No te rindas (todavía) en la búsqueda de entradas para el Mundial

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A menos de 60 días del inicio del Mundial, ya estoy entrando en pánico: todos mis intentos por conseguir entradas para ver a Argentina y a Lionel Messi en el mayor evento futbolístico han fracasado estrepitosamente.

No tuve suerte en el sorteo de la preventa del 2025. Tampoco tuve suerte en el periodo de “selección aleatoria” de febrero. Y cuando se abrió la fase de venta de última hora a principios de este mes, ni siquiera pude acceder al portal de entradas de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), a pesar de haber iniciado la sesión una hora antes desde tres dispositivos diferentes (eso lo atribuyo a sus recurrentes problemas técnicos).

Ahora solo me queda recurrir a ese calvario para los consumidores conocido como el mercado de reventa: nunca sabes muy bien cómo se fijan los precios ni qué es exactamente lo que estás pagando, y lo único seguro es que te vas a llevar un buen golpe por las elevadas comisiones.

La entrada más barata que encontré en la plataforma oficial de la FIFA para uno de los tres partidos de la fase de grupos de Argentina rondaba los US$2.200, un precio propio de los paquetes VIP. Puedes encontrar opciones más baratas en plataformas de terceros como StubHub o Viagogo, pero con el riesgo de que las entradas nunca lleguen a materializarse.

Esto no es lo que tenía en mente.

En mi ingenuidad, lo que tenía pensado era que mi mujer y yo nos lleváramos a nuestros dos hijos a un viaje por carretera para seguir a Argentina por todo EE.UU., conduciendo hasta lugares fascinantes como Kansas City en compañía de miles de aficionados que ondean banderas y para quienes el fútbol es más que un simple juego.

No creo que Argentina revalide el título (mi apuesta es Brasil, seguido de Francia), pero poder vivir el último Mundial de Messi sería una experiencia inolvidable para nuestros dos hijos, que están locos por el fútbol.

Hoy me doy cuenta de que ese plan era una quimera.

Con el presupuesto que había calculado para un viaje de dos semanas apenas me alcanzaría para pagar la entrada a un par de partidos. Por eso, he moderado mis expectativas y me conformo con ver un solo partido, haciendo un viaje exprés a Texas desde Ciudad de México, donde vivo. Y, sin embargo, incluso eso resulta inasequible.

Obviamente, esto es consecuencia de la controvertida política de precios dinámicos del torneo, que ha convertido la venta de más de seis millones de entradas en algo parecido a una subasta online a gran escala organizada por la FIFA con total opacidad.

El inventario, el acceso y la información se racionan de forma estratégica, lo que distorsiona lo que sería un proceso sencillo de oferta y demanda y dispara los precios hasta tres o cuatro veces por encima de su valor nominal.

Este organismo rector con sede en Zúrich ha desarrollado una sofisticada máquina para exprimir hasta el último dólar de los aficionados, sin preocuparse apenas por los aficionados que dan al torneo su encanto único, en particular los de Sudamérica y Europa, cuna de todos los campeones mundialistas.

No obstante, el impacto del precio también es un crudo recordatorio de las disparidades de ingresos entre los consumidores estadounidenses y los latinoamericanos.

Con aproximadamente 24 millones de millonarios en EE.UU., no es difícil encontrar suficientes personas dispuestas a gastar unos cuantos miles solo para ver de qué se trata todo el alboroto, dejando fuera del alcance de todos los demás.

La FIFA puede ser indecentemente codiciosa, sí, pero no es ni mucho menos el primer promotor en exprimir el mercado de deportes y entretenimiento más lucrativo del mundo.

El auge de los eventos y experiencias en vivo tras la pandemia solo ha acelerado esa tendencia (¿de verdad el “estacionamiento preferencial” en Coachella cuesta US$299?).

Menos conocido es el aumento vertiginoso de los precios de los vuelos en torno a las fechas de los partidos, lo que hace que la experiencia sea aún más costosa para quienes no residen en una de las 16 ciudades sede. No se sorprendan si un vuelo de ida y vuelta de dos horas entre Ciudad de México y Dallas cuesta US$1.000 o más durante un fin de semana del Mundial. Lo comprobé.

A pesar de todas las artimañas, aún no estoy listo para rendirme.

Mi WhatsApp sigue vibrando con opciones remotas: conocidos que podrían cancelar a último minuto, promociones corporativas milagrosas de puntos por entrada o que la FIFA ceda repentinamente a las súplicas de los aficionados (¡claro que sí!).

Aunque empiezo a aceptar que quizás este Mundial no sea para mí, al menos no como lo imaginaba: un evento familiar de verano, un viaje de vacaciones memorable centrado en la pasión, el drama y la búsqueda del trofeo más hermoso del deporte.

Sé que muchos otros, especialmente familias, sienten lo mismo. Lo que debería ser una celebración popular se ha convertido en el Hermès de los eventos deportivos: tan exclusivo que hasta un asiento lejano con vista parcial se siente como un artículo de lujo (por no mencionar otros inconvenientes, desde las tensiones geopolíticas hasta las políticas de entrada poco acogedoras del ICE).

Al asimilar esto, puedo al menos compartir tres lecciones de este doloroso ajuste de cuentas:

Consejo n.° 1: Aprovecha la fijación dinámica de precios.

A medida que se acerca el inicio del partido, los precios de algunos encuentros bajarán drásticamente debido a la menor demanda y la gran capacidad de los estadios. La FIFA lo comprobó en el Mundial de Clubes del año pasado, cuando las entradas para las semifinales se redujeron a tan solo US$13.

Dudo que esto ocurra con selecciones como México, España o Inglaterra, donde la demanda es abrumadora, pero aún podrías asistir a partidos como Paraguay contra Australia en San Francisco o Suecia contra Túnez en Monterrey y vivir una auténtica experiencia mundialista.

Consejo n.° 2: Replantea tu plan de viaje.

Si volar a una ciudad como Dallas te sale carísimo, considera alternativas cercanas como Austin. Ahorrarás bastante en vuelos, lo suficiente como para compensar el viaje extra, y además podrás explorar otra ciudad.

Consejo n.° 3: No necesitas una entrada para vivir la emoción del Mundial.

Si bien el ambiente en los estadios es único, puedes disfrutar del espíritu del torneo en fiestas con amigos y compatriotas. Ciudades anfitrionas como la Ciudad de México han organizado numerosos eventos culturales y puedes ver los partidos en pantallas gigantes con aficionados de todo el mundo.

Mi experiencia asistiendo a una docena de partidos durante el fantástico Mundial de Brasil 2014, cuando las entradas a partir de US$90 ya parecían caras, fue que la mayor parte de la emoción se vive en las calles. Eso es algo que la política de precios de la FIFA no puede cambiar.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.

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