Terremotos en Venezuela frustran el regreso de migrantes que ya apostaban por volver al país

El doble sismo que deja hasta ahora más de 3.500 fallecidos no solo devastó Caracas y La Guaira. También interrumpió los planes de cientos de venezolanos que preparaban su regreso.

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Bloomberg Línea — El esposo de Roymar Contreras volvió a Venezuela hace dos meses. Regresó a su tierra natal, Barquisimeto, luego de haber estado siete años en España. Desde el año pasado estaba decidido a volver y probar suerte y, cuando encontró una oferta de pasajes, vio la oportunidad ideal para hacerlo.

Ahora, la joven, también oriunda del centro-occidente del país, se cuestiona junto a su hija si es propicio seguir sus pasos.

Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela y dejaron 3.535 fallecidos, según la cifra oficial más reciente, paralizaron también los planes de cientos de venezolanos dentro y fuera del país. Es el caso de Roymar, quien hasta hace unos días trabajaba atendiendo un café en Madrid y hoy dedica su tiempo como voluntaria en un centro de acopio para enviar ayuda a los afectados.

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La decisión de regresar ha quedado en pausa. Su esposo evita darle malas noticias y prefiere mantenerse optimista en cada llamada tras la tragedia que golpeó con fuerza a Caracas y La Guaira, dejando a miles de personas sin hogar y provocando daños físicos directos estimados en US$37.000 millones, de acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR).

“Cuando creíamos que la economía podía empezar a mejorar, ahora yo lo veo muy difícil. Creo que incluso puede retroceder y quedar peor de lo que estaba antes”, comenta Contreras en conversación con Bloomberg Línea.

Confiesa que ese temor ha crecido tras la magnitud de la catástrofe y la lenta respuesta de las autoridades durante las primeras horas de la emergencia.

Un regreso que parecía posible

Durante los últimos meses, algunos venezolanos residentes en el exterior habían comenzado a replantearse la posibilidad de volver al país. Aunque la migración seguía siendo una realidad para millones de personas, la desaceleración de la inflación, una mayor disponibilidad de bienes, el incremento de la actividad petrolera y las expectativas generadas por el nuevo escenario político hicieron que algunas familias consideraran que era el momento de regresar.

El esposo de Roymar fue uno de ellos. Después de siete años en España, decidió apostar nuevamente por Venezuela convencido de que encontraría mejores oportunidades. Ella esperaba reunirse con él más adelante, una decisión que hoy ha quedado suspendida por tiempo indefinido.

“Uno quiere volver porque es su país, porque extraña a la familia, pero ahora todo cambió”, dice.

Entre la incertidumbre y el deseo de volver

Otros venezolanos en España afectados por la suspensión de vuelos viven el drama desde una perspectiva distinta. Quienes viajaban por vacaciones y quienes ya habían decidido regresar definitivamente tras meses o años de emigración aseguran que la tragedia reforzó su deseo de volver cuanto antes.

“Después de esto solo quiero estar con mi gente. Yo sé que no va a ser fácil, que se va a necesitar mucha ayuda, pero no quiero que vuelva a pasar algo así y estar lejos de los míos”, comenta Fabiana Rodríguez desde el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, mientras esperaba una reprogramación de su vuelo hacia Valencia, estado Carabobo, operado por Plus Ultra.

Para otros, la distancia ha significado vivir el duelo sin posibilidad de despedirse. Es el caso de Ángel Oliveros, un venezolano residente en España cuya madre murió entre los escombros en La Guaira.

Antes de la tragedia ya tenía previsto viajar a Venezuela en julio para visitarla. Ahora espera que se restablezcan los vuelos para poder hacerlo, aunque el motivo sea muy distinto al que imaginó.

“Todo esto que está pasando me doy cuenta que es importante estar con la familia”, dice.

Asegura que la tragedia reforzó la necesidad de estar cerca de los suyos, aun cuando el viaje implique enfrentarse al dolor de despedir a su madre. “Sé que va a ser doloroso pero en el fondo está bien, es algo que tengo que hacer”, afirma.

Sin embargo, descarta que esta experiencia cambie su decisión de establecerse nuevamente en Venezuela. Explica que, pese a lo ocurrido, su intención es viajar únicamente de visita, ya que sigue sintiendo temor de regresar definitivamente por distintas razones relacionadas con la situación del país.

Vuelos suspendidos

La emergencia también trastocó la conectividad aérea del país. Los daños sufridos en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar obligaron a suspender sus operaciones y varias aerolíneas internacionales como Láser Airlines aún no han restablecido sus vuelos regulares hacia Venezuela, mientras otras como Plus Ultra y Copa Airlines mantienen frecuencias limitadas hacia otras ciudades como Valencia o Barcelona.

Las cancelaciones han dejado a cientos de pasajeros varados en ciudades como Madrid, Bogotá y Panamá. Entre ellos hay venezolanos que pretendían regresar definitivamente, otros que viajaban para visitar a familiares y personas que ahora buscan llegar al país para colaborar con las labores de reconstrucción o despedirse de seres queridos.

Para una diáspora que se acerca a los ocho millones de personas, según estimaciones de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), la interrupción de las conexiones aéreas supone un nuevo obstáculo para mantener el vínculo con su país de origen.

Cambio de rumbo

El desastre ocurrió, además, en un momento en el que Venezuela comenzaba a mostrar algunos signos de estabilización tras más de una década de crisis económica.

El aumento gradual de la producción petrolera y las expectativas de una mayor apertura del sector energético, tras el cambio político derivado de la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, alimentaban las previsiones de una recuperación moderada.

A ello se sumaban el restablecimiento de relaciones con organismos financieros internacionales y el acercamiento entre Caracas y Washington para reactivar la industria petrolera.

Antes de los terremotos, la presidenta encargada Delcy Rodríguez había concentrado buena parte de su agenda en esas conversaciones con Estados Unidos y en avanzar en la normalización de las relaciones financieras internacionales.

La magnitud de la emergencia, sin embargo, añade incertidumbre sobre el ritmo con el que podrán avanzar esas iniciativas, mientras el gobierno enfrenta las necesidades inmediatas de atención a los damnificados y de reconstrucción.

Para el economista Asdrúbal Oliveros, la conversación dejó de centrarse en cuánto podría crecer la economía venezolana para enfocarse en cómo reconstruir el país.

En un análisis publicado tras la tragedia, sostiene que el impacto va mucho más allá del costo de reparar viviendas e infraestructura. También afectará la productividad, el empleo, la recaudación fiscal, las cadenas logísticas, el consumo y la confianza de inversionistas y hogares.

Además, se suma la debilidad institucional del Estado venezolano, que, en su opinión, podría ralentizar la recuperación y hacer indispensable el apoyo de la comunidad internacional.

La reconstrucción, advierte Oliveros, no será únicamente un desafío financiero, sino también de gobernanza y coordinación.

Un futuro en pausa

Mientras algunos venezolanos aceleran su deseo de regresar para acompañar a sus familias en medio de la emergencia, otros han optado por aplazar indefinidamente una decisión que parecía tomada.

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Ese es el caso de Roymar. Cada noche habla con su esposo. Él le dice que todo mejorará y que no pierda la esperanza. Ella escucha, pero las imágenes de edificios colapsados, carreteras destruidas y familias enteras durmiendo en refugios improvisados pesan más que cualquier promesa. “No sé cuándo volveremos”, reconoce.

Hace apenas unas semanas imaginaba reunirse nuevamente con su esposo en Barquisimeto. Hoy, como miles de venezolanos repartidos por el mundo, espera que el país encuentre primero la manera de ponerse de pie.