Bloomberg — El líder chino, Xi Jinping, llegará a Washington esta semana con al menos una opción sencilla para ganarse el favor de la administración Trump: el compromiso de reactivar un comercio de gas natural licuado estadounidense por valor de US$6.000 millones al año.
Estados Unidos es el mayor exportador mundial de GNL y China es su principal comprador, pero esa relación se deterioró a partir de febrero de 2025, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, inició una agresiva campaña arancelaria a los pocos días de comenzar su segundo mandato. Pekín tomó represalias con aranceles punitivos sobre los productos energéticos estadounidenses, incluido el GNL.
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A partir de esa fecha, China dejó de importar gas estadounidense de forma efectiva. Las empresas chinas han seguido cumpliendo con sus obligaciones contractuales, pero han estado revendiendo los envíos de GNL a compradores de Europa y Asia en lugar de pagar el arancel del 15% para traer los cargamentos a su país.
“El GNL es un ámbito en el que ambas partes tienen mucho que ganar”, afirmó Jane Nakano, investigadora principal del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. “El valor de restablecer las relaciones con China en materia de GNL iría más allá de corregir el desequilibrio comercial. La reanudación del comercio de GNL probablemente respaldaría el crecimiento sostenido de la industria estadounidense del GNL”.
La perspectiva de un acuerdo para eliminar ese arancel y reactivar el comercio de este combustible criogénico, probablemente como parte de un esfuerzo más amplio por reducir los aranceles, podría suponer, en efecto, un beneficio para ambas partes.
Para Pekín, el GNL supone una concesión relativamente menor, pero útil, dado que el tráfico sigue restringido en el Golfo Pérsico y uno de los mayores proveedores de China, Catar, se encuentra prácticamente aislado. Para la administración Trump, significaría una cifra llamativa, los contratos de GNL suelen abarcar décadas, en un momento en que los productores estadounidenses se están expandiendo y necesitan nuevos compromisos.
Los contratos vigentes de Pekín para el gas estadounidense suman aproximadamente 14 millones de toneladas anuales de GNL, según cálculos de Bloomberg, lo que equivale a unos US$6.000 millones a precios a largo plazo. Las compras al contado elevarían aún más ese valor.
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El GNL ha sido el eje central de todos los acuerdos comerciales de Trump con China. Cuando visitó Pekín en 2017, los proyectos de gas natural representaban más de la mitad de los US$250.000 millones en acuerdos anunciados, aunque muchos de ellos no eran vinculantes y acabaron abandonándose. También se esperaba que el GNL desempeñara un papel fundamental en el denominado acuerdo comercial de “Fase Uno” entre EE.UU. y China de 2020, en el que China debía aumentar sus compras de energía como parte de un plan para impulsar las importaciones en US$200.000 millones.
Ya hay indicios de que algunas empresas chinas se están posicionando de cara a un cambio este mes. China Gas Holdings Ltd. acordó la semana pasada comprar GNL estadounidense durante 20 años a partir de 2030, un acuerdo de suministro a largo plazo poco habitual tras meses de tensiones comerciales.
Otros compradores chinos de GNL también mantuvieron conversaciones con exportadores estadounidenses en una conferencia sobre el gas celebrada en Bangkok la semana pasada, según operadores familiarizados con las negociaciones. Estos solicitaron no ser identificados, ya que las conversaciones no son públicas.
La persistencia de los enfrentamientos en el Golfo Pérsico supone un incentivo adicional para reactivar la negociación de acuerdos: los compradores con compromisos a largo plazo con proyectos estadounidenses se han visto menos afectados por la actual crisis de suministro de gas. Dichos contratos permiten suministrar GNL al noreste de Asia por unos US$8 por millón de unidades térmicas británicas, en comparación con los precios al contado, que son aproximadamente tres veces más elevados.
Una posible complicación es la iniciativa de Trump de promulgar una ley de sanciones de amplio alcance que le faculta para imponer aranceles devastadores a los países que compren petróleo y gas rusos. Rusia es actualmente el segundo mayor proveedor de GNL de China, y los envíos proceden incluso de instalaciones sancionadas por EE.UU. Aún no está claro cuándo ni si la Casa Blanca aplicará dicha ley.
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En su momento álgido, en 2021, el GNL estadounidense representaba alrededor del 12% del total de las importaciones de GNL de China, según datos de seguimiento de buques recopilados por Bloomberg. Desde entonces, las exportaciones estadounidenses se han disparado casi un 60%, y está previsto que las exportaciones anuales se dupliquen para finales de la década a medida que entren en funcionamiento nuevos proyectos.
Los compradores chinos supondrían una gran ayuda para los promotores de GNL estadounidenses y sus proyectos, entre los que se incluyen un proyecto de GNL en Alaska respaldado por Trump y una serie de instalaciones de exportación propuestas a lo largo de la costa del Golfo. Muchos de ellos necesitan acuerdos de compra a largo plazo antes de poder destinar miles de millones de dólares a la construcción.
La mayor parte de la nueva oferta estadounidense que se comercializa en la actualidad no estará disponible hasta finales de esta década o principios de la década de 2030. Esto podría permitir a los importadores firmar los contratos sin tener que recibir necesariamente el suministro mientras Trump siga en el cargo, lo que reduciría su exposición a una nueva escalada de las tensiones comerciales.
“La combinación energética de China seguirá estando cada vez más dominada por las energías renovables”, afirmó Anatol Feygin, vicepresidente ejecutivo de Cheniere Energy Inc. (LNG), en la conferencia Gastech celebrada en Bangkok la semana pasada. “También consideramos que el mercado del GNL de China se duplicará y se convertirá en el mayor del mundo”.
Con la colaboración de Dan Murtaugh.
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