Bloomberg — Los buques tanque han estado llegando desde todo el mundo en cifras sin precedentes. Tras cargar en Alaska y en la costa del Golfo de Estados Unidos, vuelven a zarpar rumbo a Japón, Tailandia e incluso Australia.
En total, en las últimas nueve semanas se exportaron más de 250 millones de barriles de crudo desde yacimientos y depósitos en todo Estados Unidos. Esto volvió a posicionar al país como el principal exportador mundial de petróleo, superando a Arabia Saudita, y lo convirtió en un sostén clave para los consumidores globales ante el casi cierre del estrecho de Ormuz, que restringe los suministros de Medio Oriente.
Sin embargo, el nivel récord de exportaciones estadounidenses también genera advertencias: ese colchón de oferta está siendo llevado rápidamente a su límite. Muchos expertos en energía cuestionan cuánto tiempo podrán sostenerse estos envíos. Los inventarios internos de EE.UU. se están reduciendo con rapidez, con cuatro semanas consecutivas de caídas hasta niveles por debajo de los promedios históricos. Al mismo tiempo, los productores enfrentan dificultades para seguir el ritmo.
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“Los barcos vienen a llevarse nuestro petróleo, pero cuando salen volúmenes significativos de Estados Unidos, es esperable que los balances se ajusten”, dijo Clayton Seigle, del Center for Strategic and International Studies. “Estamos profundizando un problema al reducir inventarios”.
Se trata de una cuestión con implicancias globales. Incluso con el flujo constante de exportaciones en las últimas semanas, no alcanza para compensar el faltante generado por las restricciones en el estrecho. El Brent, referencia clave, subió cerca de 50% desde el inicio de la guerra y la semana pasada superó los US$126 por barril, el nivel más alto desde 2022. Si los envíos estadounidenses alcanzan su techo, la competencia por barriles será aún más intensa.
Dentro de EE.UU., la inflación energética ya se proyecta como un factor relevante de cara a las elecciones legislativas de noviembre. Los precios de la gasolina al consumidor están en alza, y algunos votantes cuestionan que se exporte tanto crudo. El presidente Donald Trump ha destacado el aumento de las exportaciones: “Esto ha sido increíble. Estamos vendiendo petróleo y gas a niveles nunca vistos”, afirmó.
En los meses posteriores a la invasión de Rusia a Ucrania en 2022, el costo promedio de un galón de gasolina sin plomo en Estados Unidos superó levemente los US$5 por galón. Ese es un umbral que el secretario de Energía, Chris Wright, ha destacado para contrastarlo con los menores costos actuales del combustible. Y será un nivel clave a observar en los próximos meses de cara a las elecciones. Los precios promedio de la gasolina al consumidor en Estados Unidos ya han superado los US$4,40 por galón.
“Estados Unidos está protegido, pero no aislado”, de la crisis energética global, dijo Jay Singh, de Rystad Energy.
Gran parte del petróleo exportado durante la guerra con Irán se dirige a Asia, donde las refinerías dependían del Golfo Pérsico y ahora están girando hacia el crudo estadounidense.
Un ejemplo llamativo es Japón. Antes de la guerra, el país compraba alrededor del 90% de su suministro de crudo y combustibles de Medio Oriente, junto con volúmenes mínimos de petróleo estadounidense. Ahora se encuentra entre los primeros en salir a asegurar suministro desde Estados Unidos. Las ventas de cargamentos que se cargarán en junio y que llegarán en agosto o alrededor de esa fecha comenzaron hace apenas unos días, y las refinerías japonesas en conjunto ya han comprado al menos 8 millones de barriles de crudo estadounidense, según operadores familiarizados con el asunto.
En Singapur, otro centro clave de comercio de commodities, las refinerías también incrementaron las compras de crudo estadounidense. La demanda de Corea del Sur —históricamente uno de los mayores compradores— se mantiene firme.
Es cierto que Japón y Corea del Sur cuentan con sus propias reservas de crudo para aportar un colchón. También continúan algunos flujos limitados desde Emiratos Árabes Unidos y Omán. Sin embargo, persisten dudas sobre cuánto tiempo podrán sostenerse esos suministros —especialmente con poca información pública sobre los niveles de almacenamiento nacional—. Y otros exportadores, como Brasil, no suelen enviar los tipos de crudo que estas naciones asiáticas más necesitan.
La transformación de EE.UU. en un gran proveedor global es relativamente reciente.
El cambio fue impulsado por la revolución del shale a comienzos de los años 2000, cuando la perforación horizontal y la fractura hidráulica desde Texas hasta Dakota del Norte elevaron rápidamente la producción doméstica. En 2015, Estados Unidos levantó una prohibición que impedía la mayoría de las exportaciones de petróleo, impuesta tras el embargo petrolero árabe de los años 70. Para 2019, el auge del shale convirtió al país en exportador neto de crudo y combustibles.
Analistas sostienen que este rol energético refuerza la política exterior estadounidense. En lo que va del año, EE.UU. tomó medidas como desplazar al líder de Venezuela, sancionar a grandes petroleras rusas e involucrarse en el conflicto con Irán, decisiones que afectan el equilibrio global del crudo.
Trump —un firme defensor de lo que denomina la “dominancia energética” de Estados Unidos— ha destacado en reiteradas ocasiones la capacidad del país para ayudar a cubrir el enorme déficit de suministro de crudo generado por la guerra en Irán.
“Tenemos más producción que nunca en la historia”, dijo. “Y si mirás los barcos, todos están llegando a Texas, Luisiana y Alaska”, agregó.
Presidentes desde Jimmy Carter en la década de 1970 se han preocupado por los suministros de combustible, con ese factor influyendo en la política exterior. Trump, respaldado por la mayor economía productora de petróleo del mundo, puede preocuparse menos por la escasez doméstica que sus predecesores.
Aun así, a medida que crecía la producción de petróleo en Estados Unidos, incluso la administración de Barack Obama señalaba el suministro doméstico como garantía al intentar reunir apoyo global para el acuerdo nuclear con Irán conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto.
“El hecho de que Estados Unidos se haya convertido en exportador neto de petróleo —exportador neto de energía— cambió todo en nuestra política exterior en áreas donde la energía es un factor”, dijo Kevin Book, director gerente de ClearView Energy Partners, una firma de consultoría con sede en Washington. “Dado que la energía es un factor en casi todo, básicamente cambió nuestra política exterior”.
Pero la dominancia energética de Estados Unidos está ahora poniendo a prueba sus propios límites.
La producción de petróleo ha caído en alrededor de 100.000 barriles diarios desde que comenzó la guerra con Irán. Los perforadores han sido en gran medida reacios a aumentar la producción, incluso con la suba de los precios del crudo, porque es difícil predecir hacia dónde se dirigirán los mercados.
En una serie de comentarios anónimos publicados a fines de abril por el Banco de la Reserva Federal de Dallas, ejecutivos del sector energético citaron la incertidumbre crónica sobre el desenlace de la guerra y su impacto en la oferta y la demanda. “La naturaleza impredecible de la actual administración hace que la planificación empresarial sea casi imposible”, señaló uno de los encuestados en el informe.
Grandes petroleras como Exxon Mobil Corp. y Chevron Corp. también enfrentan interrupciones en sus operaciones en Medio Oriente. El CEO de Chevron, Mike Wirth, dijo el viernes que el sistema energético global está bajo un “estrés extremo”. Esto ocurrió un día después de que ConocoPhillips advirtiera sobre “escaseces críticas” de petróleo inminentes.
A medida que las exportaciones de petróleo de Estados Unidos alcanzan niveles récord, operadores señalan que los envíos están empezando a poner a prueba límites prácticos, con restricciones de infraestructura y transporte que limitan cuánto crudo puede salir de manera sostenida desde la costa del Golfo. Aunque la capacidad teórica suele situarse cerca de los 10 millones de barriles diarios, un techo realista y constante podría estar más cerca de los 6 millones por día, aunque podría acercarse a los 7 millones en períodos cortos, según operadores.
El principal cuello de botella se encuentra en el transporte marítimo, donde la disponibilidad de buques y las costosas operaciones de transferencia en alta mar —cuando el petróleo se traslada entre barcos— restringen las cargas.
El aumento de las exportaciones también se produce a costa de las reservas domésticas. Las existencias combinadas de crudo y productos derivados en Estados Unidos han caído en 52 millones de barriles en cuatro semanas consecutivas de descensos.
Se espera que la reducción de inventarios continúe mientras la guerra se prolongue, y son posibles caídas de varios millones de barriles durante mayo, según Ryan McKay, estratega de materias primas en TD Securities.
Los operadores de opciones sobre petróleo están comenzando a posicionarse para protegerse ante una posible fuerte reversión de las exportaciones estadounidenses. Algunos incluso mantienen apuestas que podrían beneficiarse si la administración Trump impusiera una prohibición a las exportaciones, algo que hasta ahora ha señalado que no está sobre la mesa.
Se han acumulado posiciones en opciones de venta —que ahora suman el equivalente a unos 22 millones de barriles en contratos entre julio y noviembre— que pagarían si el West Texas Intermediate, referencia estadounidense, comenzara a cotizar con un descuento de US$45 por barril frente a los futuros del Brent. La diferencia entre el WTI de julio y el Brent se ubicó en -US$11,63 por barril el viernes.
Funcionarios de la administración Trump han descartado reiteradamente cualquier tipo de restricción a las exportaciones de petróleo o productos refinados, incluso reiterando esa postura en conversaciones privadas con ejecutivos del sector energético que han advertido contra posibles limitaciones, según personas con conocimiento de esas discusiones.
“Es la exportación que más rápido está creciendo”, dijo el secretario de Energía, Chris Wright, el martes, al ser consultado sobre la posibilidad de una prohibición a las exportaciones energéticas de Estados Unidos. “Estamos vendiendo gas natural estadounidense, petróleo estadounidense, combustible de aviación, diésel y gasolina al mundo. No vamos a detener esas exportaciones. Vamos a aumentarlas”.
Aun así, Estados Unidos está exportando grandes volúmenes de crudo y combustibles en un momento en que los precios internos en los surtidores están subiendo.
Un galón de gasolina en Estados Unidos cuesta ahora, en promedio, más de US$1 por encima del nivel previo al inicio de la guerra. El diésel, clave para la economía, ha subido casi US$2.
También se espera que la demanda de combustibles aumente a medida que los estadounidenses salen a las rutas por vacaciones en la temporada conocida como summer driving season.
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La administración Trump ha adoptado algunas medidas para contener la inflación energética, incluyendo la flexibilización de una ley marítima centenaria para facilitar el transporte de petróleo y la autorización de una mayor mezcla de etanol en la gasolina. Pero el margen de acción de la Casa Blanca es limitado, lo que explica en parte por qué los operadores siguen especulando con posibles restricciones a las exportaciones.
“Las malas ideas descartadas con precios de US$4 por galón podrían volver a considerarse si llegan a US$6 por galón”, dijo Book, de ClearView Energy Partners.
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