Bloomberg Línea — Mientras Venezuela comienza a debatir el desarrollo responsable de la inteligencia artificial, las empresas ya están incorporando esta tecnología a procesos clave de negocio para ganar eficiencia, optimizar operaciones y acelerar su crecimiento.
Desde la logística hasta el análisis de datos, la IA empieza a abrirse espacio en el sector privado venezolano, aunque especialistas advierten que muchas organizaciones avanzan más rápido en la adopción de estas herramientas que en la implementación de mecanismos para controlar sus riesgos.
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La discusión cobró relevancia tras la presentación, el pasado febrero, del Código de Ética para el Desarrollo y Aplicación Responsable de la Inteligencia Artificial por parte del Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología, un documento que promueve principios como transparencia, seguridad, equidad y protección de datos.
Sin embargo, más allá de la existencia de lineamientos éticos, el desafío para las empresas está en desarrollar estructuras de gobernanza que acompañen el uso creciente de estas tecnologías.
“La brecha entre adopción y gobernanza es uno de los hallazgos más frecuentes en nuestra práctica”, dijo Alexandra Delsol, socia cofundadora de A2 Legal en respuesta a un correo enviado por Bloomberg Línea.
Según la especialista, muchas compañías están implementando herramientas de IA en áreas sensibles sin haber definido aspectos básicos como quién es responsable de supervisar los sistemas, cómo se gestionan los datos utilizados o qué controles existen sobre las decisiones automatizadas.
Delsol señala que este fenómeno no es exclusivo de Venezuela, pero observa una dinámica similar en el país: la velocidad de implementación suele superar la capacidad de las organizaciones para documentar procesos, establecer controles internos y definir criterios de supervisión.
Entre los casos que identifica se encuentran empresas que utilizan modelos predictivos para fijar precios o estimar demanda de nuevos productos, sin haber evaluado plenamente aspectos relacionados con confidencialidad de la información, propiedad intelectual, protección de datos o posibles sesgos en los algoritmos.
La IA ya genera valor
A pesar de esos desafíos, algunas compañías venezolanas ya reportan beneficios concretos derivados de la incorporación de inteligencia artificial.
La plataforma logística Flety, con operaciones en Venezuela, Panamá y República Dominicana, utiliza IA para realizar asignaciones inteligentes entre empresas que necesitan movilizar mercancías y transportistas disponibles. El sistema analiza variables como peso, volumen, rutas, tipo de carga y disponibilidad en tiempo real para optimizar cada operación.
La empresa también emplea inteligencia artificial para estimar tarifas dinámicas, detectar incidencias operativas y analizar datos que le permitan anticipar la demanda.
“El impacto más tangible ha sido en eficiencia operativa. Reducimos el tiempo de asignación de cargas de manera significativa, lo que se traduce directamente en mejor experiencia para el cliente y mayor rotación en la plataforma”, explicó Augusto Chirimelli, CEO y fundador de Flety al ser consultado por Bloomberg Línea.
De acuerdo a Chirimelli, uno de los principales beneficios es la posibilidad de aumentar su escala sin incrementar proporcionalmente el personal operativo.
“En el fondo, la IA nos permite escalar sin crecer linealmente en headcount operativo, que es clave para nuestro modelo”, indicó.
El fenómeno de la “Shadow AI”
Uno de los riesgos que más preocupa a los especialistas es el crecimiento de lo que se conoce como Shadow AI, es decir, el uso de herramientas de inteligencia artificial por parte de empleados fuera de los canales corporativos autorizados.
Delsol sostiene que muchas organizaciones desconocen cómo circula la información hacia plataformas de IA utilizadas de forma individual por sus trabajadores.
La abogada menciona situaciones en las que profesionales cargan contratos, reportes internos o información sensible en herramientas generativas para resumir documentos, analizar datos o acelerar tareas cotidianas, sin considerar las implicaciones asociadas al tratamiento de esa información.
En Flety, el uso de herramientas generativas está permitido para tareas de análisis, redacción y desarrollo, aunque bajo ciertas restricciones.
“Nada que involucre datos de clientes o información confidencial de la plataforma entra a modelos externos sin anonimizar”, señaló el CEO de la empresa.
La compañía reconoce, sin embargo, que todavía trabaja en la formalización de políticas específicas sobre gobernanza y uso interno de IA.
“Estamos construyendo ese marco formalmente. Tenemos claro que nuestro negocio maneja datos sensibles de dos lados —empresas y transportistas—, por lo que la política explícita estará lista próximamente”, sostuvo.
¿Regular o impulsar la adopción?
Para Delsol, el debate sobre inteligencia artificial en Venezuela no debería centrarse exclusivamente en la creación de una ley específica.
La especialista considera que el país puede desarrollar un ecosistema de IA sin una regulación integral inmediata, siempre que avance en aspectos como la formación técnica, la adopción de estándares internacionales y la construcción de capacidades institucionales.
La experiencia regional muestra distintos enfoques. Mientras países como Uruguay han priorizado planes estratégicos y mecanismos de transparencia, Brasil ha desarrollado esquemas regulatorios basados en niveles de riesgo y espacios de experimentación para empresas.
Según Delsol, una regulación prematura o excesivamente compleja podría elevar los costos de cumplimiento y desincentivar la inversión en una tecnología que todavía se encuentra en una fase temprana de adopción dentro del mercado venezolano.
Un reto de competitividad
La discusión ocurre en un contexto en el que Venezuela aún se encuentra rezagada frente a otros países de la región en materia de inteligencia artificial.
De acuerdo con el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025, citado por A2 Legal, Venezuela se ubica entre los países considerados “exploradores”, con una puntuación significativamente inferior a la de líderes regionales como Chile, Brasil y Uruguay.
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Para las empresas, el reto parece estar menos en decidir si utilizar o no inteligencia artificial y más en cómo hacerlo de manera segura y sostenible.
A medida que más organizaciones incorporan estas herramientas para optimizar operaciones, reducir costos y aumentar productividad, la gobernanza emerge como el próximo paso para convertir la adopción tecnológica en una ventaja competitiva de largo plazo.