Startups brasileñas miran a Silicon Valley y desafían al capital de riesgo local

Mientras que los fundadores brasileños han emigrado a EE.UU. para crear sus startups centradas en ideas globales, las gestoras brasileñas de capital de riesgo se apresuran a mantener su relevancia.

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Bloomberg Línea — El presentador brasileño Luciano Huck concluyó su reciente participación en un panel del evento Brazil At Silicon Valley con un llamamiento: “Come back” — o “regresen a casa”.

La petición fue dirigida al público y a los jóvenes brasileños que estudian en universidades como Stanford y Berkeley, en Estados Unidos, y que organizaron la conferencia a principios de abril en California. Huck fue aplaudido efusivamente.

El comentario refleja un cambio que comienza a imponerse en el ecosistema tecnológico brasileño, con consecuencias para el mercado de capital de riesgo y los fondos que operan en Brasil.

Tras un largo período en el que el “mantra” de las startups fundadas por brasileños era construir soluciones locales para problemas locales, ahora el eje parece desplazarse hacia Silicon Valley.

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Un nuevo grupo de emprendedores ha preferido fundar y construir sus empresas de tecnología desde Estados Unidos, donde sus negocios ya nacen con ambiciones globales.

Los ejecutivos de diferentes generaciones con los que Bloomberg Línea conversó durante el evento reconocieron este cambio y coincidieron en un punto: la concentración de talento, capital y ambición en California ha vuelto a ser un imán para el emprendimiento de alto impacto, lo que ha obligado a los fondos de capital de riesgo brasileños a replantearse sus propios roles.

Muchos emprendedores brasileños, especialmente aquellos que ya tienen experiencia previa, están haciendo las maletas para emprender fuera de Brasil.

“Nos hemos dado cuenta de esto y no es algo nuevo, pero esta tendencia ha cobrado un nuevo impulso en los últimos seis meses, con muchos emprendedores que dicen que se están mudando a Silicon Valley y que van a crear su próximo negocio en Estados Unidos”, afirma Renato Valente, cofundador de Iporanga Ventures.

El movimiento no se limita a los fundadores brasileños, sino que también se da entre profesionales de otros países de la región. Pero es un cambio significativo para un mercado que, en los últimos 20 años, fue la cuna de unicornios como Nubank, QuintoAndar, C6 Bank, Loft, Nuvemshop, Creditas, Loggi y CloudWalk, entre otros.

Según Valente, de Iporanga, la gestora sigue de cerca esta tendencia. Pero el mandato de su fondo actual la obliga a evaluar cuál es el papel del mercado brasileño dentro de la tesis de negocio en el momento de evaluar una startup para invertir.

“Queremos que estos emprendedores, al menos, regresen a Brasil en algún momento. No tiene por qué ser desde el primer día, puede ser quizás un poco más adelante, pero la tesis de la startup debe incluir a Brasil”, afirma.

La migración plantea un desafío para las gestoras de capital de riesgo de Brasil o que invierten en startups de América Latina. En una competencia global, los fondos estadounidenses disponen de mucho más capital. Y las gestoras brasileñas temen convertirse en un fondo más en la cap table, perdiendo relevancia con el tiempo en su contribución a las startups de la cartera.

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Ricardo Duarte, cofundador de Beacon Founders, califica la situación como una “dilución del poder local”. En otras palabras: el prestigio acumulado de los grandes fondos brasileños ya no garantiza la misma ventaja cuando el juego se desarrolla en Silicon Valley.

Él señala que existe una especie de jerarquía. Una inversión por parte de un fondo estadounidense de “Tier 1”, como Sequoia, garantiza rondas posteriores de forma casi automática para una startup.

Los fondos brasileños, por otro lado, necesitan demostrar un valor operativo mucho mayor para mantener el mismo nivel de influencia en la cap table de una startup que nace con vocación global.

“Es un cambio gigantesco en el modelo de negocio de los fondos”, afirma Duarte. “Necesitamos ver cómo se comportará el mercado en este nuevo escenario, que aún no está establecido”.

El movimiento más contundente en este sentido lo ha llevado a cabo Monashees, tal y como anticipó Bloomberg Línea. El fondo de inversión brasileño ha abierto una oficina en San Francisco, en Estados Unidos, y ha contratado a un doctor por el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) para liderar iniciativas de IA.

Según las fuentes consultadas por Bloomberg Línea, la idea de la nueva oficina estadounidense es ampliar la presencia en el eje más relevante para la innovación en las Américas y garantizar el acceso directo al ecosistema de IA de la costa oeste y a los fundadores latinoamericanos.

También hay quienes se muestran más pragmáticos. Daniel Chalfon, socio de Astella Investimentos, destaca que Brasil aún tiene una gran cantidad de problemas — y, por consiguiente, de oportunidades — lo que justifica el enfoque en el mercado nacional.

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“Hoy en día, alrededor del 70% de lo que hacemos son inversiones en soluciones que resolverán grandes problemas en Brasil, probablemente con pocas posibilidades de internacionalizarse”, afirma.

Una segunda vertiente de las inversiones incluye negocios con potencial para salir al exterior, como es el caso de las startups BotCity y Birdie.ai. “Quizás Brasil pueda ser un buen punto de partida para desarrollar un producto, ya que ofrece una gran diversidad y luego se puede escalar”.

El inversor reconoce la tendencia de los “emprendedores globales”, pero cuestiona la capacidad de los fondos brasileños para competir directamente en Silicon Valley, frente a nombres como Sequoia y Andreessen Horowitz.

Recuerda, por ejemplo, que Luana Lara, cofundadora brasileña de Kalshi, una plataforma de mercado de predicción de eventos reales, no recurrió a ningún fondo nacional para convertirla en un negocio que hoy ostenta una valoración de US$11.000 millones.

“Por nuestra parte, estamos atentos, observando e investigando, pero no vamos a abrir una Astella aquí en Estados Unidos, no estamos buscando un socio aquí, nada de eso. Podemos invertir tiempo y presupuesto para tener una mayor presencia y adquirir conocimientos”, afirma. “Se trata de una hipótesis aún sin demostrar, pero creo que es nuestro papel asumir ese riesgo”.