Hace un año, las empresas, especialmente los CEO, veían con optimismo la economía para 2025, esperando que el presidente Donald Trump redujera los impuestos y promoviera políticas más favorables para el mercado.
Pero entonces llegó el 2 de abril, Día de la Liberación. El mercado cayó, la incertidumbre creció y la asequibilidad se hizo una preocupación más seria. Al mismo tiempo, el mercado laboral siguió debilitándose, ya que las restricciones a la inmigración redujeron el crecimiento de la fuerza laboral y generaron escasez de mano de obra en algunos sectores.
Sin embargo, la economía estadounidense se mantuvo firme. A finales del 2025, el mercado subió más de un 15% y el crecimiento del PIB en el tercer trimestre fue del 4,3%, un dato inesperadamente sólido.
¿Cómo será el 2026? Hay motivos para ser optimistas, como lo fueron muchos hace un año. He aquí cinco de ellos:
Los consumidores tendrán más dinero.
Scott Bessent, secretario del Tesoro, dijo que prevé que los estadounidenses reciban hasta US$150.000 millones en devoluciones de impuestos a inicios del 2026 como resultado de la ley presupuestaria que el presidente firmó el verano pasado.
Aquellos con mayores ingresos que gastan una menor proporción de sus ingresos sentirán un mayor impacto, con la notable excepción de las personas que ganan ingresos por propinas. Aun así, la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) prevé que las reducciones de impuestos impulsarán la demanda y la oferta de mano de obra este año.
Trump también afirma que enviará cheques de US$2.000 a la mayoría de los hogares este año para aliviar las preocupaciones sobre la asequibilidad. Probablemente haya que tomarse esto con cautela, pero la orientación general de la política fiscal es aumentar el gasto y la confianza de los consumidores.
Las empresas tendrán más dinero.
Otra disposición de esa ley presupuestaria es que las compañías pueden deducir el 100% de las compras de equipos en el año en que gastan el dinero.
Existen pruebas de que una normativa similar, junto con la reducción de los impuestos a las empresas, impulsó la inversión en un 11% y el PIB en casi un 1% tras la aprobación de la ley fiscal de 2017. No obstante, la proporción del gasto que las compañías podían deducir ha ido disminuyendo desde que se aprobara la ley original, y no se sabía con certeza cuál sería su evolución en el futuro.
Se prevé que la nueva disposición aumente el gasto de capital y el crecimiento en el 2026 y en los años siguientes.
Las tasas de interés serán más bajas.
No se sabe con certeza si el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, aplicará más recortes, pero es casi seguro que el nuevo presidente de la Fed, que asumirá el cargo en mayo, lo hará. También es probable que el banco aumente sus comprasde deuda del Tesoro, lo que aliviará aún más las preocupaciones sobre el crédito.
La energía podría ser más barata.
La Oficina de Presupuesto del Congreso predice que las disposiciones fiscales que incentivan una mayor producción de petróleo y gas también tendrán un impacto positivo en el PIB en el 2026. Estima que el impacto será mayor en los próximos años debido a que algunas regulaciones son temporales, pero no es inconcebible que un mayor suministro de energía reduzca su costo.
Habrá mayor certidumbre sobre los aranceles.
Quizás esto sea el triunfo de la esperanza sobre la experiencia. Sin embargo, será difícil tener menos estabilidad política que la de este año.
El alto nivel de aranceles anunciado el Día de la Liberación no solo conmocionó a los mercados, sino que la constante incertidumbre sobre su alcance y sus aplicaciones causó daños económicos y probablemente contribuyó a una mayor inflación. Ahora los acuerdos están entrando en vigor y la cuestión de la legalidad se resolverá de una forma u otra.
Si sumamos todo esto, hay motivos para ser optimistas con respecto a 2026. Se prevé que solo el impacto de la ley presupuestaria impulse el PIB el próximo año en un 0,9%.
Más allá de 2026, hay motivos para preocuparse: todo este estímulo podría resultar en una euforia, y EE.UU. volvió a aprender durante la pandemia lo peligroso que puede ser.
Los cheques de reembolso, una rebaja de impuestos y la bajada de los tipos de interés podrían provocar un resurgimiento de la inflación, lo que afectaría duramente a los hogares estadounidenses y podría afianzarla aún más al desestabilizar las expectativas.
La Reserva Federal podría tardar años en recuperar su credibilidad y su capacidad para influir en la tasa de inflación. Además, está el problema de la creciente deuda nacional, a la que contribuirá esta ley. Esto aumentará las tasas de interés a largo plazo, lo que podría acabar lastrando el gasto del consumidor.
Pero esos son problemas para otro momento y para otra columna.
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