Bloomberg — El emblemático álbum de figuritas de las estrellas del fútbol que participarán en el próximo Mundial tiene ahora un significado sombrío en ciertas zonas de México, donde las familias de las víctimas de delitos desaparecidas están compilando un álbum virtual simbólico para atraer la atención hacia su lucha por encontrar a sus seres queridos.
Eso no es lo que quieren transmitir los operadores turísticos y las empresas del estado mexicano de Jalisco, ahora que millones de aficionados llegarán para disfrutar del principal evento deportivo que empieza este mes.
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Desde que el ejército abatió a un conocido narcotraficante en las afueras de Guadalajara, la capital del estado, en febrero, los turistas han empezado a volver a la histórica ciudad.
La Copa del Mundo supone ahora una oportunidad para dejar atrás ese episodio y sus brutales secuelas. Pero a numerosos residentes les preocupa que el ambiente festivo y las obras de infraestructura puedan ocultar la crisis de seguridad que continúa afectando su vida cotidianamente.
México acoge los partidos junto con Canadá y EE.UU. en la primera Copa del Mundo trinacional de la historia.
Durante los 13 partidos que se celebrarán en tres ciudades mexicanas sede del torneo, se están invirtiendo casi US$2.000 millones de fondos públicos y privados para prepararse para uno de los mayores eventos deportivos del planeta. Entre ellas se encuentra Jalisco, cuna del tequila, sede del “Silicon Valley” mexicano y un importante destino de playa para turistas estadounidenses y canadienses.
Se están instalando pantallas gigantes en el renovado centro de la ciudad y en los pintorescos pueblos de los alrededores.
En el Estadio Akron de Zapopan, en las afueras de Guadalajara, se ha colocado césped nuevo para que cumpla con los estándares de la FIFA. Ahora cuenta también con nuevas zonas VIP. El estadio ha pasado a llamarse “Guadalajara” mientras duren los partidos. A finales de mayo, una entrada para un palco junto al campo costaba más de US$5.000, diez veces el salario mínimo mensual de México.
El Mundial supone una oportunidad de renacimiento para las empresas locales, luego de que grupos vinculados al crimen organizado incendiaran negocios y vehículos en más de 20 estados como represalia por el asesinato de Nemesio “El Mencho” Oseguera Cervantes, el poderoso jefe del cártel de Jalisco Nueva Generación.
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En las semanas posteriores, las visitas de turistas extranjeros a la ciudad turística de Puerto Vallarta, en la costa de Jalisco, descendieron más de un 30% con respecto a 2025, mientras que la ocupación hotelera y la facturación de los restaurantes se desplomaron.
En una encuesta gubernamental publicada en abril, nueve de cada 10 residentes de Guadalajara dijeron sentirse inseguros.
Ernesto Sánchez Proal, presidente de la Cámara de Comercio Americana en Guadalajara, explicó que su empresa de turismo tuvo que cancelar un viaje en marzo para fotografiar la vida silvestre cerca de Puerto Vallarta. “La gente tenía mucho miedo”, comentó.
Muchos mexicanos todavía lo están.
Dada la mayor seguridad, es probable que los aficionados al fútbol se sientan seguros, pero los residentes locales atrapados en la violencia siguen desapareciendo. Con cubos de pegamento en mano, familiares y amigos han empezado a pegar imágenes de las víctimas por toda la ciudad para asegurarse de que no sean olvidadas.
“Le están prestando muchísima atención al Mundial”, dijo Hilda Villalobos Tinoco, de 49 años, cuyo hijo nunca regresó a casa después de un paseo en motocicleta al amanecer en marzo. “¿Cuánto tiempo más tardarán en prestarnos atención a nosotros?”
Los manifestantes que se oponen al Mundial sostienen que la crisis de seguridad afecta a los mexicanos de clase trabajadora que no estarán en las gradas. Según ellos, en lugar de reparar estadios, remodelar aeropuertos y adornar las plazas públicas con balones de fútbol decorativos, el gobierno debería destinar los escasos recursos a mejorar la difícil situación social del país.
La Copa del Mundo no es ajena a las protestas.
En Brasil, en 2014, los ciudadanos salieron a las calles antes de los juegos para exigir el fin de la corrupción tras lo que consideraban un gasto excesivo en los estadios.
El torneo de Sudáfrica de 2010 estuvo precedido por el uso de balas de goma y gases lacrimógenos por parte de la policía para reprimir huelgas laborales tras una protesta pública similar.
Al ser consultada en una reciente conferencia de prensa sobre si la policía bloquearía las protestas fuera de los estadios durante el torneo, la ministra del Interior, Rosa Icela Rodríguez, dijo: “En México hay libertad de expresión”.
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Seguridad reforzada
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, cuyo gobierno ha hecho de la seguridad una prioridad, aseguró a los turistas en febrero que “no hay riesgo”.
El gobierno federal ha destinado unos 99.000 agentes de las fuerzas de seguridad a Guadalajara, Ciudad de México y Monterrey, lugares donde se disputarán los partidos.
Jalisco ha mejorado sus sistemas de videovigilancia para seguir mejor a los jugadores y a los aficionados. Alrededor del estadio se ha establecido un perímetro de una milla para impedir el acceso a cualquier persona que no disponga de entrada. Un equipo ampliado de seguridad privada patrullará el interior del estadio para sofocar cualquier altercado que pueda producirse.
“Sabemos que vienen aficionados de todo México. También sabemos que hay españoles, colombianos, estadounidenses y uruguayos”, dijo Alfonso Briseño Torres, funcionario de Jalisco e integrante del comité de seguridad del Mundial de 2026, que ha buscado tranquilizar a los diplomáticos extranjeros.
“Nos reunimos con cónsules y embajadores, y se fueron convencidos de que, en Jalisco, estamos haciendo lo correcto para garantizar la seguridad”.
Esa afirmación categórica se pondrá a prueba en Guadalajara, una bulliciosa metrópolis que alberga restaurantes con estrellas Michelin, famosas iglesias con vitrales y exclusivas urbanizaciones privadas.
Zapopan, por sí solo, concentra algunos de los códigos postales más ricos de México. Es también un paisaje salpicado de tumbas sin nombre, y de personas que las buscan.
Villalobos se dio cuenta de que algo andaba mal cuando su hijo de 31 años, Giovanni Luna Villalobos, no apareció para comer pozole en su fiesta de cumpleaños. Las cámaras de seguridad lo grabaron conduciendo su motocicleta hacia una gasolinera. Posteriormente, los registros telefónicos localizaron su teléfono a pocas cuadras de un centro comercial de lujo en Zapopan.
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Con la ayuda de otros padres y de la comisión oficial de búsqueda de Jalisco, Villalobos ha pegado carteles cerca del centro comercial y a lo largo de una avenida cercana a su casa, en los que destaca la complexión atlética de su hijo, que mide 1,78 m, las pecas que tiene en su nariz y el tatuaje “solo Dios puede juzgarme”, hecho con tinta verde en el cuello.
No obstante, no ha recibido ninguna noticia y culpa a las autoridades de descuidar el caso.
“Lo llamé una y otra vez, pero siempre saltaba el buzón de voz”, dijo. “Los días pasan, las horas pasan, pero no puedo creer que mi hijo esté muerto”.
Las asociaciones locales se han encargado de que los carteles de los desaparecidos sean visibles hasta en los sitios turísticos, incluso frente a una catedral del siglo XVII y en los bolardos de una rotonda céntrica en la que se erige una estatua de una diosa romana y donde suelen reunirse los aficionados del fútbol mexicano. La petición de los legisladores locales de retirar los carteles ha sido ignorada.
La última gran movilización de seguridad en México tuvo lugar en 2025, tras el asesinato de un alcalde en otro estado. Ese año, la asociación a la que ahora pertenece Villalobos, Guerreros Buscadores de Jalisco, despertó un escándalo nacional tras el hallazgo de mochilas, zapatos y fragmentos óseos en un rancho a las afueras de la ciudad, indicios de reclutamiento forzoso y asesinatos.
Desde entonces, el grupo ha encontrado más fosas comunes, incluyendo algunas que, según aseguran, están a tan solo unos 15 kilómetros (9,3 millas) del estadio.
A la espera de la ganancia inesperada
El alcalde de Zapopan, Juan José Frangie Saade, empresario y exdirector del querido equipo de fútbol Chivas, que suele jugar en el estadio local, cree que los partidos le reportarán al estado unos ingresos extraordinarios de unos MXN$30.000 millones (US$1.700 millones).
Según indicó, las obras de infraestructura se han acelerado.
Por ejemplo, el operador aeroportuario Grupo Aeroportuario del Pacífico se ha comprometido a invertir MXN$26.000 millones en los aeropuertos de Guadalajara y Puerto Vallarta hasta 2029.
Se prevé una gran afluencia de público en festivales que incluyen a la banda de pop-rock Maná y al cantante mexicano Alejandro Fernández, lo que permitirá que el dinero llegue a los pequeños negocios.
“El fútbol es un deporte que nos une”, afirmó Frangie. “Decimos que Jalisco es el lugar más mexicano de todos y es que, ¿por qué se nos conoce en el mundo? Por el tequila, el mariachi, el folclore, la charrería y la gastronomía".
Pero es probable que los partidos también beneficien a las organizaciones criminales. Jalisco Nueva Generación tiene un incentivo económico para atender a los turistas, afirmó Víctor Manuel Sánchez Valdés, investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila.
“Existe el temor de que se produzcan actos violentos en el Mundial, y si bien no podemos ignorar por completo ese escenario, el incentivo económico es mayor que el deseo de generar violencia”, afirmó Sánchez. “El crimen organizado quiere una parte del beneficio económico que recaerá sobre la economía legal. Las zonas turísticas concentran a los grandes consumidores”.
Fernando García de Llano Valenzuela, un promotor inmobiliario que inauguró un hotel de nueve plantas con vistas panorámicas en Guadalajara en diciembre, tuvo un solo huésped durante días tras el asesinato del jefe del cártel a inicios de año. Su hotel boutique de lujo en Puerto Vallarta también permaneció vacío en marzo. En abril, finalmente empezó a vislumbrar señales de recuperación.
“Existe la percepción de que podría haber peligro, pero en esta ciudad no va a pasar nada”, dijo en abril, sentado en el bar de la azotea de su hotel en Zapopan. “Es como cualquier otro lugar del mundo. Hay zonas peligrosas, pero tendrías que ir a ellas, y un turista no tiene ningún motivo para hacerlo”.
Si el Mundial se desarrolla sin contratiempos, García de Llano prevé que Guadalajara se convierta en uno de los principales destinos turísticos del mundo, de forma similar a la transformación que experimentó Barcelona tras los Juegos Olímpicos de Verano de 1992.
“La pasión de la gente por el fútbol es enorme. Me gustaría pensar que quien tenía miedo en febrero o marzo, ya no lo tenía en abril”, dijo, y agregó que, a medida que se acercan los partidos, están buscando la manera de llegar a la ciudad.
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