Inglaterra fue, después de todo, la gran ganadora del Mundial 2026

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Inglaterra fue eliminada en las semifinales del Mundial de 2026, lo que causó decepción en una nación que llevaba 60 años esperanzada por alcanzar una segunda final. Bueno, no importa: puede que el tiempo no cure todas las heridas, pero el dinero es un buen consuelo.

Otro fracaso en el campo de juego no debería eclipsar los aspectos positivos desde el punto de vista financiero para el fútbol nacional. Un efecto secundario de las riquezas cosechadas por la FIFA y su principal anfitrión, Estados Unidos, podría dar un nuevo impulso a la Premier League.

Algunos de los primeros indicios de recuperación son las noticias de que un consorcio respaldado por la familia del multimillonario indio Lakshmi Mittal está en negociaciones para adquirir una participación minoritaria en el Liverpool FC, lo que valoraría al club en hasta US$6.000 millones. También se dice que el fundador de Amazon.com Inc., Jeff Bezos, ha mantenido conversaciones para unirse al grupo.

Entre tanto, el récord de traspaso de un jugador británico se ha batido dos veces desde que inició el torneo en junio: el fichaje de Morgan Rogers por el Chelsea, procedente del Aston Villa, por £117 millones (US$156 millones), superó en £1 millón la cantidad que el Manchester City acordó pagar por Elliot Anderson, del Nottingham Forest.

Mientras tanto, los propietarios tailandeses del Leicester City, que ganó la Premier League hace una década, pero que ahora ha descendido a la tercera división del fútbol inglés, podrían estar barajando la venta del club, según el Financial Times.

El motivo de la venta podría ser más una situación de dificultades económicas que el aumento de las valoraciones, pero el momento elegido parece indicar que las condiciones son propicias tras el resplandor mundialista.

El Mundial de 2026 supuso un escenario más valioso para el talento de la Premier League que el de Catar cuatro años antes.

La liga aportó un récord de 182 jugadores a la competición, y sus estrellas se encontraban entre los jugadores más sobresalientes. El centrocampista español Rodri, del Manchester City, fue nombrado mejor jugador del torneo.

Su compañero de club, el noruego Erling Haaland, máximo goleador de la Premier League, se convirtió en un fenómeno cultural en EE.UU. no solo por sus goles que eliminaron a Brasil, sino además por su sentido de la moda.

En total, 11 jugadores de la Premier League estuvieron en el campo durante la final entre España y Argentina, frente a los siete de Catar. No hay muchos resultados que hubieran supuesto un mejor escaparate, salvo que Inglaterra hubiera llegado a la final.

Y lo que es todavía más importante, el torneo se celebró en el crucial mercado norteamericano. El principal legado de la edición de 2026 podría ser lo que nos dice acerca de hasta qué punto los aficionados al fútbol están dispuestos a tolerar un modelo de negocio más explotador.

Los precios de las entradas, que multiplicaban con creces los de torneos previos, causaron indignación y llamamientos al boicot; los costes abusivos del transporte y de la comida y bebida alimentaron aún más la polémica.

La FIFA, el organismo rector mundial de este deporte, amplió el torneo de 32 a 48 selecciones e introdujo pausas para hidratarse en cada mitad, las cuales las cadenas de televisión llenaron de publicidad. Se hizo todo lo posible por sacar el máximo provecho económico al deporte más popular del planeta.

Sin embargo, a pesar de toda la controversia, la Copa del Mundo fue un éxito tanto deportivo como comercial.

Tras su conclusión, la FIFA incrementó su estimación de ingresos para el ciclo actual de cuatro años en US$2.000 millones, hasta alcanzar los US$15.000 millones (el torneo cuatrienal representa la gran mayoría de esa cifra).

Y aún no ha terminado: la asociación planea recaudar fondos de inversores externos para un vehículo comercial de US$20.000 millones con el fin de capitalizar el impulso del Mundial, según informó Bloomberg News este martes. Los estadios estuvieron prácticamente llenos y la final atrajo una audiencia récord en la televisión estadounidense.

En resumen, la capacidad del fútbol para una gestión comercial más agresiva se puso a prueba en el mercado deportivo más desarrollado y sofisticado del mundo, y no defraudó.

Todo esto reviste especial relevancia para la Premier League, la competición de fútbol nacional más rica y con mayor audiencia del mundo, y receptora de importantes inversiones estadounidenses en los últimos años. Aproximadamente la mitad de los 20 clubes de la liga cuentan con algún tipo de propiedad estadounidense.

Gran parte de esta inversión se basó, en parte, en la idea de que los equipos se volverían más rentables a medida que prácticas comerciales astutas les permitieran monetizarla enorme audiencia global del fútbol inglés (solo el Manchester United afirma tener más de mil millones de seguidores en todo el mundo).

Sin embargo, esta tesis se ha topado con obstáculos, como una desaceleración en el mercado de los derechos de transmisión, lo que ha generado cierto desencanto.

Las valoraciones de la Premier League han desafiado la lógica durante mucho tiempo.

Tres cuartas partes de los clubes son deficitarios, y la liga acumula pérdidas antes de impuestos desde hace años. El déficit alcanzó los £948 millones (US$1.259 millones) en la temporada 2024-25, con unos ingresos que ascendieron a £6.800 millones (US$9.036 millones).

El contexto social y cultural del fútbol inglés es muy diferente del mercado deportivo estadounidense, más explícitamente comercial, lo que dificulta la maximización de beneficios. Como en muchos otros países con gran tradición futbolística, los clubes se consideran patrimonio y activos comunitarios, además de empresas comerciales.

Esto convierte, por ejemplo, el aumento del precio de las entradas en un tema delicado. Un intento hace cinco años de replicar el modelo de franquicia de EE.UU., que sustenta los beneficios, con una Superliga europea, apoyada por los clubes estadounidenses Liverpool, Manchester United y Arsenal, causó una fuerte reacción en contra y fue rápidamente abandonado.

El otro factor clave que está frenando la rentabilidad es la carrera por el gasto.

Las cifras récord en fichajes son un arma de doble filo: un indicio de liquidez y confianza, aunque también de una estructura de costes fuera de control que las normas más estrictas todavía no han logrado limitar. Los clubes ingleses invirtieron este verano más en jugadores que las cuatro ligas europeas más importantes juntas.

Cabe decir que el valor de los clubes de la Premier League no depende de sus ingresos y que estos deberían tratarse más bien como obras de arte, valoradas por su exclusividad: un Leonardo da Vinci o un Jackson Pollock no generan ingresos, pero los inversionistas siguen dispuestos a pagar cientos de millones de dólares por ellos. No obstante, los beneficios sin duda ayudarían.

En última instancia, la inversión estadounidense en la Premier League sigue siendo una apuesta por un futuro que aún está por llegar.

Pero el Mundial demuestra que, a la hora de la verdad, los aficionados, por mucho que se quejen, acabarán pagando.

Si el torneo de 2026 ofrece un modelo de futuro para este deporte (algo discutible, dada la repulsa global que suele inspirar la FIFA), es probable que la Premier League sea su primer destino de exportación. Los propietarios y los nuevos inversionistas sonreirán; los aficionados, tal vez no. Al menos, ahórrenos los espectáculos del descanso. Todo el mundo tiene un límite.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.

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