Oro en máximos: ¿se convirtió en un activo para carteras agresivas o sigue siendo refugio?

Bloomberg Línea se sumó al debate y consultó a expertos de mercado acerca de si las alzas de los últimos han modificado la naturaleza del metal dorado en términos de estrategia.

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El oro no ha dejado de marcar máximos históricos en los últimos años, impulsado en buena medida por las compras de los bancos centrales, y hoy cotiza cerca de los US$4.700. En ese contexto, algunos analistas comienzan a plantear una pregunta incómoda para los inversores: ¿el metal precioso sigue siendo el activo de refugio por excelencia o pasó a formar parte de estrategias más agresivas?

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¿El oro pasa a ser un activo agresivo?

“En lo que hace al oro y otros metales, recientemente detectamos un excesivo sentimiento optimista y pasó a ser un nuevo consenso, lo que es malo", sostiene un estudio de la consultora Delphos Investment, que también aclara: “La parte buena es que parece haber mucho dinero corriendo atrás de pocas cosas. Por ende el momentum es tremendamente bueno".

Según la firma, este proceso no es nuevo y comenzó en 2018, aunque en los últimos años “tomó otra velocidad”. Si bien desde Delphos reconocen que “los flujos matan a los fundamentos”, advierten que resulta clave “medir los riesgos”. Bajo esa lógica, concluyen: “El oro, que hace dos años podía integrar una cartera conservadora, hoy debería quedar fuera de ella y limitarse a portafolios de alto riesgo”.

Una visión similar expresa David Lizana, head of fixed income de Renta4 SAB. Consultado sobre qué tipo de estrategia puede incorporar hoy al oro, respondió: “Agresiva. Los metales, en general, han subido mucho y sin correcciones, y nada sube de esa forma sin un ajuste relevante. Habría que esperar catalizadores positivos, como mayor ruido geopolítico, para que se mantengan en estos niveles”.

El oro como refugio

La lectura sobre el rol del oro, sin embargo, está lejos de ser unánime. Para Emanoelle Santos, analista brasileña de la plataforma global de inversiones XTB Latam, el metal precioso “no deja de ser un activo de refugio”, incluso después del rally y la volatilidad recientes.

“Su función principal sigue siendo proteger la cartera cuando aumenta la incertidumbre, se deteriora la confianza en las monedas o el mercado busca diversificar riesgos que no siempre cubren las acciones y los bonos”, explicó.

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De todas formas, la ejecutiva admitió que “lo que sí cambió es el perfil de corto plazo, porque ahora hay movimientos más rápidos, mayor sensibilidad a flujos y posicionamiento, y correcciones más probables después de subidas muy verticales, lo que lo vuelve más apto para estrategias tácticas y carteras agresivas que buscan capturar momentum“.

Según la mirada de Santos, en términos de construcción de portafolio, “para un inversor conservador el oro sigue siendo válido, pero como componente acotado y con reglas claras”, por ejemplo, rebalanceo, mientras que para un inversor agresivo hoy puede funcionar como instrumento de trading o cobertura dinámica. En ambos casos, explic, el punto clave es no confundir una racha alcista con un cambio permanente de naturaleza.

“El oro no es un activo de crecimiento, sino una cobertura cuyo precio puede amplificar los shocks del mercado”, concluyó.

Fundamentos aún sólidos

Por su parte, Ignacio Durán, analista de research en el bróker argentino Balanz Capital, consideró que, pese al fuerte rally que acumula el oro desde hace dos años, los fundamentos del metal siguen siendo sólidos. Recordó que 2025 fue un año destacado para los metales preciosos, con subas anuales que no se veían desde hace casi cinco décadas, en un contexto internacional marcado por la incertidumbre.

Según detalló, la demanda global continúa siendo un factor central detrás de la suba de precios. En ese sentido, señaló que las tenencias de oro en ETF aumentaron en 25,8 millones de onzas en 2025 respecto de 2024, mientras que los bancos centrales incorporaron cerca de 11 millones de onzas el año pasado.

A esto se suman otros elementos que, a su juicio, siguen respaldando el ciclo alcista, como la situación fiscal y de endeudamiento de algunos países, en especial Estados Unidos, los riesgos inflacionarios persistentes y la incertidumbre económica y geopolítica, que incluye las recientes tensiones entre la administración Trump y la Reserva Federal, con impacto sobre el dólar.

En este escenario, Durán proyectó que el rally del oro podría continuar, aunque a un ritmo más moderado. No obstante, advirtió que los elevados retornos de 2025 y el contexto geopolítico actual elevan la probabilidad de episodios de volatilidad en el corto plazo, un factor que debería ser especialmente considerado por los inversores conservadores. Aun así, concluyó que sigue teniendo sentido mantener exposición al oro, dadas las condiciones de fondo que respaldan al metal.