el futuro”, sino de aprovechar de manera inteligente todos los recursos disponibles para impulsar el desarrollo nacional.
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Finalmente, resalta que la seguridad es un factor esencial para materializar estas oportunidades. Afirma que el fortalecimiento de la presencia de la fuerza pública en todo el territorio es una condición indispensable para garantizar la inversión y el desarrollo social, permitiendo que proyectos de gran escala puedan ejecutarse de manera sostenida y efectiva.