Al ser un estudiante universitario sobresaliente, a Alex Vallejo no le sorprendió el tipo de jóvenes que conoció en la conferencia nacional de la Sociedad de Ingenieros Profesionales Hispanos que se celebró en Salt Lake City hace tres años. Como él, había otros estudiantes de informática que pertenecían a los clubes de robótica de sus universidades. Además, había otros desarrolladores web y estudiantes que compaginaban dos trabajos con la excelencia académica. Todos ellos, como era de esperar, eran impresionantes.
Pero lo que sí le sorprendió fue el número de asistentes, al igual que él, que eran inmigrantes indocumentados que habían sido traídos a los Estados Unidos cuando eran solo unos niños.
“Estaban pagando la matrícula completa de su propio bolsillo, trabajando duro para obtener su título y saliendo de la conferencia con ofertas de trabajo”, me contó Vallejo recientemente. “Fue realmente inspirador. Pensé: ‘¡Guau! Creía que estaba trabajando duro’”.
Vallejo, alumno de la Universidad de Florida Central, está protegido contra la deportación gracias al programa de Acción diferida para los llegados en la infancia (DACA, por sus siglas en inglés), que se creó durante la presidencia de Obama.
Según él, la mayoría de los estudiantes indocumentados que conoció entonces no gozaban de esa protección legal. No obstante, en 2023 no se percibía como un reto insuperable. “Todo el mundo tenía muchas esperanzas”, recuerda Vallejo.
Se ha mantenido en contacto con muchos de ellos a través de un canal de Discord, y según nos cuenta, durante el último año las cosas cambiaron.
Las deportaciones se intensificaron. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) instó a los beneficiarios de DACA a “autodeportarse“. El mismo país al que estos estudiantes juraron lealtad comenzó a perseguirlos como si fueran criminales.
Y sin embargo, Vallejo me dijo: “Su actitud continúa siendo muy positiva. La única diferencia ahora es que tienen más miedo”.
En una época marcada por las tensiones culturales, las tecnologías disruptivas y un futuro incierto para el grupo que se ha denominado la “generación ansiosa, los jóvenes como Vallejo y sus compañeros, conocidos como ”Dreamers” (soñadores), constituyen un recurso sumamente valioso.
Sin tener culpa alguna, millones de jóvenes carecen de la ciudadanía en el país donde crecieron. Hasta junio de 2025, unos 516.000 de ellos estaban inscritos en el programa DACA, que proporciona permisos de trabajo renovables por dos años, así como protección frente a la deportación.
Pero, a pesar de la precaria situación de los soñadores, ellos encuentran la manera de mantener el optimismo.
El optimismo sobre el futuro es precisamente lo que alguna vez hizo grande a Estados Unidos, y siempre ha surgido de las esperanzas de los inmigrantes, como los padres de Vallejo, quienes lo trajeron aEE.UU. desde Argentina cuando tenía un año.
Para que los inmigrantes sobrevivan, para que puedan asumir el tipo de trabajo y sacrificio que se requiere para mantener un promedio de calificaciones sobresalientes mientras trabajan a tiempo completo como gerentes de una tienda de pretzels, como lo hizo Vallejo, necesitan tener una profunda esperanza.
Esa actitud positiva no sorprende a Hyein Lee, directora de operaciones de TheDream.US, una organización sin ánimo de lucro financiada con fondos privados que otorga becas a estudiantes indocumentados que han crecido en Estados Unidos.
“Son la prueba viviente de que ‘Cuando todos me decían que no , yo decía que sí ’”, dijo. “Son la esperanza”.
Pero la administración Trump está trabajando muy duro para extinguir esa esperanza.
El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas ICE, por sus siglas en inglés) detuvo a más de 260 beneficiarios de DACA y deportó a más de 80 solo en 2025. Muchos estudiantes se han escondido, temerosos de viajar incluso dentro de sus propios estados, me dijo Lee.
Un grupo de senadores demócratas denunció recientemente que la administración está retrasando las solicitudes de renovación de DACA , dejando a las personas en la incertidumbre y provocando que algunas pierdan su autorización de trabajo.
La administración también está demandando a varios estados para poner fin a los programas de matrícula estatal para estudiantes indocumentados que crecieron en su estado. Presentó su primera demanda de esta clase contra Texas en junio pasado.
En lugar de defender la política que había estado vigente desde 2001, Texas revirtió su postura de larga data de que la ley era constitucional. Pronto, los estudiantes indocumentados que crecieron en Texas y asistieron a escuelas estatales vieron que sus facturas de matrícula se habían más que duplicado.
El gobierno federal ha intentado hacer lo mismo en Oklahoma, Kentucky y Virginia, aunque en Kentucky y Virginia se le ha bloqueado. Mientras tanto, el Departamento de Justicia ha demandado a California e Illinois, estados que impugnan las demandas. Este viernes, un juez federal desestimó una demanda similar contra Minnesota.
Esto no es solo una visión miope de la política migratoria, sino un despilfarro de una de las mejores inversiones que el país haya hecho jamás en su próxima generación.
El Consejo Estadounidense de Inmigración estima que los jóvenes indocumentados que obtienen un título universitario aumentan sus ingresos en un 57% en comparación con sus pares que no lo hacen. Estos ingresos se traducen en impuestos pagados, poder adquisitivo y creación de empleo.
Los graduados universitarios indocumentados también contribuyen a los estados al proporcionar una fuente de talento muy necesaria en profesiones como la educación, la atención médica y la enfermería, afirmó Lee, y agregó: “Los motiva personalmente este deseo de retribuir”.
Según explicó, TheDream.US actualmente ofrece becas a unos 4.000 estudiantes, de los cuales el 76% son indocumentados y carecen del estatus DACA. No tienen protección contra la deportación, ni vías para regularizar su situación legal, ni autorización de trabajo.
Vallejo me contó que vive con miedo y esperanza a la vez. Sabe que “no hay margen de error”, pero decidió revelar públicamente su condición de Dreamer este año porque desea que “más gente conozca nuestras historias”.
“Les digo a las personas: ‘Oigan, soy tan estadounidense como ustedes, porque si no lo soy, no sé qué soy’”, dijo. “Todos los jóvenes indocumentados sienten lo mismo”.
Según una encuesta de Gallup de 2025, la gran mayoría de los estadounidenses reconoce que los jóvenes “Dreamers” pertenecen a este país, y el 85% apoya la concesión de la ciudadanía para ellos.
Ante el Congreso se encuentra la Ley DREAM, una propuesta bipartidista que busca brindarles a estos jóvenes excepcionales una vía hacia la residencia permanente.
Dado que hay pocas esperanzas de que este Congreso la apruebe, el Partido Demócrata debe comenzar a hablar sobre su plan para jóvenes como Vallejo. ¡No podemos esperar! Estados Unidos necesita que sus jóvenes más optimistas tengan voz y voto ahora mismo.
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